viernes, 3 de marzo de 2017

George Orwell fue amigo mío


Inteligentes e irreales, cómicas y oscuras, hilarantes a la vez que desgarradoras: las seis historias magistrales que conforman el nuevo libro de Adam Johnson suponen un paso más hacia su consolidación como uno de los escritores más originales de la actualidad. Yo fui amigo de George Orwell ofrece al lector puntos de vista inusuales sobre problemas universales y nuevas formas de asomarse al mundo: Johnson se vale de la ficción para profundizar en temas como el amor y la pérdida, los desastres naturales, la influencia de la tecnología o cómo lo político da forma a lo personal.

Que no, que no nos enteramos de que estamos permanentemente vigilados, de que la tecnología nos esclaviza y determina nuestros comportamientos, de que todos esos aparatitos que nos hacen la vida más fácil recopilan continuamente datos sobre nuestros gustos, nuestras preocupaciones y nuestros deseos que van a parar a manos de Dios sabe quién. Estamos vendidos. El siglo veintiuno es de la tecnología y lo más curioso es que, posiblemente, la gran mayoría de nosotros no querríamos que la cosa cambiara. Nuestra jaula de oro. Ya lo vaticinó George Orwel en la imprescindible 1984, y ahora sus devastadoras consecuencias vuelven a aparecer otra vez delante de nuestras narices gracias al lúcido Adam Jonhson que, gracias a Seix Barral, hace toda una declaración de intenciones con George Orwell fue amigo mío, una recopilación de seis relatos que escarba en el poder de la tecnología en nuestra rutina, en los obstáculos de la comunicación entre humanos, en lo difícil de la vida y la serenidad y, sobre todo, en esa anestesia general en la que hemos caído los seres humanos ante la invasión de las máquinas.
            El carisma del autor norteamericano ya quedó de manifiesto con El huérfano, la novela que le hizo merecedor del Pullizter, pero ahora vuelve a sorprendernos –qué distinta su visión, qué ojos (literarios) más grandes los suyos- para hablarnos de esa interacción persona-tecnología, para presentarnos a humanos-monstruos, para enseñarnos cómo nos rendimos a la apatía. Sus paisajes están ruinosos, sus personajes son erráticos y deambulan con incertidumbre, como si la vida les quedara grande. Tenemos a un hombre que ha creado un programa para seguir comunicándose con los muertos –a través de toda la información que ha dejado en las redes- y que tiene una mujer tetrapléjica, a un hombre alcohólico y vago que de repente tiene que hacerse cargo de su hijo pequeño, a una mujer que ha superado un cáncer de pecho y que está casada con un escritor que ha ganado el Pullizter; tenemos también a un pederasta que no sabe de qué lado está, al empleado de la antigua prisión de la Stasi o a un disidente de Corea del Norte que no se acostumbra a vivir fuera de la Dictadura. Y todos tienen el común algo: están atrapados, inmovilizados. Ellos no lo saben, pero están gravemente presionados, como un hámster en un circuito. Sus vidas no las eligen ellos sino que vienen impuestas, y no pueden hacer nada por cambiarlas.
            Nadar a contracorriente. Luchar contra molinos de viento. Abandonarse finalmente. Soñar con huir, pero no poder hacerlo. Adam Johnson, como un observador privilegiado, como si tuviera unas gafas modernísimas que le permitieran analizar el alma humana, se convierte en un cronista del futuro (¿o es ya el presente?) y nos advierte, nos cuenta, nos tranquiliza. Todo a la vez. Su estilo es mordaz, impredecible, tremendamente efectivo porque tiene la capacidad de meterse dentro, de hipnotizarnos, de hacernos creer que lo que cuenta es importante. Y lo es. Sus relatos son tan reveladores que el mundo parece otro después de haberlos leído. Él, además, tiene la virtud de enseñarnos a los personajes, de dejarlos actuar para que se definan a ellos mismos. Nada hay banal o prescindible en estos cuentos donde el detalle, lo pequeño, tiene una fuerza indiscutible.
            George Orwell fue amigo mío viene a confirmar lo que unos pocos llevan tiempo augurando: que Adam Jonhson es y será un nombre imprescindible en la nueva narrativa norteamericana, gracias a esa escritura sucia y realista, a ese prosa desnuda, tosca a veces, tremendamente poderosa, a ese sentido del humor tan peculiar. Los seis relatos que conforman este libro –que bien podría ser cada uno una novela- se mueven entre la ternura y la dureza, parecen querer decirnos que la vida puede ser bella y terrible a la vez, y que las nuevas tecnologías nos hacen peores personas porque nos condenan a la sordera y a la incomunicación, pero que no haremos nadar por salir de aquí, como un preso que besa sus cadenas, porque en realidad nos gusta que nos esclavicen. Teniendo internet, ¿a quién le importa lo demás? Quizás tenemos aquí el nuevo opio del pueblo. Y os aviso: lo peor es que no hay lugar seguro al que regresar. 

jueves, 2 de marzo de 2017

Al cerrar la puerta


¿Quién no conoce a una pareja como Jack y Grace? Él, guapo y rico; ella, encantadora y elegante. Él, un esforzado profesional de la abogacía que jamás ha perdido un caso; ella, un ama de casa intachable, excelente jardinera y cocinera, entregada al cuidado de su hermana discapacitada. Aunque llevan poco tiempo casados, lo tienen todo. Por más que uno se resista, siempre caen bien. La paz y la comodidad de su hogar, y la exquisitez de las cenas que organizan, cautivan sin remedio. Apetece intimar con Grace, pero no es fácil… Jack y Grace son inseparables. Para algunos, es amor verdadero. Otros no entienden por qué Grace nunca coge el teléfono. ¿Cómo es que no sale ni a tomar café, si no trabaja? ¿Cómo puede estar tan delgada con las delicias que cocina? ¿Cómo sale de casa sin nada en el bolso, ni un mísero bolígrafo? ¿Por qué razón los ventanales de la planta baja de su casa disponen de persianas blindadas?

Nos dicen que la belleza está en el interior, que lo importante es invisible a los ojos y posiblemente –seguramente- sea así, pero no podemos negar que la apariencia es, en algunos casos, fundamental. El envoltorio determina las relaciones que establecemos, las oportunidades que los demás nos dan. Lo terrible no siempre es feo; lo bueno no siempre es hermoso. En este apasionante debate se sustenta Al cerrar la puerta, el thriller que llega a las librerías de la mano de Alianza de Novelas después de haber arrasado en medio mundo y de acumular más de un millón de lectores. ¿La pareja perfecta o la mentira perfecta? reza el eslogan de la historia e imaginamos la respuesta; intuimos que las cosas no son tan maravillosas como parecen. B. A. Paris nos presenta a los guapísimos, elegantísimos, riquísimos y amabilísimos protagonistas, Jack y Grace, un matrimonio joven que provoca los suspiros y las envidias de todos los que lo conocen, pero… ¿qué hay detrás de tanta perfección? ¿Cómo es posible que su comportamiento sea siempre intachable, que su vida sea como un cuento de hadas? La respuesta os dejará boquiabiertos, ojipláticos.
            Insisto en la idea con la que arrancaba esta reseña: esta historia funciona –vaya si lo hace- por el valor que esta sociedad le da a las apariencias. ¿Puede algo tan bonito a los ojos ser espantoso, escalofriante y hasta terrorífico? Por supuesto que sí. Y de ahí la pregunta: ¿aguantaríamos más si el abusador es guapo? ¿Somos más permisivos si 'el malo' se parece a Christian Grey, el de las 50 sombras? Ustedes, seguro, que se imaginan la respuesta. Las apariencias, muchas veces, son una trampa, una trampa mortal. Y esto es precisamente lo que consigue la autora: crear una atmósfera tan opresiva, tan cargada, tan asfixiante, que leer Al cerrar la puerta es lo más parecido a quedarse encerrado en un ascensor. No puedo contar demasiado del argumento –gran parte de su efectividad se basa en la sorpresa-, pero sí puedo decir que la información está muy bien dosificada, que consigue confundir al lector, meterle dentro la sospecha: ¿por qué la protagonista está tan tensa? ¿Por qué debe hacerlo todo bien? ¿Por qué tiembla de miedo con sólo pensar que la cena le ha podido quedar sosa? ¿Por qué el marido le revisa los bolsillos del abrigo antes de salir?
            Está esta novela muy cerca –y no estoy haciendo ningún spoiler- de un tema especialmente sensible: la violencia de género, el abuso hacia las mujeres por parte de los hombres. Y quizás está un poco exagerado, sí, pero nos puede servir para identificar ciertas conductas insanas. La autora, B.A. Paris, aborda esta relación con mucho tino, dibuja este matrimonio con una extraña lucidez porque es capaz de contagiar algo complicadísimo: el miedo. En serio, pocas veces uno es capaz de transmitir, de contagiar esa sensación de absoluto terror. Yo, os lo confieso, he temblado en algunos pasajes. El estilo es correcto, casi transparente, para dejar el protagonismo a la trama; y los personajes están muy bien dibujados, muy correctos. Y presten atención al terrible papel de la hermana discapacitada de la protagonista.
            Al cerrar la puerta es un thriller, pero bien podría ser una historia de terror. Porque sí, da miedo, hace temblar, deja una pesada opresión en el pecho. B.A. Paris nos mete en una historia doméstica sobre una pareja atípica con una relación atípica para contarnos que cada familia es un mundo, que en las casas pasan cosas con las que nos echaríamos las manos a la cabeza, que el paraíso está a un paso del infierno. Si además de entretenernos, la literatura sirve para poner el foco en una epidemia nacional –o internacional-, muchísimo mejor. Avisados estáis: leer esta novela es como dejar que os encierren en un sótano oscuro sin posibilidad de abrir desde dentro. Ya podéis empezar a gritar. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

Índigo, Eva Aguilar


SINOPSIS: Christine tenía cuatro años la primera vez que vio a Orión. El vampiro entró en su casa, asesinó a su familia y la secuestró.
Durante años, Christine ha crecido sometida a sus normas y su control, odiándolo todos los días de su vida.
A punto de cumplir los dieciocho años, Christine no permitirá que el deseo nuble su juicio, incluso cuando Orión comienza a responder a sus preguntas.
¿Por qué no la asesinó a ella también?
¿Quiénes son los enemigos que los persiguen?
Pero, sobre todo, debe enfrentarse a la pregunta más transcendental de su existencia. ¿SE PUEDE AMAR AL ASESINO DE TU FAMILIA?

Siempre que sale un libro sobre vampiros al mercado pienso: ¿Qué me contará esta historia que no hayan hecho todas las demás? ¿No es tema que está demasiado trillado? Pues no, está visto que siempre se puede dar otra vuelta de tuerca a estos seres que nos fascinan tanto.

Índigo es una nueva novela de vampiros adulta, que ha aportado una nueva idea a este mundo sobrenatural que hemos conocido en muchas novelas y películas de este género. Me ha gustado que la autora proponga un origen sobre el vampirismo que está muy alejado de lo que hasta ahora conocíamos.  

Quizás las primeras páginas de la historia sean un poco densas y descriptivas (este aspecto, a mí, personalmente no me molesta). Algunos pensamientos son repetitivos, pero poco a poco la historia va cogiendo cuerpo y la narración nos va sorprendiendo con algunos giros inesperados.

Esta novela no es una historia de mucha acción (salvo en algunos capítulos), pero creo que tampoco lo necesita. La autora está más interesada en narrar situaciones cotidianas, pero sobre todo los sentimientos de la protagonista, una chica que trata de sobreponerse a la pérdida de su familia.

Con respecto a los protagonistas, Christine es una chica que no encuentra su sitio desde que perdiera a su familia a los cuatro años. Desde entonces, vive con la persona que mató a sus padres y a su hermano pequeño. Además, arrastra un trauma que sufrió con doce años. Se ha creado una capa protectora que la hace distante con el resto del mundo, salvo con sus amigos, Susana y Dani. No soporta el contacto físico. Se refugia en el tenis, donde es una gran promesa del panorama nacional. Es contradictoria, pero esto la hace una protagonista más real, menos lineal.

Por otra parte, tenemos a Orión, el vampiro que destruyó a su familia. Es reservado y parece que todo a su alrededor sea un misterio. Esto mismo es lo que lo hace tan excitante, al menos para mí. Apenas conocemos gran cosa de él, aunque espero que en la segunda parte se descubran más cosas sobre su vida.

Dani, el mejor amigo de Christine, está enamorado de ella desde que recuerda. Vive con su madre, una mujer que está enferma. Si por algo me ha gustado este personaje es porque respeta siempre las decisiones de Christine, aunque no siempre las comparta.

Por último tenemos a Susana, la amiga que hace de nexo de unión con el mundo exterior y el mundo interior de Christine. Es esa coraza que ha creado la que le impide abrirse al mundo.   

He de decir que la historia me parece que tiene mucha fuerza, sobre todo por la tensión sexual no resuelta que hay entre Christine y Orión. Me gusta cómo narra la autora y cómo nos va metiendo en situación.

Sin embargo, sí que me gustaría comentar que a la obra no le vendría mal una corrección (algunas faltas y erratas). Como autora me da mucho coraje encontrar ciertos fallos en mis novelas. Con esta historia me da también coraje porque me ha gustado mucho más de lo que esperaba en un principio.
 Sólo me queda comentaros que el final de novela nos da otro punto de vista de la historia. Un giro inesperado que me parece cuanto menos interesante.

A esta autora le deseo muchos éxitos con la segunda parte de esta novela: Cristal, que está a punto de publicarse.