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miércoles, 19 de mayo de 2010

Aquellos chicos que nos hicieron soñar

Edward Cullen

Hola a todos. Hoy os traigo una nueva entrega de Aquellos chicos que nos hicieron soñar. Hoy le toca el turno a Edward Cullen, uno de los primeros vampiros “buenos” que surgió en esta locura por el tema de estas criaturas que conviven con nosotros desde tiempos inmemoriales, aunque según en qué cultura se les atribuye un aspecto u otro.

Edward Cullen es un personaje que pertenece a la saga Crepúsculo de la autora Stephenie Meyer. No voy a descubrir ahora el gran éxito de ventas que ha supuesto esta saga a nivel mundial. Recuerdo que cuando me hice con estos libros todavía no se conocía mucho esta saga, y por lo tanto no existía el merchandising que hay en estos momentos.

Edward sería un vampiro moderno, alejándose de este modo de la opción que eligió Bram Stoker y todas las versiones cinematográficas que luego dieron lugar. Edward, y por consiguiente toda la familia de los Cullen han dado un paso más en este modelo de vampiros, pues la autora hizo una revisión para adaptársela a su gusto. Y digo esto porque todos los Cullen han elegido como opción de vida el “vegetarianismo”. Puesto que se tienen que alimentar prefieren abastecerse de sangre animal que de sangre humana.


El aspecto de Edward se aleja bastante del modelo de chico bronceado que tanto gusta ahora. La piel de Edward es nívea y brilla como el mármol a la luz del sol. Su cabello es de color cobrizo ensortijado y sus ojos pueden pasar del color miel derretida, cuando no está sediento, al negro profundo cuando tiene hambre. Es delgado y alto, aunque no desgarbado.
La historia de esta saga es bastante manida, aunque está claro que esa vuelta de tuerca que le dio la autora a la historia de amor entre adolescente sigue funcionando muy bien. Edward está enamorado de Bella Swan, una chica de 17 años, tímida, reservada, patosa y dependiente hasta la extenuación de este vampiro. Desde mi punto de vista la dependencia es por ambas partes, y no sólo de Bella.

-¿De verdad crees que te interesas por mí más que yo por ti? –murmuró, inclinándose más cerca mientras hablaba traspasándome con sus relucientes ojos negros.
Intenté acordarme de respirar. Tuve que desviar la mirada para recuperarme.
-Lo has vuelto a hacer –murmuré.
Abrió los ojos sorprendido.
-¿El qué?
-Aturdirme –confesé.
Intenté centrarme cuando volví a mirarlo.
-Ah –frunció el ceño.
-No es culpa tuya –suspiré-. No lo puedes evitar.
-¿Vas a responderme a la pregunta?
-Sí.
-¿Sí vas a responderme o sí lo piensas de verdad?
Se irritó de nuevo.
-Sí, lo pienso de verdad...

Si bien al principio Edward se muestra como un chico distante, un poco atormentado y a sí mismo se tiene por un monstruo, desde que conoce a Bella hay una evolución en su manera de ver la vida. Se podría decir que consagra sus segundos al bienestar de Bella. ¿Qué mujer no querría estar tan bien atendida como Bella?
Para ponernos en situación Edward parece tener 17 años, los años que tenía cuando fue convertido, y de eso hace poco más de un siglo (109 años). Esto hace de Edward un caballero en la época actual. Por lo tanto Edward conserva ciertos gestos, poses y maneras de hablar de su época. Es quizás esta una de las cosas que más me gustan de este personaje.


Desde que fuera convertido Edward ha tenido tiempo de estudiar dos carreras, es un hombre culto, inteligente, posee una sonrisa arrebatadora, una voz suave y aterciopela, tiene un don para la música y le compone a Bella una nana. Vamos, sé que no existe el hombre ideal, pero no me importaría poner un Edward en mi vida.


-¿Bella?
Me di la vuelta mientras se inclinaba hacia mí, por lo que tuve su espléndido rostro pálido a unos centímetros del mío. Mi corazón se detuvo.
-Que duermas bien –dijo.
Su aliento rozó mi cara, aturdiéndome. Era el mismo exquisito aroma de que emanaba de la cazadora, pero de una forma más concentrada. Parpadeé, totalmente deslumbrada. Edward se alejó.
Fui incapaz de moverme hasta que se me despejó un poco la mente. Entonces salí del coche con torpeza, y tuve que apoyarme en el marco de la puerta. Creí oírle soltar una risita, pero el sonido fue demasiado bajo para confirmar que fuera cierto (…)


(…)

-Ya te he dicho lo guapo que estás, ¿no? –me aseguré.
-Sí
Volvió a sonreír. Hasta ese instante, jamás le había visto vestido de negro, y el contraste con la piel pálida convertía su belleza en algo totalmente irreal. No había mucho que pudiera ocultar, me ponía nerviosa incluso el hecho de que llevara un traje de etiqueta (…)

Todos los vampiros parecen tener un don cuando son convertidos, y el de Edward es leer los pensamientos de cualquier persona, vampiro o licántropo, salvo los de Bella. Y es que Bella parece ser diferente a cualquier chica que ha conocido. Bella es el refugio al que quiere acudir cuando está perdido, los labios que quiere besar cuando ya pensaba que no habría solución para él.


Con respecto a la saga de Crepúsculo hay diversas opiniones. Hay quienes les gusta más Edward, como es mi caso, y hay a quienes les gusta más Jacob (también tendrá su sección en este apartado). Lo que no puedo negar es que este vampiro me tuvo durante algún tiempo suspirando por él.
Próxima entrega: Peeta.