SINOPSIS: Mientras Nico, antaño un joven escritor de éxito, trata de arreglar la vida de los que le rodean, la suya va cayendo en un pozo del que cada día le resulta más difícil salir: hace años que no escribe, acaba de mudarse a una polvorienta buhardilla parisina y para conseguir un dinero extra trabaja en el metro de París.
Sus inesperados nuevos amigos y el dibujo abandonado por una chica misteriosa en los túneles del metro serán los detonantes para que Nico decida, por fin, dejar de preocuparse por el bienestar de los demás y acometa la tarea de su vida: alcanzar su propia felicidad.
El nombre propio de la felicidad es un cuento de hadas contemporáneo con un protagonista honesto, inocente y optimista que adorarás desde la primera página.
El nombre propio de la
felicidad no es una romántica al uso, y me explico. Es cierto que cuenta
una historia de amor que sigue los cánones, sin embargo hay ciertos detalles
que la hacen diferente. El amor es importante, pero he tenido la sensación
durante toda la trama que la autora le daba mucha más importancia a las
relaciones que hay entre los diferentes personajes. No digo que sea malo,
simplemente es distinta. Esta es ante todo una novela de amistad y de
superación, ya no solo por parte del protagonista, también lo es para todos los
demás personajes.
Para empezar, Nico, el protagonista de esta historia tan singular,
nunca se ha preocupado de buscar el amor. Siempre ha estado más ocupado en
hacer que sus amigos sean felices. Sin embargo, un día el amor surge sin más y
decide que es hora de ir tras él. Judith, la chica de la que se ha enamorado,
aparece en una de las cámaras del metro de París donde trabaja Nico. A partir
de aquí, todos los amigos de Nico, que también trabajan en el metro, se
confabulan para que haya un encuentro.
Nico escribió años atrás una novela infantil de la que ha tenido grandes beneficios, pero necesita repetir ese éxito. Desde aquella novela no ha
vuelto a crear nada que valga la pena. Judith es como esa hada que se presenta
en el momento más oportuno. Ella tira un papel a una papelera de una parada de
metro y Nico decide “rescatarlo”. Ese papel resulta ser un dibujo que da pie a
que vuelva a ponerse delante de la máquina de escribir e idear una nueva historia.
Judith, por su parte, huye de un trabajo en Nueva York que no
la satisfacía, como también huye de un pasado doloroso. Nico dará sentido a
esos dibujos que crea esta "hada". Parece que forman un buen tándem porque ven la vida con
los mismos colores.
Nico no sería el que es sin todos sus amigos. Esta es una novela muy coral, una historia en la que los amigos se protegen unos a otros, y sobre todo, siempre están disponibles cuando alguno de ellos necesita una mano. Me ha gustado descubrir la evolución en todos ellos, no solo verla Nico, también en Judith, en Karim, en Carol o en Charlotte.
Creo que París es otro de los protagonistas de esta novela.
Este relato no sería el mismo sin esos escenarios que nos muestra la autora. Aun
así, aunque parezca que todo es idílico, la novela también muestra esa cara
menos alegre que tiene la vida. Porque sí, la vida es maravillosa, pero también
es cruel.
