jueves, 9 de julio de 2015

Entrevista a Andreu Martín y Jaume Ribera

Con motivo de la Valencia Negra, tuve el placer de entrevistar a Jaume Martin y a Andreu Martin para la Revista El ALIJo  Fue un placer hablar con estos dos autores, una charla que dio para mucho. Todas las fotos están tomadas de Valencia Negra.

―En 1987 se publicó la primera novela de Flanagan, No pidas sardinas fuera de temporada. A mí me llama poderosamente la atención que el personaje se siga conservando tan bien. ¿Cómo fueron los inicios de Flanagan?

Andreu.- Los inicios de Flanagan fueron un simple juego entre amigos. Nos encontrábamos cada jueves en un restaurante que se llama Esterri, de Barcelona, con otros dos guionistas de cómic. Una de las cosas que nos pasó por la cabeza fue la posibilidad de una novela juvenil.
En aquella época empezaba a haber premios de novela juvenil y se nos ocurrió escribir una novela juvenil, ¿y si escribimos una y la presentamos a un concurso? Por desgracia no lo ganamos.

Jaume.- Quedamos los segundos, que es lo peor.

Jaume Ribera y Andreu Martin en la Valencia negra

―¿A qué editorial presentasteis la novela? 
    
Jaume.- Una editorial que se llamaba Laia, que cerró porque el administrador se fue a Sudamérica con el dinero de los autores, entre ellos el nuestro. Luego la publicó otra editorial, cuando estos quebraron.

Andreu.- Laia no nos dio el premio, pero se quedó la novela y la editó. Luego, como dice él, la editorial quebró, y al cabo del tiempo, recuperamos el título.

Jaume.- Hablábamos también en aquel entonces de lo que leíamos cuando éramos adolescentes y que nos gustaban mucho. Por ejemplo, los clásicos, no sé, Enid Blyton, que me gustaba mucho, pero no me creía nada. Esos chavales que hacían lo que les daba la gana, que se pasaban el día comiendo, bebían cerveza de jengibre, que no era más que ginger ale, o que no tenían padres, sino tíos que se pasaban el día jugando a la canasta mientras ellos corrían por ahí. Lo hicimos para que nos lo pudiéramos creer un poco más.

―Pero eso eran cosas que, como niño, no te las planteabas. Eran aventuras emocionantes y fantásticas.

Jaume.- La primera vez que me planteé una cosa como Flanagan, fue leyendo una aventura de Alfred Hitchcock y los tres investigadores, que iba de una niña que quería que le encontraran un loro que había perdido. Y entonces lo del loro era como un chiste, ¿cómo iban a hacer eso? Pero yo, al leerlo, pensé: “¡Ah! Eso me lo creo”. Pero era como un chiste. Luego venía el caso de verdad y el loro quedaba olvidado y nadie le hacía caso ni se acordaba de él.

―¿Cómo habéis conseguido que Joan Anguera se adapte al paso del tiempo? Creo que no es un reto fácil, pero lo solventáis con mucha maestría y, lo mejor de todo, es que aquellos que seguimos las aventuras de este joven detective esperamos nuevas aventuras con muchas ganas.

Andreu.- Bueno, esa es una cosa que creo que solo pasa en la novela policíaca, porque cuando terminas, dices: Más, más. Escribes una novela… Cuando nosotros escribimos No pidas sardinas fuera de temporada fue punto pelota. Fue el editor el que, cuando nos dieron el Premio Nacional de Literatura (Premio Nacional de LIJ, 1989) pidió más.

Andreu Martin en la Valencia negra

Jaume.- No era el mismo editor de Laia. Pero este otro editor nos pidió más.

Andreu.- Y escribimos la novela El cartero llama mil veces, que no era Flanagan. Y entonces el editor dijo: “Sí, sí, me gusta, pero, ¿y Flanagan?” Y nosotros: “Flanagan ya está. Se acabó. “¡Ah!, no, no. Yo es que quiero más Flanagan.” Y entonces escribimos Todos los detectives se llaman Flanagan.

Jaume.- Pues sí. Luego seguimos porque el editor nos pedía más y a nosotros nos apetecía escribir más. No hemos tenido que hacer nunca un esfuerzo especial trabajando con Flanagan.

―Flanagan sigue siendo el mismo chico simpático, con un sentido de la justicia que ya quisieran para sí muchos políticos. Dese mi punto de vista, uno de sus mayores atractivos es la lealtad que muestra hacia sus amigos. ¿Hay muchos Flanagan por ahí? ¿Es una especie de caballero andante?

Jaume.- El caballero andante es un poco la figura del detective privado. Creo que incluso hay un ensayo sobre Philip Marlowe como caballero andante, aunque no recuerdo quién lo escribió, pero existe.

Andreu.- Desde que se presenta, Marlowe se presenta como knight.

Jaume.- Es simplemente un chico que tiene un sentido propio de la justicia. Pero que tiene su propio sentido de la justicia. Actúa según lo que piensa él que es lo
correcto. Simplemente eso. ¿Que esto es muy raro hoy en día? Pues si le preguntaras a la gente por la calle supongo que no tanto.

―En la última novela también tiene esa duda con Charche, me voy con el Biosca, no me voy, qué hago, qué no hago…

Jaume.-  Pero es simplemente un personaje con un sentido de la justicia que trata de hacer lo que es debido y que tiene un interés por investigar. No es más que una persona que se está abriendo a la vida, porque es muy joven y tiene sentido del humor.

Andreu.- Hemos pasado de la época de la paranoia a la era de la psicopatía. Y hoy día se defienden, incluso como virtudes, tendencias que son más bien psicopáticas. Es decir, conseguir el triunfo por encima de todo, la obsesión por el triunfo, la competencia. Esto, que en la época de la paranoia existía igual, pero con un sentimiento de culpabilidad. El tema de la empatía últimamente ha caído y hay que conseguir el triunfo por sí mismo. Es muy probable que hoy en día haya muchos menos Flanagans que cuando nació.

Jaume Ribera en la Valencia negra

―Si por algo me gustan estas novelas, es que en las novelas de Flanagan siempre hay una denuncia social. Lo peor de todo es que parece que nada ha cambiado desde que Flanagan viera por primera vez la luz. ¿Creéis que la novela negra ha de ser un espejo que refleje los defectos de la sociedad?

Andreu.- Lo es por definición. La mejor definición de la novela negra me la dio Jaume Ribera que dijo algo así como: “La novela negra denuncia la realidad limitándose a describirla.”

Jaume.- Es algo característico de la novela negra. Si no sería otra cosa. Puede haber novela policíaca sin ese añadido, pero no si hablamos de noir. No es tanto para dar lecciones como para explicar cómo está el patio, sin eludir las cosas. Y el hecho de que las novelas sean juveniles, no quiere decir que tengas que tratar a los chavales como si fueran tontos. Al principio hubo una resistencia editorial: “¿Esto es para chavales?”, o “Esto no lo van a recomendar los profesores”. Y luego, efectivamente, tenías tú razón.

―Joan es un chico de barrio y esto lo hace más cercano al lector. Aun así, siempre encuentra recursos para resolver los problemas a los que se enfrenta. ¿La falta de dinero agudiza el ingenio o Flanagan siempre fue un chico más espabilado que sus compañeros?

Andreu.- La falta de dinero agudiza el ingenio. Siempre procuramos que Flanagan fuera un poquito mayor de su edad. Porque a los alumnos les gustaba identificarse con un chico que hacía… que pensaba… que se les adelantaba. Esto era un poco intencionado.

Jaume.- Además, Flanagan es un personaje que nunca ha destacado por ser físicamente alto, no tiene características físicas de héroe, que digamos. Algo tienes que tener en esta vida si te metes en según qué lío, ¿no? Si no, te machacan a la primera.

Flanagan Flashback

―Flanagan ha mostrado ser un joven bastante maduro para su edad, en esta última novela,  Los gemelos congelados, ya es adulto, acaba de cumplir 19 años. Es cierto que, además de toda la denuncia social, advertimos encuentros amorosos. Tengo que alabar la elegancia para describir estas escenas.

Jaume.- También es por no distraer. Si tienes la historia en marcha y le metes en medio Cincuenta sombras de Grey, al lector le dejas desconcertado. Yo creo que hay que ponerlo en su justa medida. Contarlo, porque son cosas que pasan. Pero no hay que pasarse, para eso ya había otro libro.

Andreu.- Un libro iniciático. No sé si lo conocéis. El libro rojo de Flanagan nace de la siguiente manera: Gemma Lienas, que tiene un personaje femenino que se llama Carlota, vino a vernos para decir: “Quiero que mi Carlota se líe con vuestro Flanagan”. Ella quería escribir El libro rojo de Carlota, que es un libro sobre la iniciación sexual. Y su idea era que ella conociera a Flanagan de tal manera que, entonces, ella, en su libro, contaría el romance con Flanagan desde el punto de vista de Carlota. Y Flanagan tendría que contar el mismo romance desde su punto de vista, tal como lo viven los chicos.

―He leído una entrevista que le hicieron a Andreu Martín en el cultural de El País en 2011, en la que decía: “La literatura juvenil me gusta, porque da más libertad que la que supuestamente tienes cuando escribes para adultos, pero también puede ser excluyente”. ¿A qué puede deberse esto?

Jaume.- Una cosa que puede suceder es que el libro se etiquete como juvenil. Por ejemplo, el último libro de Flanagan, Los gemelos congelados, lo tienes en la sección de juvenil. ¿Qué quiere decir esto? No lo tienen donde están los otros de novela policíaca o novela negra. Y el lector de novela de misterio o novela negra no lo va ni a ver. Y el lector adulto de misterio no llega ni a verlo. Ya se está excluyendo. ¿Por qué? Porque Flanagan ha tenido un éxito como juvenil y ahí sigue, como juvenil.

Andreu.- La prueba está en que hay lectores que empezaron leyendo a Flanagan siendo jóvenes y continúan Flanagan Flashbackleyéndolo ahora. Pero hay gente que ha empezado de mayor a leer a Flanagan y se han aficionado. Pero a mí lo que me ha desconcertado es esto de que la novela juvenil dé más libertad que la novela de adultos. Pero sobre todo a lo que me refería es a la elección de temas. O sea que supongo que a eso me refería cuando hablaba de la libertad.
 Los gemelos congelados
―A la hora de plantear la trama, ¿el hecho de que Joan tuviera 19 años supuso un problema?

Jaume.- No un problema, pero sí un pequeño inconveniente, y es el asunto del humor. Nosotros nos habíamos propuesto que en estas novelas hubiera humor, sin ir nunca en detrimento del drama que pudieran tener por los temas que trataba. La carencia de Flanagan era que no tenía la edad, sólo tenía catorce años y claro, plantearse que iba a interrogar a un policía, con barba o sus patillas, ya provocaba una situación que, en sí, tenía algo de cómica. “Pero, ¿de qué vas, chaval?”. Pero eso, ahora, lo hemos perdido. Con dieciocho o diecinueve años, pueden verte como un pipiolo, pero no eres un niño.

Jaume.- Nosotros tampoco hemos querido hacer un personaje a propósito políticamente incorrecto. Nos hemos puesto bastante en su lugar. ¿Qué haríamos nosotros si tuviéramos el coraje necesario?

―¿Habrá más Flanagan ahora que Joan ha crecido? El final de Los gemelos congelados da pie a pensar que será así. Si fuera así, ¿seguiría siendo juvenil u os decantaríais por la novela adulta?

Jaume.- Sí, sí que haremos más. Lo que pasa es que luego, a la hora de editar, nosotros podemos hablar con el editor, pero luego él hará lo que más le convenga. El que menos pinta siempre es el autor y luego el librero. Verán que es un nuevo Flanagan y dirán: “Venga, con los otros”. Siempre podemos abordarlo de una forma más clara o buscar una editorial en la que no hayamos publicado.

Andreu.- Yo ya he estado mirando todo lo que significa estudiar para ser detective privado, que es bastante frustrante, y ya conozco… Por ese lado ya lo tenemos cubierto. El próximo será como un tratado de qué quiere decir criminología, criminalística y demás.

―Si os tuvierais que quedar con un personaje de vuestras novelas, ¿elegiríais a Flanagan?
Andreu.- Hombre, es el cabeza visible. Hombre, si pudiéramos tirar también de Charche, ¿no?

Jaume.- Sí, a Charche también. Yo creo que el Charche, en esta última novela, nos lo han comentado, estamos muy contentos de cómo ha evolucionado. Ha cogido más cuerpo.

―Pues haces un fundido a negro y volvemos con Flanagan, que es el que cuenta la historia. Bueno, ambos habéis trabajado en otros medios, cine, cómic, televisión… ¿Os habéis planteado o alguien se ha mostrado interesado por trasladar a Flanagan a otros medios? ¿Os seduciría la posibilidad?

Andreu.- Yo creo que ahora ya no nos seduciría esta posibilidad. Jaume y yo hemos vivido bastante, hemos ganado bastante dinero de propuestas de productoras para hacer películas, dibujos animados, tebeos, marcianadas de Flanagan. Pero nunca se han materializado, nunca.

Jaume.- Siempre pasa algo. Siempre hay algún detalle.

―Bueno, por terminar ya, como en la revista habrá lectores que quieran empezar a escribir, ¿qué consejo le daríais?

Andreu.- Mira, un consejo, uno esencial, elemental: que lean y lean y lean. Pero también que escriban y escriban y escriban, teniendo en cuenta que el escritor es lo contrario del lector. El escritor es el que prepara los hilos, los espejos, los dobles fondos, los efectos especiales.

Jaume.- Otro consejo que yo daría, es que no escribas nada hasta que no sepas qué es lo que pasa y toda la historia. Porque luego dices: “Empiezo a escribir y me hago un lío”. Claro que te haces un lío, porque no sabes qué es lo que pasa. Sabes cómo empiezas, pero no sabes lo que pasa y lo tienes que ir inventando a medida que escribes. Y eso es muy difícil. Aunque sea una historia muy sencilla, tienes que saber lo que pasa.


Andreu.- Yo, a mis alumnos les digo: “Una fiesta de alta sociedad. Un salón. En un rincón hay un chico que, por fin, ha logrado acorralar a su chica y está a punto de decirle la fórmula mágica que hará que, a partir de aquel día, sean novios. Otro señor tiene a un grupo de empresarios a punto de proponerles el negocio de su vida. Una señora está a punto de contarle a una amiga el secreto que no le contó nunca a nadie. Y el escritor es ese señor que se sube a una mesa y golpea con una cucharita la copa de champán. Todos interrumpen lo que están haciendo y le miran. Más vale que tenga una buena historia. Más vale que tenga algo interesante que decir”.

Entrevista Aquí

miércoles, 8 de julio de 2015

Los diarios de Adán y Eva


Un clásico de culto donde el ingenio y el humor, salpicados de momentos de profunda melancolía, alcanzan cotas de ironía y mordacidad insospechadas. Sin perder un ápice de su habitual ingenio y su encanto particular, Mark Twain nos presenta en este breve relato cómico los avatares y problemas que generan la vida en pareja y la convivencia, no siempre fácil, aunque sea en el Paraíso. A través de los relatos paralelos de los padres de la humanidad, y con un texto que combina en igual medida diversión y profundidad, primero Adán y luego Eva nos hacen partícipes de unas cuitas que, a decir verdad, no son muy distintas de las de cualquier relación de nuestro tiempo.
 Si Adán y Eva hubiesen tenido diario desde luego hubiese sido algo parecido a esto. Mark Twain en esta preciosa edición de Impedimenta nos presenta de una manera muy genuina, cómica e incluso inocente uno de los misterios más representados por el hombre: la creación. El autor lo ha plasmado desde el punto de vista bíblico presentando al primer hombre y a la primera mujer en la faz de la tierra.

             
   Una de las cosas que más me han gustado es que no ha hecho una excesiva alusión a la religión. Ha  presentado a dos seres que están en el paraíso y que lejos de llevarse bien tienen más desavenencias que otra cosa.

Mitad del libro está visto desde el punto de vista de Adán, y es quizás la parte más cómica del texto ya que este no hace más que quejarse de la constante curiosidad de Eva. Un ser ávido de conocimiento y con cierta tendencia a la comunicación. A lo largo de todo el texto vamos viendo como esa enemistad del principio se va convirtiendo en curiosidad y entendimiento.

Eva por el contrario nos regala la parte más profunda del texto, haciendo reflexiones bastante primarias y naturales del por qué se siente atraída por Adán. Hay que tener en cuenta que hablamos de seres primarios y algunas reflexiones que hace ella rozarían lo machista, ya que ella  le seguiría hiciera lo que hiciera con ella, y desde luego lo hace saber a lo largo del texto que lo primero es él.
El sexo se trata de manera  muy inocente, de hecho la aparición de su prole se va desarrollando como si de nuevos y desconocidos seres se tratara.
Las ilustraciones de Sara Morante sí que me han parecido atractivas, de hecho, de no tratarse de un libro editado por Impedimenta, bien podríamos pensar que se trata de un cuento para niños, pero no, nada más lejos.

Los diarios de Adán y Eva se debe entender como una obra simple, pero que a la vez deja impresas en el texto ideas que ha  seguido la humanidad a lo largo del tiempo, una época no muy lejana donde el hombre era el epicentro de la sociedad. Lo único es que en este libro se trata de una manera más inocente y amable.

martes, 7 de julio de 2015

Marga


La hermosa, dramática y conmovedora historia de Marga Gil Roësset y de su amor imposible por Juan Ramón Jiménez ha quedado impresa en una serie de textos y anotaciones entre los que destaca el Diario, donde la propia artista reflejó su pasión no correspondida, que la llevó a suicidarse con tan sólo 22 años. El poeta lo guardó en una carpeta junto con otros papeles asociados a su vida y muerte, inéditos hasta ahora, dedicado a su memoria. Las estremecedoras palabras de la artista se presentan acompañadas de poemas, prosas o apuntes de Juan Ramón y de su mujer, Zenobia Camprubí, a los que se suman reproducciones facsimilares, ilustraciones o fotografías.
 Sólo puede haber algo parecido a estar bajo un sol de julio a las tres de la tarde, sin sombras ni brisas, sin posibilidad de resguardarte, desesperado: el desamor. O lo que es lo mismo: los amores no correspondidos o imposibles, la llama que calcina sólo a uno, la impotencia de no poder obligar al otro a que te ame, o al menos, a que te bese. «Ya no puedo vivir sin ti… no… ya no puedo vivir sin ti… tú, como sí puedes vivir sin mí… debes vivir sin mí…». Y con estas reveladoras palabras deja intuir la jovencísima Marga Gil Roësset –sólo tenía 24 años– su intención de quitarse la vida ante la indiferencia del poeta Juan Ramón Jiménez, de 51 y casado con Zenobia Camprubí. Marga, editado –y de qué forma tan exquisita por la Fundación José Manuel Lara–, compila los escritos, las cartas y las ilustraciones de la joven escultora y, además, los completa con poemas del Nobel y confesiones de la propia Zenobia y de familiares de Marga. Y entre todos han conseguido hacer un libro aterrador y desgarrado, una radiografía perfecta del desamor en carne viva, una de esas historias grises y terribles que ocurren en las casas y en los corazones y ante la que uno sólo puede llevarse las manos al pecho. Una verdadera catástrofe.
            La historia es, grosso modo, así: Marga, una joven tímida y talentosa –sus dibujos de adolescente son, sencillamente, apabullantes– hace amistad con el matrimonio Jiménez-Camprubí, que actúan, en cierto modo, como mecenas. La aconsejan, le dedican largas tardes, la acogen, la guían. Y ella, fascinada, les trae regalos y les promete esculpir un busto de cada uno. La joven empieza a obsesionarse con el poeta y, ante la imposibilidad de ser correspondida, decide suicidarse pegándose un tiro, no sin antes visitar a Juan Ramón y dejarle una carpeta con papeles que decía: «No la leas ahora». Ahí contaba todo: sus tristezas y sus desvaríos, las ganas de un beso, la necesidad de estar con su amado. «Mi amor es infinito… La muerte es infinita». Era 28 de julio de 1932. Y en esos escritos, con su letra temblorosa, queda retratada esa mujer agonizante que iba marchitándose por horas por culpa del amor. Hay un fragmento absolutamente MARAVILLOSO en el que Marga le escribe a Zenobia y le dice que, aunque la considera una amiga muy cercana, no dudaría en traicionarla si Juan Ramón quisiera algo con ella. Leedla:
            «Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón! Y aunque  enamorarse es algo que te ocurre porque sí, sin tener tú la culpa… a mí al menos, pues así me ha pasado… (…). En fin me he enamorado de Juan Ramón… y siendo tu amiga… y aquí está mi culpa… le he dicho que le quiero… y le he pedido que se case conmigo… ¡estaré loca! (…) perdóname… porque si me hubiera dicho que sí… ¡ay!... a pesar de que la idea de la amistad para mí es sagrada… yo habría pasado por todo… por todo lo que fuera preciso.»
            Y uno lee, pero tiene las manos atadas porque en esto del amor no se puede hacer nada. ¿Quién se atreve a juzgar a un enamorado? Marga se disfruta o se sufre, porque disfrutar con semejante tragedia da un poco de rubor. Su prosa es vibrante, está llena de vida y parece susurrada. A veces me pregunto si ella llegó a imaginarse que estas cartas iban a ser publicadas, porque están escritas desde el lirismo, desde la desesperación más bella. Las penas con poesía parecen menos penas. Me gustaría destacar aquí el estilo de Zenibia Camprubí –«Marga, quiero contar tu historia, porque tarde o temprano la contarán quienes no te conocieron o no te entendieron»–: una armonía interna perfecta, una gran sonoridad, una capacidad maravillosa de hablar de sentimientos.
            Marga es un libro, una explosión, un rato de llanto: una de esas catástrofes domésticas e íntimas que lo arrasan todo. Su tsunami particular. Su desamor queda dibujado aquí como un absoluto, como un agujero que la traspasaba. Amar así, sufrir así está permitido en la literatura. En la vida, uno debe ser más práctico. Por eso, lean este diario, lloren y tomen aire cuando el pellizco en el estómago no les debe seguir. El retrato de Marga como mujer no deseada es sublime: «Por momentos veo que me ¿quieres? menos, que no me necesitas en absoluto, que te hastío…»
           
PS: Y yo, les confieso, he llorado en la playa, junto al mar, con este peculiar triángulo amoroso, con tanta tristeza por culpa de un corazón débil.
PS: Tras la muerte de Marga, Juan Ramón Jiménez mandó hacer un aparador de roble sobre el que puso el busto de Zenobia que esculpió “la niña”. La cara de su esposa cincelada por la mujer que no quiso vivir sin él.