miércoles, 18 de julio de 2018

El cuarto mono


El detective de la policía de Chicago Sam Porter investiga el caso de un hombre atropellado, pues los indicios en la escena del crimen apuntan a que se trata de El Cuarto Mono, un asesino en serie que ha estado aterrorizando la ciudad. Su modus operandi consistía en enviar tres cajas blancas a los padres de las víctimas que secuestra y mata: una primera con una oreja, una segunda con los dos ojos, y otra con la lengua; y finalmente dejar abandonado el cuerpo sin vida en algún lugar. El hombre atropellado llevaba una de esas cajas blancas. Se inicia así una frenética carrera contrarreloj para averiguar dónde se encuentra encerrada la próxima víctima.



De los asesinos, nos fijamos siempre en sus acciones, en cómo siembran el mal y castigan a sus semejantes. Importa su grado de maldad (o de sadismo), cuáles son sus razones para matar y cuánto tardamos en encarcelarlos. Pero, ¿cómo se crea un asesino? ¿En qué momento una persona descubre que disfruta matando y que, además, tiene la sangre fría para llevarlo a cabo? Imagínense a un niño que disfruta torturando animales o a un adolescente rebelde, ¿cómo terminan convirtiéndose en delincuentes? Y sobre esto vamos a hablar con una de las apuestas veraniegas de Destino, El cuarto mono, una novela de A.J. Baker, en la que, tirando de misticismo, se inspira en Kikazaru, Iwarazu y Mizaru, esos monos que representan “No oigas el mal”, “No hables el mal”, “No mires el mal” para retratar a un asesino sin escrúpulos. El autor propone la existencia de un cuarto mono, que sería “No hagas el mal” y dibuja un escenario de terror. Y aquí tenemos la razón de ser del asesino, un hombre que decide castigar a familiares muy cercanos de alguien que haya hecho algo mal y que se hace llamar El cuarto mono.
              La historia arranca con el atropello mortal de un hombre que se disponía a mandar a Correos una caja con la oreja de una muchacha desaparecida. Este hecho apunta hacia un asesino en serie que actúa siempre de la misma manera –envía una oreja, los ojos y la lengua a sus familiares– para después matar a la víctima, todo un homenaje a los tres monos. Esta muerte del peatón, en principio accidental, pone en marcha el reloj para la resolución de este caso a manos del agente Porter, un hombre con ciertas cicatrices emocionales que deberá poner todo su ingenio al servicio del caso. Hay de todo: acción, pistas falsas, mucho diálogo, un final en el que encajan todas las piezas y una narración donde vemos cómo se forja ese asesino. Y es aquí precisamente donde está una de las grandes novedades de este thriller: que no sólo seguimos los pasos de la investigación sino que conocemos un diario en el que El cuarto mono narra ese periodo de su vida en el que decide repartir su justicia en el mundo y acabar con cualquiera que haya cometido una ilegalidad. Y créanme, esta parte ocupa casi la mitad de la extensión y es mucho más interesante que el thriller en sí. Ha sido un gran acierto porque asistimos a la infancia de un niño en apariencia normal obligado por los padres a hacer cosas… dejémoslo ahí, cosas.
            Aunque la historia se extiende durante más de 570 páginas, no se preocupen: la historia está bien contada, sin grandes pretensiones y con un estilo ameno, rápido y cuajado de diálogos. Como manda el género, la prosa es casi transparente, la acción no da respiro y los personajes están dibujados a trazo gordo, excepto el del asesino, que es absolutamente fascinante. El tiempo, como avanzaba antes, se desdobla en dos momentos: el presente y el pasado, las acciones del asesino y la creación del asesino. Y en el fondo de la cuestión hay un hombre desencantado con el mundo, que no confía en la justicia ni en que el tiempo lo ponga todo en su sitio, que carga con una infancia peculiar y que hace gala de una falta de empatía absoluta con los otros. Algunos capítulos se acercan al gore, pero nada insoportable.
            El cuarto mono viene a entretenernos este verano con un thriller bien armado y con un bloque muy interesante: el de la creación de un asesino. La infancia versus la maldad. La inocencia versus la muerte. Y el núcleo familiar como germen de todo. La historia tiene una senda por explorar con el peso de los padres en la educación de sus hijos. Ahí lo dejo. Después de haberse colocado en los primeros puestos de las listas de ventas de medio mundo, llega a España para advertirnos de que no está bien hacer el mal, que portarse mal tiene consecuencias. Y sí, ahora miraremos con otros ojos esos monitos que utilizamos como emoticonos del WhatsApp.

                                                                                                     DanielBlanco


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