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sábado, 25 de abril de 2015

La canción de amor de Jonny Valentine


"Apreté un botón del mando a distancia que había al lado de la cama y encendí la luz para jugar a Zenon, el país secreto. Normalmente ese videojuego me ayudaba a dormir después de los conciertos. Pero esa noche el subidón era demasiado fuerte, así que después de pasar un rato en el nivel 63, le di a la pausa y llamé a la habitación de Jane, que quedaba al lado. Igual hablar con ella me tranquilizaba, si no, al menos me podía dar una de sus pastillas de Zolpidem."
 La fama tiene un precio, y en ocasiones es demasiado alto, tanto que incluso tu felicidad  puede quedar comprometida. Hace unos meses mi amigo Pedro Llamedo me recomendó esta obra, de hecho me insistió encarecidamente  que me pusiera delante de las letras de Teddy Wayne. Debo decir que es un libro que te toca la fibra sensible, podemos ver los entresijos de la fama y de la vida de un adolescente de tan solo once años. Decimos adolescente porque actualmente a esa edad consideramos a la juventud  preparada para un cambio tan crucial como es entrar en la edad adulto. Podría decirse que nos encontramos con un adulto  que tiene una doble vida, como toda estrella del momento. Por un lado Jonny Valentine, la estrella del momento, por otro lado, Jhonatan Valentino, un joven que se inicia en  las duras pruebas que supone introducirse en el mundo adulto.

Hay muchas reminiscencias a Justin Biebber, ya que   con las descripciones que nos aporta el autor todo apunta  a que hablamos de esa estrella del pop, pero esta historia sería ampliable a cualquiera, e incluso a cualquier perfil de una persona que no sea famosa. La historia habla de la soledad, de la sensación de sentirse solo cuando tienes todo a tu alrededor. Creo que a todos en algún momento de nuestra vida nos ha pasado eso, aparentemente tenerlo todo, y sentir que te falta lo más importante, alguien que te vea realmente y se fije en como estás realmente. Eso el autor lo refleja muy bien, esas situaciones  extremas que llevan al protagonista a hacer cosas realmente descabelladas, pero lógicas si tenemos en cuenta la situación.

Imaginad a una madre castradora que vuelca todas las esperanzas personales y de la familia en el éxito de su hijo, cortando las alas a un ave que está preparada para emprender el vuelo que supone la madurez, esas situaciones son tan creíbles y verosímiles que realmente hacen del texto  algo interesante de leer, ya que no cuenta con mucho diálogo.

Otra cosa que me ha  llamado la atención de esta historia es el esmero con el que el autor plasma todo lo que se cuece entre bambalinas en el mundo de una estrella del pop, las segundas caras, la prensa, la imagen, lo frívolo y oscuro que puede llegar a ser ese mundo, haciendo esa condición privilegiada algo casi marginal.

Os recuerdo que es la historia de un niño adolescente, alguien que durante la historia tendrá que descubrirse en todas sus facetas, entre ellas el sexo.

Tienes que estar muy preparado para que esta historia te llega, realmente es el relato de una vida, la vida de un niño que tiene miedo y que pide ayuda antes de caer al vacío, llorarás, te reirás y sobretodo te emocionarás.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Signatura 400


Una bibliotecaria –triste, aburrida y que siente que se le escapa la vida en el sótano de la sección de Geografía- encuentra una mañana, antes de abrir, a uno de los usuarios habituales durmiendo entre sus libros. Desde ese momento y hasta la apertura del centro, esta anónima funcionaria sermonea al oyente espontáneo con disertaciones sobre su vida, sus lecturas, su trabajo, las signaturas bibliotecarias, (entre ellas la aberrante ausencia de la 400), sus escritores favoritos, los odiados y, cómo no, la famosa nuca de Martin, un joven que merodea por su sección y que la hace fantasear de nuevo con el amor.
 ¡La literatura o la vida!, eso podríamos gritar en el mismo tono de ¡La bolsa o la vida!, porque parece que siempre hay que elegir entre uno y otro: escribir o vivir, leer o vivir, crear o vivir. Y este dilema también se le presenta a la protagonista (sin nombre) de esta novelita, que después de veintitantos años en el sótano de una biblioteca, se lamenta así: ¿Para qué haber malgastado mi juventud en una biblioteca (…) si Martin no vuelve? Según parece, los libros no reemplazan a la vida, no la sustituyen. Ni a la vida ni al amor. Ella lo tiene claro: dedicarse a los libros es signo de que algo anda mal. Uno no se encierra diez horas al día para escribir si todo le va bien en la vida. La escritura sólo llega cuando algo no funciona. Si todo el mundo fuese feliz en la tierra, no se escribirían más que recetas de cocina y tarjetas postales, no habría ni libros, ni literatura, ni bibliotecas. Y ésta es sólo una de las muchas y contundentes reflexiones que la joven francesa Sophie Divry pone en boca de esta peculiar narradora en su obrita Signatura 400, a medio camino entre la novela y el ensayo, que tiene poco más de cien páginas y que nos trae –y con una edición excepcional, como siempre- Blackie Books.
Signatura 400 es un homenaje al maravilloso oficio de leer. Sí, a través de una protagonista-narradora desencantada, una perdedora en todas las parcelas de su vida, y de un estilo conciso, ágil y cautivador –no te preocupes porque no haya ni un solo punto y aparte-, nos habla de algo tan profundo como la relación de la lectura con el ser humano. Qué preciosidad, ¿no os parece? Yo no soy de subrayar libros, ni siquiera los míos –conozco a gente que lo hace, incluso los que no son suyos-, pero sí tengo esta obrita llena de papeles de colores, con flechas y exclamaciones, que me marcan esas páginas a las que deberé volver de vez en cuando. Divry nos habla con naturalidad y con un encanto contenido de la literatura que salva –la lectura es, junto con la amistad, uno de los recursos más eficaces para sobrellevar el dolor de la pérdida-, de los libros actuales -¿Qué tipo de literatura puede producir una sociedad en la que no hay guerras, ni epidemias, ni revoluciones? Se lo diré yo: ficciones estúpidas sobre buenas chicas y muchachotes valientes que se enamoran y se hacen sufrir sin quererlo y se pasan el día entero llorando y pidiéndose perdón-, del concepto de cultura, que es placer, pero también esfuerzo, y de ese rol divino que debe tener la bibliotecaria y que no es otro que el de hacer que se produzca un encuentro mágico entre el libro y el lector, como una especie de Celestina. Los dos juntos, libro y lector, en el momento adecuado de la vida de cada uno, eso puede producir chispas, una llamarada, una hoguera, puede cambiar una vida. Se lo juro. Y yo también lo juro.
Es una obra deliciosa, con una de esas protagonistas que uno ama en la literatura y que odiaría en la vida real: maniática del orden, obsesiva y desesperanzada que sólo encuentra sentido a su existencia entre los libros y en un amor que le da esquinazo. No le queda nada más. Ella, que a veces saca carácter, canaliza su rabia hacia los libros innecesarios, productos de temporada que se encargan, se imprimen, se televisan, se compran, se retiran, se destruyen, anti saberes-librescos, y para mantenerlos lejos (lo más lejos posible) propone un filtro, algo así como guardianes, que para eso la biblioteca es un templo, el centro de la Gran Consolación, y no debería profanarse con libros malos. Ella, bibliotecaria invisible, -¿acaso puede ser de otra forma una bibliotecaria? Llamar la atención es molestar- , también carga contra los políticos que no apoyan la cultura, contra Balzac, contra Napoleón y contra los lectores que sólo leen best-sellers. Posiblemente no compartas muchas de sus reflexiones. Da igual, qué alegría da cuando te topas con personajes que tienen una visión del mundo tan peculiar y que están tan desahuciados por la vida que sólo les queda el amor por los libros.
Ésta es una historia para bibliotecarios y lectores, para escritores, para los que se sienten más cómodo en una biblioteca que en la sociedad, para los que aman los libros y para los que quieren amarlos más, para los que, además de leer, quieren vivir. Porque ¿leer es siempre un sustituto de la vida o es como el IVA, que añade un complemento del 21%? Ahí os dejo la pregunta.
PS: Ah, y critica sin piedad a esos que van a la biblioteca a hacer ruido, a cuchichear o sólo a dejar pasar el tiempo porque tiene calefacción.
PS: Dice que escribir es sexual. Que los escritores suelen tener problemas sexuales: o por exceso o por defecto. (Jajajaja).
PS: El título hace referencia a la clasificación Dewey, que rige todas las bibliotecas del mundo a través de un sistema que elude la signatura 400, que ha quedado desierta con la migración de Religión y Lenguas a otros apartados.