sábado, 2 de mayo de 2020

Estreno de la película #Confinados Coronavirus España


Durante estas semanas de confinamiento, he participado, junto a un montón de actores (entre ellos mi pareja y mi hijo), en un proyecto audiovisual ambicioso. Ni más ni menos que un largometraje de ficción sobre la situación que nos ha tocado vivir: #Confinados Coronavirus España. Hace unas horas se estrenó en YouTube. Yo hago un pequeño papel, y si conocéis mi faceta de payasa Mandarina, este papel igual os sorprende (tuvimos que repetir una de las escenas más complicadas de la película 3 veces, una escena de 10 minutos que iba en una sola toma). Agradecer el trabajo de todos los actores, pero en especial del director, montador y guionista de este proyecto: Fran Jsc por confiar en mí como actriz y porque ha hecho un trabajo de titanes. Espero que os guste y que nos echéis una mano con la difusión y comentando en el canal.


martes, 17 de marzo de 2020

Dime que no es un sueño


    Es curioso... Despierto de un letargo demasiado largo para que alguien me diga que lo que he vivido no es un sueño. Es algo muy real. Nunca imaginé volver aquí de nuevo. Mis manos están oxidadas, se me acelera el pulso de pensar si quiera en ponerme delante de este borrador en blanco. Pero tenía que volver, al menos por un tiempo, quizás para hacer como Biel e Isabel; darle una oportunidad a esa historia, a través de los sueños. A través de mi mundo, algo que conocías bien Mr.Sandman. Al menos por ahora, al menos por un tiempo.

   Despierta temporalmente querido amigo . Y de la mejor manera posible. Contradiciendo todos tus principios. Porque esto no es un sueño, porque esto es muy real. Veamos de qué eres capaz de nuevo.

    Es duro eso de  desperezarse, pero la verdad que cuando te encuentras con una historia de este calibre es como si una alarma te diera de lleno en todo el cogote. Debo reconocer que en todo este tiempo he estado muy alejado de la literatura romántica y de la literatura juvenil, incluso de conocidos literarios como es el caso de Anabel Botella. El dormir tanto tiempo hace que cuando despiertas irremediablemente las cosas cambien, y eso es lo que he encontrado en estilo de esta autora. El cambio ha sido abismal, empezando por una técnica donde la autora maneja  con gran acierto el tiempo presente y pasado. A modo de capítulos nos va contando dos historias paralelas. Una historia de época  ambientada en la Mallorca de época, y una historia actual cuyo argumento se centra en Valencia.

    Tenemos a a dos Isabel, dos Biel y algún que otro personaje que conformará las piezas de este interesante rompecabezas. La labor de documentación en esta historia  ha sido minuciosa. En cada momento el lector puede imaginar a la perfección desde las calles por donde  tiene la acción la historia, como algo tan común como la manera de vestirse de sus personajes. Que bueno, si hablamos de la actualidad quizás nos pueda parecer fácil, pero cuando hablamos de historia de época...  la cosa se torna algo más complicada de describir, sobre todo si no has vivido en esa época, que los que estaréis leyendo esto lo dudo bastante.

    En cuanto a los personajes debo decir que la autora los dota de un carisma que hace que estemos en un constante pulso en decidir cuál nos gusta más desde Carmen, la persona que se encarga de cuidar a nuestra  Isabel de época, hasta Bernat el noble que se desposa con la joven y noble protagonista. Biel es el protagonista masculino que va entrando en la historia de manera paulatina y que se hace con el control de la historia de manera progresiva. Ya os digo, no hay nada improvisado, la autora lo tiene bastante claro.

   A parte de la documentación histórica que ya de por si es gorda, toda historia romántica e histórica tiene que tener si queremos manejar ese tiempo presente-pasado algo que no podamos explicar, y es ese nacimiento que no debía producirse, y esa luna que marca el destino de la historia y de sus personajes para siempre. Una maldición, unos sueños recurrentes y magia, mucha magia.

    No voy a negarlo es un libro dentro de un libro. Bueno, mejor dicho un libro dentro de miles de libros y de referencias literarias. Porque nuestras dos protagonistas tocayas, y digo esto porque no quiero desvelar mucho, son mujeres fuertes. Con fuertes referentes como puedan ser autoras mujeres de la época, o aristócratas con peso, en un mundo dominado aparentemente por hombres.

     Tenemos me atrevería a decir una historia coral con muchos personajes que tienen que unirse de alguna manera u otra y la autora lo consigue, simplemente lo consigue, y no es tarea fácil adecuar  el texto según la época de la que hablamos, y ya no sólo eso, sino que dotando a la narración del ritmo oportuno en el tiempo oportuno. Para que os hagáis una idea, no explota toda la trama hasta que no sabemos que relación tienen el Biel del pasado y nuestra Isabel hasta que no estamos casi a mitad del libro. ¡¡ME PARECE SOBERBIOOOO!! Efusividad  a un lado, en el tiempo que llevo leyendo a esta autora siempre le he podido sacar algún pero, aunque fuera ínfimo en este caso... no puedo. Todo está técnicamente pensado y argumentado, quizás si se puede ver como un pero, es que no desarrolle más la historia personal de Bernat o ese periodo dulce entre el Biel e Isabel de antaño.

       Por si fuera poco la autora trata temas que aunque parecen de la actualidad no son mas que reflejos del pasado. Como hacer lo  que se espera de uno, el ocultar tu naturaleza, o ser fiel a tus principios tengas el sexo que tengas. Pasando por tus creencias, y sí. La religión es un pilar argumental maestro en al argumento de esta historia.

    Parece que me esté centrando en el pasado, pero es que es necesario para explicar el presente. Un presente donde nuestra prota, es casi lo antagónico a su tocaya, y descubriréis por qué.

     Desgranar más esta historia por mi parte implicaría haceros un spoiler tras otro. Esta no es una historia cualquiera a muchos niveles, esto es algo cuidado con mucho mimo, con una técnica muy bien pensada, con unos personajes difíciles de olvidar, con un rigor histórico más que demostrado (crédme e indagado) y con alma. Cuando en el pasado os hablaba de que los libros tienen la magia que sus autores quisieran darle, estoy en lo cierto. O si no os invito a disfrutar a modo de diario esas páginas finales que nos regala Anabel y donde por fin se cierran todas las historias.

HA SIDO UN LARGO SUEÑO, QUIZÁS DEMASIADO. PERO QUÉ MANERA MÁS DULCE DE DESPERTAR QUE CON ESTA HISTORIA.

¿DIME QUE NO ES UN SUEÑO?

NO. DESDE LUEGO NO LO ES.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Sin rastro


Casada con un poderoso hombre de negocios neoyorquino, Audra Kinney ha reunido las fuerzas suficientes para dejar atrás una vida aparentemente acomodada pero marcada por el maltrato psicológico de su marido. Con sus hijos Sean y Louise, de once y seis años, Audra ha recorrido miles de kilómetros a través de carreteras secundarias con la intención de comenzar una nueva vida en California. Y ahora, frente a los escarpados paisajes de la desértica Arizona, siente que puede volver a respirar, que han dejado atrás el pasado y el peligro. Sin embargo, poco antes de llegar al pueblecito de Silver Water, el sheriff del condado de Elder la detiene por una presunta infracción de tráfico. Y las cosas se complican cuando en el maletero aparece una bolsa con un alijo de drogas. Audra tiene que dejar que la ayudante del sheriff se haga cargo de los niños, mientras éste la conduce a comisaría y la encierra en una celda a la espera del juicio. Pero cuando menciona a los pequeños, todo el mundo se sorprende. Según ella, el policía los ha secuestrado; según él, no había niños en el coche. Es la palabra de una fugitiva contra la de un agente con décadas de servicio y un expediente intachable, así que, a pesar de la intervención del FBI, el linchamiento mediático y social de Audra es inmediato e imparable. Hasta que Danny Lee, un detective privado con una historia personal muy parecida a la de Audra, decide entrar en acción.


Cuando una prima mía, Sara, me vio en la piscina leyendo embobado Sin rastro, de Haylen Beck, me dijo que parecía el argumento de una película de sobremesa de Antena 3, de esas en las que uno no para de menear la cabeza y de asombrarse por su trama impredecible, pero que no puede dejar de ver. Tenía razón y, en cierto modo, era un cumplido. El texto de la faja dice así: una madre desesperada, un sheriff despiadado y dos niños desaparecidos. El pasado siempre vuelve. Y este thriller policial publicado por Salamandra dentro de su colección Black tiene todo lo que se le pide a un thriller policial: que tenga un arranque que actúe de anzuelo, que no puedas cerrar el libro, que no tengas ni idea de cómo va a terminar la trama.
             La historia es la siguiente: una mujer va en coche con sus dos hijos pequeños por una carretera comarcal. Ella acaba de divorciarse de un exitoso y riquérrimo empresario. La policía la detiene y, durante el registro del coche, encuentran una bolsa de marihuana que ella jura y perjura que no es suya. Los agentes, evidentemente, no la creen y la llevan a comisaría, la encierran en el calabozo. Poco después, cuando ella pregunta que dónde están sus hijos, un policía le responde: ¿Qué hijos? Usted iba sola en el coche”. Y esta respuesta –este puñado de palabras- es la que desencadena la trama y la que engancha definitivamente al lector. Sin rastro es una prueba de que el ochenta por ciento de estos thrillers se sustenta en el planteamiento, en sugerir un paisaje lo suficientemente interesante como para que el lector no pueda desviar la mirada. Y lo cierto es que este planteamiento tiene todo para hacer que nos rindamos. Y a partir de ahí, la trama se desarrolla con solvencia, aguardando varios giros de guion interesantes, varias situaciones curiosas, donde lo único que importa es saber dónde están esos niños y por qué han desaparecido. Y, a pesar de ser una historia de ficción, el desarrollo tiene la virtud de hacernos ver (o de hacernos creer) que los responsables –los retorcidos, los malvados- están entre nosotros. El mal es un mal real, casi tangible.  
             Sin rastro sigue a rajatabla los cánones de la novela negra y sabe cuál es su prioridad: la intriga, la dosificación del misterio, ser impredecible. Y eso es lo que hace: lo supedita todo –los personales, el estilo, los diálogos- a mantener al espectador en vilo, a que caiga en la tentación de leer un capítulo más. Y nosotros, como lectores, le perdonamos las generalizaciones y que los diálogos no estén del todo trabajados o que los personajes estén dibujados a trazos grandes. Da igual. La novela funciona y lo hace porque tiene claro su propósito: poner nervioso al que lee.
            Sin rastro puede que sea el equivalente literario a una película de Antena 3 de la sobremesa, de ésas a la que uno sólo le pide que lo entretenga, que lo enganche, que no le deje levantarse del sofá. Y es eso lo que cumple esta novela, una de las últimas apuestas de la división de novela negra de Salamandra, que tiene uno de los planteamientos más originales de los que recuerdo. Y reconozcámoslo, a veces, a los lectores nos apetece una historia así, de las que nos dejan sin aliento, de las que se leen casi sin esfuerzo. De las que no te dejan dormir por las noches