Hola a todos, hoy os traigo la reseña de una novela fresca. Se trata de la segunda obra de Sonia Fernádez-Vidal y publicada por La Galera.
En el CERN, el centro de investigación más avanzado del mundo, entre experimentos de viajes en el tiempo y de teletransportación, entre partículas que superan la velocidad de la luz y otras que revelan el origen del Universo, la joven Laila se enfrenta al mayor misterio que existe: cómo decidir entre dos amores. Por un lado, Alessio, un atractivo periodista; y, por otro, Brian, un cerebral científico que oculta un gran secreto.
Quantic Love narra el último verano de Laila antes de ir a la universidad. Ha decidido ir al Cern a trabajar como camarera para pagarse parte de sus estudios. Y aunque en un principio Laila está un poco desubicada y echa de menos a su familia muy pronto se integra en la cafetería del CERN.
Laila es una chica indecisa, ya no sólo con referencia a lo que desea estudiar sino cuando trata de asuntos amorosos. Este quizás es uno de esos puntos que le dan humanidad al personaje. Sus continuas dudas la hacen más humana y la acercan a las chicas de la calle.
Hay un triángulo amoroso. Laila está indecisa entre un joven periodista Alessio, que quita el hipo, y entre Brian, un chico enamorado de su trabajo y sus estudios. Aunque Laila tiene sus preferencias, el amor se muestra a veces esquivo y no responde como quisiéramos.
En muchas ocasiones me he sentido identifica con la joven Laila, con los problemas que planteaba, con sus incertidumbres a la hora de afrontar sus preocupaciones. Laila no se diferencia de muchas adolescentes que conozco, ni siquiera a la adolescente que fui.
Es cierto que a veces ciertos comportamientos me parecían infantiles, pero este hecho no me ha molestado porque le da credibilidad a la historia.
La autora tiene la habilidad de mostrarnos ciertas anécdotas sobre la física cuántica sin llegar a aburrirnos (para quienes somos profanos en esta materia) con una historia de amor.
Quantic love es una historia fresca, sin más pretensiones que las de mostrar que la física no tiene por qué ser aburrida. También nos enseña que el amor está en cualquier sitio, hasta los más insospechados. Nadie escapa a las flechas de Cupido, ni siquiera los físicos teóricos más reconocidos del mundo.
Gracias a La Galera.
Próxima reseña: Yinn, fuego azul
