Éste es el decálogo (+1) de Antonio Muñoz
Molina. Tomen nota.
1.- El origen de casi todas las novelas suele
ser un detalle, un atisbo de algo, una pequeña idea. “Casi siempre se trata de una cosa muy modesta que se queda en la
imaginación”, una conversación, una imagen o una persona que permanece en
la memoria. “Hay pequeñas observaciones que son muy reveladoras”, añadió. Antes
que escribir, hay que observar, ser siempre curioso.
2.- “El primer verso de un poema lo dictan los
dioses”, decía el poeta inglés Robert Graves, y lo confirma Muñoz Molina. La
primera frase de una novela es fundamental, porque debe agarrar no sólo al
lector sino también al autor. “La
primera frase da el tono de la historia. Es como si de ahí saliera la
novela entera”, como si se abriera una senda, confesó.
3.- Disciplina
y constancia. Hay que ponerse todos los días, dedicarle horas, años.
Escribir es una carrera de fondo: “El proceso de conocimiento es idéntico al proceso de escribir”,
es decir, “vas descubriendo la novela mientras la vas escribiendo”. Y contó: “A
veces después de un día muy bueno tienes otro día en que no hay nada; y a veces
lo dejas, y justo al dejarlo es cuando se te ocurre algo”. Escribir una novela
exige un compromiso fuerte con la historia.
4.- La documentación –esa investigación previa-
nunca puede pesar en una novela; la historia no puede verse entorpecida por
datos, cifras y nombres. Así lo explicó Muñoz Molina: “Es
una paradoja porque te tienes que informar y tienes que hacer como si no te
hubieras informado”. Ése es
el truco.
5.- La naturalidad. ¡Ay, difícil tarea! Muñoz
Molina resopla en este punto y ahonda en uno de los errores de los escritores
noveles: “Cuando eres joven, quieres que
se vea cuánta literatura sabes; cuando creces, sólo quiere que suene natural”.
Es fundamental que la prosa suene bien al oído, fluya. “Si el estilo se pasa de
vueltas ya es amaneramiento, y entonces, todo queda demasiado artificial”,
advirtió.
6.- Los diálogos. Después de reconocer que no
tenía una especial habilidad para reproducirlos, el autor de Plenilunio contó que hay que trabajarlos
mucho para que sean creíbles. El habla es caótica, por eso no funciona cuando
se transcribe directamente al papel. Un
buen diálogo lleva detrás mucho artificio, mucha construcción.
7.- Y es
éste uno de mis puntos favoritos: huir de las frases hechas. Muñoz Molina
alerta con especial énfasis en la facilidad con la que la gente recurre a
expresiones obvias como “ruido ensordecedor”, “silencio sepulcral”, “imaginación
desbordada”, “gigante asiático” –para referirse a China-, “marco incomparable”;
y adjetivos como “emblemático” o “icónico”. Y por eso pide: “No hay que caer en la basurilla
lingüística de la estamos rodeados”.
8.- Saber quitar lo que no aporta nada a la
novela, es quizás uno de los puntos más complicados para el escritor. Uno puede escribir sin límite, pero después
debe aprender a quitar, a recortar, a pulir. Así lo explica él: “La belleza muchas veces se consigue
quitando cosas”.
9.- Afán por mejorar. Un buen editor y un buen corrector son fundamentales para el brillo
último de una buena historia. “Por mucho que trabajes, hay errores que se
pasan”, dijo Muñoz Molina. “Por eso hay que poner los cinco sentidos, y los
cinco sentidos de varias personas” para que el resultado sea pulcro, algo que
tienen muy claro en otros países, pero que en España parece que cuesta un poco
más.
10.- Elegir
un buen título (aunque nadie sabe bien cómo se hace eso). Que impacte, que
sea sonoro, que resuma de alguna forma la historia, como le pasa por ejemplo a Madame Bovary. Muñoz Molina suele
tenerlo casi siempre antes de empezar a escribir porque también eso le marca la
dirección de la novela.
10+1.- El objetivo último de la escritura no es
otro que entender lo que nos rodea, poner orden en el caos en el que estamos
inmersos: “La novela como arte aspira a
contar la complejidad del mundo”.
La charla estuvo organizada por Fundación
Cajasol y Fundación José Manuel Lara.
Muy buenos consejos, la verdad.
ResponderEliminar¡Besos! :)