miércoles, 1 de noviembre de 2017

Escarlatina, la cocinera cadáver


Si tu cumpleaños coincide con el Día de los Muertos, prepárate para una sorpresa mortal. Eso es lo que le ocurre a Román Casas, que sueñacon ser un prestigioso chef y pide un curso de cocina por su décimo aniversario. En su lugar recibe un ataúd negro con las instrucciones para activar a Escarlatina, una cocinera del siglo XIX y su inseparable Lady Horreur, una escalofriante araña con acento francés. Los tres nuevos amigos y el gato Dodot viajan abordo del mortibús hasta el inframundo, donde los muertos viven (bueno, es un decir) bajo el imperio de Amanito, un siniestro tirano. Así arranca una odisea de muerte donde no faltan ingredientes de aventura, misterio y mucho humor.


Hoy es el día perfecto para hablar de miedos y de sustos. Este terror dulce que nos trae Halloween empapa también la literatura. Los niños salen a la calle convertidos en vampiros, zombies y monstruos, se habla de brujas, de muertos y de fantasmas, y nos llenamos la boca y los oídos de historias oscuras. Es el miedo que gusta, con el que disfrutamos, que nos eriza la piel. Hoy reseñamos Escarlatina, la cocinera cadáver, de la editorial Anaya, escrito por Ledicia Costas e ilustrado por Víctor Rivas, y que narra la historia de una cocinera que llega del Inframundo con una misión especial. Sí, la muerte y la cocina pueden ser buenas aliadas, y de hecho, casan de maravilla en esta receta literaria. Este libro fue galardonado con el premio Nacional de Literatura Juvenil en 2015, también con el premio merlín de Literatura Infantil, con el Neira Vilas y muchos otros. Está recomendado a partir de 11 años.
            Román quiere ser chef, no hay nada que le apasione más que cocinar, así que por su cumpleaños –que es justo el Día de los Difuntos- recibe un ataúd con las instrucciones para activar a Escarlatina, una cocinera del siglo XIX con unos gustos muy peculiares, y a su araña parlanchina. Juntos, viajarán al Inframundo para liberar a sus habitantes de un tirano sin piedad. Sí, en esta aventura caben la acción, el misterio y hasta la cocina. Y sobre todo, cabe una forma muy sensata y muy lúcida de abordar la muerte. Se habla de los familiares que ya no están, se deja intuir el duelo y se dota de naturalidad esto tan difícil de los difuntos. No se preocupen, que no me he puesto serio: me refiero a que, detrás de todo ese bullicio de aventuras, de humor negro y de intriga, hay un tema profundo que casi nunca se aborda en la literatura para los más pequeños, y que aquí se hace con una enorme delicadeza.
            Ledicia Costas sabe cómo escribir para los niños (y los adolescentes). Su estilo es fresco y natural, a veces un poco irreverente, perfecto para conectar con el público al que va dirigido. Sabe buscar la chispa no sólo con la prosa sino también con la historia y con la ambientación. Hay escenas divertidísimas con el menú del Inframundo o en la relación entre el vivo Román y la muerta Escarlatina. Además, cada capítulo se acompaña de una receta para que los lectores puedan cocinar y acompañar la lectura con el paladar. Es una lectura muy amena. Una mención especial merecen los dibujos de Víctor Rivas: son realmente estimulantes, y de una calidad incuestionable. (En serio, háganme caso: las ilustraciones tienen algo mágico). El conjunto es redondo. Texto e ilustración se complementan muy bien.
            Escarlatina, la cocinera cadáver sacia a los lectores más jóvenes en el gusto por las historias de miedo, de terror, por los zombies y su mundo. Hay que tener mucha mano para abordar la muerte como lo hace Ledicia Costas, con una sensibilidad especial, y con el humor (un poco irreverente) como arma principal. El conjunto es una historia divertidísima sobre muertos vivientes que cocinan, sobre platos que no seríamos capaces de comernos, sobre personajes disparatados, locos, esperpénticos. Porque se eso se trata: de hablar de cosas importantes y de potenciar la imaginación, de reírnos a carcajadas.

lunes, 30 de octubre de 2017

Os salvaré la vida


Os salvaré la vida es una sólida y emocionante novela que recrea la vida de Melchor Rodríguez, personaje histórico y singular absolutamente apasionante con un papel infravalorado hasta ahora durante la Guerra Civil y en la trayectoria del anarcosindicalismo español. El Ángel Rojo, como es conocido, defendió a ultranza siempre, aun a riesgo de su propia vida, todo aquello en lo que creía y puso fin a las lamentables sacas producidas a principios de la guerra, sacas que se cobraron la vida de miles de españoles. Director de Prisiones, evitó vejaciones en las cárceles y ejecuciones irregulares y arbitrarias. Tras la guerra, fue detenido y juzgado. En uno de los consejos de guerra al que fue sometido, en una escena casi de película, solo el testimonio del general del bando nacional Muñoz Grandes y miles de firmas de personas a las que había salvado, de todo sesgo político, evitaron que lo condenaran a pena de muerte.


De repente, aparece un hombre con la mirada más alta de lo normal, alguien que demuestra su enorme valentía en tiempos de guerra, un ejemplo real de justicia para las generaciones venideras. ¡Qué necesarios son los héroes, y no sólo en la literatura! Sobre esto vamos a hablar hoy, con motivo del último Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio, que convoca la editorial Espasa y que este año ha recaído en Os salvaré la vida, una historia escrita por Joaquín Leguina y Rubén Buren, que reconstruye la vida de Melchor Rodríguez, más conocido como El ángel rojo, bautizado así por su compromiso con la vida, por su rechazo de la crueldad, por su defensa de la justicia en los años más difíciles. Nos trasladamos, durante los próximos minutos, al Madrid de la Guerra Civil, a esa ciudad sitiada por los nacionales y castigada por las bombas, encogida de miedo.
            No se lo pregunten más: la hazaña de Melchor Rodríguez fue la de salvar miles de vidas. Él, anarcosindicalista convencido y delegado de las prisiones donde se encerraba a los presos del bando nacional, consiguió poner un poco de cordura en todo el conflicto: se opuso a los fusilamientos colectivos, evitó vejaciones y humillaciones, y defendió la paz, la compasión y la convivencia en un momento especialmente complicado. “Siempre se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas”, fue su máxima, y a llevó a rajatabla hasta el final. Os salvaré la vida nos permite conocer al hombre que hay detrás del político, acercarnos a sus convicciones y ver cómo arriesgó su propia seguridad por proteger a sus enemigos: los refugiaba en su casa, los ayudaba a huir… Sí, un héroe, en toda la extensión de la palabra. Y como casi todos los héroes, tuvo que cargar con la incomprensión de su entorno más cercano, por ejemplo, su esposa, que prefirió huir ante la cercanía de la muerte.
            Toda la estructura narrativa está al servicio de esta puesta en valor del El ángel rojo. El estilo es sencillo y espontáneo –no hay visos de barroquismo o de intención poética-, con un gran peso de los diálogos, y está dividido en capítulos que van relatando trozos de su vida privada en un intento por retratar al hombre que moldeaba al político. Encontramos tres grandes bloques en la historia: la época en la casa de acogida donde se escondía a los que estaban en peligro, la situación del Madrid de la época y la rendición del bando republicano, y el desenlace de los muchos personajes que pueblan la historia. Hay que subrayar la historia está muy bien documentada. Aquí radica uno de los grandes logros de la novela: sacar del olvido a uno de esos personajes a los que la Historia debería estar eternamente agradecida. Sin gente como él –sin sus principios, sin su arrojo-, la cifra de muertos durante la Guerra Civil hubiera sido mayor, mucho mayor. Y encima, tiene un final taquicárdico: un consejo de guerra en el que piden la muerte del protagonista. No se asusten, a pesar de la guerra y los peligros, tiene un evidente halo de ternura: está escrito desde el cariño, ya que uno de los autores, el dramaturgo Buren, es familiar directo de Melchor Rodríguez. 
            Os salvaré la vida es una de esas historias desconocidas, pero necesarias, que nos demuestran que en un escenario de terror –el de una guerra– puede salir un héroe. Y le ponemos nombre, Melchor Rodríguez, y conocemos sus hazañas: la de mantener a cientos de personas con vida. Esta novela, que funciona como una biografía novelada, como un tributo póstumo, se lee con curiosidad y, sobre todo, con admiración. Porque es así como debemos tratar a los que nos dan lecciones de humanidad, a los que nos enseñan que la bondad lo compensa todo. Incluso la derrota. 

Corazón indomable, Elena Montagud


SINOPSIS: Le has dado una segunda oportunidad y te ha vuelto a fallar. ¿Existe alguna fórmula mágica para superar el desengaño?
Tras Corazón elástico, llega Corazón indomable, la segunda novela de la trilogía «Corazón», en la que Elena Montagud vuelve a sorprendernos con una historia de relaciones aparentemente imposibles y sensualmente inevitables. A esta novela le sigue el desenlace Corazón desnudo.
Después de la ruptura con Adrián, Blanca regresa a su vida anterior. Mucho trabajo, algún ligue sin importancia, fiesta y descontrol. Ella sabe que eso no es lo que le conviene ni lo que desea de verdad, aunque cualquier cosa es mejor que quedarse en casa echando de menos a un hombre al que no es capaz de perdonar.
Pero Adrián no se da por vencido. Quizá las circunstancias no los hayan ayudado, ni en la adolescencia ni tampoco ahora. Quizá ambos hayan dejado que el sexo devore las palabras... Pero lo que está claro es que la atracción sigue viva como una llama, encendiendo sus cuerpos para luego hacerlos pelear de nuevo, con la misma voracidad con la que antes hicieron el amor. ¿Hay solución para esta pareja imposible?
Él despierta en ti las emociones más desatadas: pasión, odio, temor, deseo... Ese chico se está convirtiendo en el dueño de tu placer.
Corazón indomable es la segunda parte de una trilogía, cuya primera parte reseñé hace poco (AQUÍ). Esta es una historia que habla de segundas oportunidades, del poder del perdón, no solo hacia la otra persona, también hacia uno mismo.

Si la primera parte me gustó por la sensibilidad con la que se muestra un problema como el bullying, esta entrega, nos deja el corazón en un puño. La autora hace un trabajo de introspección de los personajes y los lleva al límite para que dejen atrás los demonios y las dudas que llevan arrastrando desde la adolescencia. El camino no será nada fácil. Por una parte, Blanca luchará con todas sus fuerzas para olvidar al gran amor de su vida en brazos de Fer, pero ella siente que falla algo en la relación. Trata de convencerse de que este nuevo hombre es la persona adecuada para ella, así se lo hace ver la terapeuta a la que acude para superar sus demonios. Sin embargo, no pueden ser más diferentes entre sí. Por mucho que trate de auto engañarse, la realidad es la que es. Uno no decide de quién se enamora. Por otra, Adrián ha decidido dar un paso hacia adelante y termina admitiendo que en su corazón solo hay hueco para Blanca, la mujer que no puede olvidar.

 Corazón indomable me ha parecido la mejor novela de las tres, aunque por otro lado, pierde un poco la frescura de la primera parte. Esto no es necesariamente malo, aunque sí que considero que es necesario, porque aquí hay una serie de encuentros y desencuentros de los protagonistas. Parece que no terminan de encontrarse ni como pareja ni a sí mismos.

Hay un elemento que me ha gustado de esta novela y es que la autora le ha dado voz a Adrián y comprendemos un poco mejor sus motivaciones y sus decisiones. No siempre serán acertadas, pero me gusta que sea de esta manera porque hace al personaje mucho más humano. Desde luego, ni Blanca ni Adrián son perfectos, tampoco creo que esa sea la intención de la autora.

Corazón indomable sigue siendo una historia con mucha pasión. Dentro de la novela romántica, esta novela es de las que dejan huella, algo difícil con tanta variedad.