El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías…
…―He venido a entregar a Harry a su tía y a su tío. Son la única familia que le queda ahora.
―¿Qué quiere decir…? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! ―gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando el número 4―. Dumbledore… no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen. Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí!
―Es el mejor lugar para él ―dijo Dumbledore con firmeza―. Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.
―¿Una carta? ―repitió la profesora McGonagall, volviendo a sentarse―. Dumbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Será famoso… una leyenda… no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry… Todos los niños del mundo conocerán su nombre…

Así comienza una de las sagas que me ha acompañado durante unos años. Me ha hecho reír, me ha hecho llorar, pero sobre todo he soñado con ser una bruja y no una simple muggle. Cuando conocí a Harry Potter no era precisamente una niña. Tenía casi treinta años, aunque la misma ilusión que cualquier niño que iba al colegio con mi hijo.

Conocí a Harry Potter en el año 1998, sin embargo no lo leí hasta el año siguiente. Durante ese tiempo mi pareja y yo le seguimos la pista y en cuanto llegó a España quisimos probar el mundo de Harry. Era un poco extraño ver a dos treintañeros y con un hijo enganchados a las aventuras de un niño de Once, pero nosotros nos habíamos declarado ya fans incondicionales de Harry Potter.

Tras leer la primera novela esperamos con ansias la segunda, que afortunadamente no tardó mucho tiempo en llegar. De la segunda a la tercera pasó poco más de un año y en unos años la colección la tenía terminada, y con el buen sabor en la boca de que ser parte de la Generación Harry Potter.
Ahora a nadie le extraña que haya una legión de fans de todas las edades, pero hace doce años no era así. Muchas mamás no entendían mi pasión por los libros y menos por una novela que supuestamente era para niños.

En muchas ocasiones me encontraba hablando con chavales de doce, trece o catorce años sobre Harry Potter. Entonces escuchaba algo así: Jo, mamá, ¿por qué no te gusta leer Harry Potter? Y como quien no quiere la cosa, los chicos del colegio de mi hijo y yo comentábamos escenas de los libros, que si la carta para ir al Colegio Hogwarts de Magia y de Hechicería, o lo graciosa que era Myrtle, la llorona, que si la desaparición de Sirius Black, o el beso de Ron y de Hermione y lo mucho que nos gustaba el ejército Dumbledore.
Cuando yo tenía once años me gustaba leer libros de este tipo, aunque en ese momento había muy pocos en el mercado. Ya en ese tiempo deseaba que ocurriera algo extraordinario en mi vida, como vivir dentro de un árbol del que nadie más que yo supiera su ubicación, ser una súper heroína o que alguien me dijera que era la hija de una reina de un reino olvidado. Creo que si con once años recibo una carta como la que recibió Harry Potter, Ron o Hermione hubiera sido la niña más feliz del mundo.

Recuerdo cuando estrenaron la cuarta película en el cine y mi pareja, mi hijo y yo fuimos unos días después a verla. El día ideal era un 25 de Noviembre del 2005 (sé que es una fecha como otra cualquiera, pero para nosotros tiene un significado especial porque es nuestro aniversario). Para nosotros no había mejor regalo que ver en la pantalla a Harry Potter. Igual para muchos puede ser un regalo insignificante, aunque para nosotros adquiría un lazo más en nuestra relación.

Hoy con 40 años sigo esperando una carta como la que llevó a Harry Potter a ese colegio de Magia, una carta que cambió su vida, nuestras vidas, porque una carta tiene ese poder y mucho más.





