martes, 3 de diciembre de 2013

Feliz Cumpleaños Anabel


Tal día como hoy nacía una niña  curiosa, activa, y enérgica llamada Anabel Botella Soler.

Su temperamento y su imaginación fue el quebradero de cabeza de sus padres, pero también la luz que iluminaba cada uno de sus días.

Esa niña se hizo mayor, la inocencia de  su niñez dio paso a la seguridad y las ganas de comerse el mundo en  su juventud. Una juventud no muy lejana donde decidió que  haría de su oficio meterse en la piel de personajes tanto reales como de ficción; los escenarios a partir de ahora serían su hogar.

Curtiéndose en el noble arte de la interpretación conoció a un hombre igual de  imaginativo, quizás menos temperamental, pero lo más  destacable en él era su nobleza y su bondad.

Los años pasaban y la confianza entre ellos iba haciéndose más grande, tanto que  decidieron encaminar su carrera a hacer reír a  los más pequeños. Así nació Serpentina Teatro. Una compañía  forjada con ilusión y que tenía como reto uno de los oficios más bellos que uno pueda imaginar: hacer a los niños soñar.

Sus sueños no hacían más que comenzar, y uno de los más grandes llamó a su puerta: pronto, lo mejor de dos personas buenas confluiría en otro ser. Anabel sería mamá y tendría un curioso y despierto varón  al que llamarían Ian.

Disculpad las erratas y la falta de rigor en el relato, pero quería comenzar así las memorias de una de las mejores personas que conozco en este mundo literario. No hace falta que os la presente ya que muchos de vosotros/as la conocéis mejor que yo, pero como amigo que me considero,  es para mi un placer acercaros a la  maravillosa vida (muy sintetizada) de un ser bueno, temperamental sí, pero con una honradez que no le cabe dentro.

Agradezco todos los días haberme acercado un verano del 2009 al Fnac de Valencia, y tener la oportunidad de conocer a una de las blogger que más admiraba en aquella época, y que admiro incluso más ahora. Desde luego, nunca imaginé que de esa charla, vendrían muchas más.

Cuatro años de amistad, de entendimiento, de complicidad... Pese a la diferencia de edad que nos separa, Anabel siempre me ha tratado como a un igual, nunca ha caído en lo maternal, pero si me ha dado consejo sabios, como si de una madre se tratase. Pero no, Anabel es mi amiga, y es uno de los seres más actuales y modernos que he visto nunca.

La ventana de los libros es lo que es gracias a ella. El esfuerzo de una mujer por acercar su pasión a los demás, ha hecho de este espacio uno de los más relevantes del panorama actual, así que imaginad mi ilusión al querer hacerme partícipe de todo su trabajo, sin recelos, ni reservas.

Mira que es difícil que me quede sin palabras, miles de aventuras hemos pasado juntos, tus éxitos siempre los has hecho nuestros, tus sueños en mayor o en menor medida, siempre los has compartido con el visceral de Mr. S. Has sido mi "Pepito grillo" cuando amenazaba con perder los papeles ante  las injusticias de este mundo.

Eres grande Anabel Botella Soler, no lo sabes cuanto. Tu afán de superación es una constante que muchos deberíamos seguir, he visto tus logros como contadora de historias, y como la insegura escritora se convertía en la ganadora de uno de los premios más populares en la actualidad.

Explico esto  porque me siento grande. Grande por haber sido valiente y  asistir a una presentación, grande por acercarme a ti y decir que te seguía, grande por buscarte en face y pedirte amistad, grande por aceptar la mano que me tendías y enseñarme este mundo llamado blogger. En definitiva, ahora soy grande porque te tengo a mi lado como amiga.

Este es nuestro tercer año celebrando  tu cumpleaños, y espero que los  celebremos hasta que  no podamos seguir tecleando en el ordenador a  causa de la artrosis en los dedos.

TE MERECES  TODO LO BUENO QUE TE PUEDA PASAR.

FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRA.

TU AMIGO:


domingo, 1 de diciembre de 2013

Yo fui a EGB, Javier Ikaz / Jorge Díaz

Hola a todos. Hoy os traigo un libro nostálgico para todos los que vivimos la EGB, para todos los que aún sonreímos con al ver series como V, artistas como Sabrina o meriendas como La pantera Rosa. Se trata de Yo fui a EGB, de Javier Ikaz y Jorge Díaz, publicado por Plaza y Janés.


 
SINOPSIS: El libro que celebra el gran fenómeno de internet de los últimos años. Un recorrido nostálgico por los usos, las costumbres, las marcas, los programas, las canciones, la comida, etc., de una época que marcó a varias generaciones de españoles.
Si aprendiste los ríos y las cordilleras mientras mordisqueabas una goma Milán, si comiste empanadillas en Móstoles, si estabas entre dos tierras y no encontrabas el sitio de tu recreo, si para ti el tiempo era oro y jugabas al precio justo, seguro que fuiste a EGB.
Si llevaste hombreras o te echabas laca Nelly, si el primer libro que leíste fue El libro gordo de Petete, si tu primera lágrima fue porque Marco no encontraba a su madre, si el primer polo que te comiste fue un frigodedo, no hay duda de que tú también fuiste a EGB.
Los pitufos, Naranjito, Parchís, ET, las chapas, el seiscientos, Orzowei, los minerales, los gusanos de seda, los rotring, la teleindisdreta, la abeja Maya, los lagartos de V, la Botilde, The Final Countdown... Todos los que fuimos a EGB sabemos que hay mil historias que contar y estamos deseando retroceder en el tiempo para recordarlas todas en un libro totalmente ilustrado y escrito por los autores del exitoso blog Yo fui a EGB.

Yo fui a la EGB es un libro lleno de anécdotas y de fotografías de todos aquellos que niños que fuimos al colegio en los años 70 y 80. Son recuerdos de mi niñez, algunos olvidados y recordados mientras pasaba las páginas, con los que no he podido dejar de sonreír al ver las fotos que los autores han rescatado del baúl de los recuerdos. Este libro es la memoria de cómo jugábamos, merendábamos o qué veíamos en la tele. El libro tiene diez capítulos: “¿Qué queréis merendar?”, “Enamorado de la moda juvenil”, “Al recreo”, “Aparta, que no veo la tele”, “Carnet de videoclub”, “A clase”, “En el auto de papá”, “Tópicos, (¿a que tú también hacías…?)”, “Si pasas por el quiosco, tráeme…” y “De doble pletina”.




Desde luego, yo era de las que de vez en cuando merendaba una Pantera Rosa, un Tigretón o Bony (aún los sigo comiendo y me siguen gustando tanto o más que cuando era pequeña). Desayunábamos tazones de leche con Cola Cao y galletas María Fontaneda y nos llevábamos al cole Bollicaos (aún recuerdo la expresión de: Estás más bueno que un Bollicao). Muchas de nosotras éramos felices pintándonos los labios con una barra de chicle de color rojo. Y quién no ha comido después un Drácula o un Frigopie.


Mi primer reloj de pulsera fue un reloj que me pinté un reloj en la muñeca con un rotulador Carioca, que me quitaba antes de regresar a casa para que mi madre no me pillara. También fui de las que llevó hombreras (poco, todo hay que decirlo) y jugó con recortables comprados o dibujados por mí. Aún conservo mis primeras JohnSmith azul cielo.



Cuando salíamos al recreo jugábamos al escondite y si eras más rápido que el que pagaba, gritabas lo de: Por mí y todos mis compañeros. Entonces te convertías durante unos breves minutos en el héroe del patio. También nos llevábamos una caja de cromos, una goma o una cuerda para jugar, que guardábamos en un bote de Colón.


Nuestra oferta televisiva era escasa, pero las pocas series que veíamos, las disfrutábamos y las jugábamos más tarde en la calle. Porque si algo caracterizó a los niños de mi época fue que nos pasábamos las horas en la calle (salvo la hora de la sobremesa que todos estábamos enganchados a Mazinger Z, Heide, La abeja Maya o Marco). ¿Quién de nosotros no lloró con Marco? Esperábamos con ansia los viernes por la noche para ver Un, dos, tres… responda otra vez. Pero no puedo olvidar La bola de cristal, Juego de niños, Si lo sé… no vengo o El Precio justo. Muchos de nosotros sufrimos los dos rombos, señal de que la película o la serie era para mayores de 18 años. Me quedé con ganas de Dallas. Aún no entiendo qué tenía de escandalosa para mis padres no me dejaran ver esta serie. Y también fuimos de la generación de Verano azul, que silbaba cuando iba en bici.
  

Y llegó el DVD y con él empezamos a devorar las películas que ya habíamos visto en el cine. Aún recuerdo el día en que vi Grease en el cine y cómo soñé en parecerme a Olivia Newton John. Sin embargo, en aquella época ya empecé a seleccionar qué quería ver. No soportaba las películas de Esteso y Pajares, de Jaimito o Porky’s. Disfruté mucho con Kárate Kid, Esta casa es una ruina o Superdetective en Hollywood. Y con muchas de aquellas series forrábamos nuestras carpetas con las fotos de nuestros actores favoritos.

Si algo marcó nuestras clases fueron los lápices Alpino, los rotuladores Carioca o los colores Plastidecor o el boli de cuatro colores Bic. Aprendimos a escribir y a sumar y restar con los cuadernillos Rubio y hacíamos las manualidades con el Rotring. Nos devanábamos los sesos cuando teníamos que usar la escuadra, el cartabón o el compás. Y durante mucho tiempo nuestros padres tuvieron ceniceros de barro en la mesita de centro, que se rompían misteriosamente al cabo de unas semanas.


El primer coche que tuvimos fue un 600, donde cabía una familia de seis miembros, como la mía, los abuelos y las maletas. Así mismo, cuando salíamos de viaje, la tortilla de patatas era un clásico, además de las cintas de música que no podía faltar. No eran pocas las ocasiones en las que nos cantábamos una y otra vez las canciones de Los payasos de la tele.

Como todos los niños, nosotros decíamos algunas frases que ya han hecho historia como: Digamelón (cuando contestábamos al teléfono), Kitt, te necesito o Efectiviwonder.  Y cuando merendábamos y alguien nos pedía un poco de bocadillo, solíamos hacer dos cosas: A- Mi madre no me deja dar o B- poner el dedo como tope para que no se llevara medio bocadillo. Lo mejor era cuando cruzábamos los dedos para poder decir una mentirijilla.



Mi niñez estuvo muy ligada a los tebeos de Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Rompetechos o La familia Cebolleta. Releía una y otra vez estas historias, y por más veces que las releyera, no me cansaba nunca. También descubrí mis primeras lecturas como Los cinco, Puck o Los tres investigadores o las novelas de Julio Verne, Emilio Salgari o Robert Louis Stevenson. Tengo que decir que en casa también se leía Pronto, Vale y Super Pop para estar a la última de las novedades de los artistas.

Soy de la generación de las cintas de cassete y de rebobinar con un bolígrafo para no gastar pilas. Grababa y volvía a grabar en cintas vírgenes las canciones que sonaban en la radio. He bailado con Enrique y Ana, Regaliz, Los payasos de la tele y Parchís (de hecho yo estaba muy enamorada de Tino, el cantante). También fui testigo en una Noche Vieja cómo Sabrina, bailando, dejó ver una teta. Fue un hito en mi adolescencia.


En fin, hay muchas anécdotas que contar. Para todos aquellos que vivimos la EGB este libro os arrancará una sonrisa al recordar nuestra niñez, y para los que no lo vivieron, este libro es una muestra excepcional de nuestra generación. Por mi parte, totalmente recomendable.


 (Por si alguien se lo pregunta, soy la de la izquierda y en la mano llevo un maletín de la Nancy)

Porque como recuerdan los autores, leer este libro es similar a: Mi corazón late como un tomate y palpita como una patata frita.