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jueves, 25 de abril de 2013

Brújulas que buscan sonrisas perdidas, Albert Espinosa

Hola a todos. Hoy os traigo la reseña de Brújulas que buscan sonrisas perdidas, de Albert Espinosa, publicado por Grijalbo.

SINOPSIS: «Jamás nos mentiremos… Escúchame bien, eso implica algo más que ser sincero… En este mundo mucha gente es falsa… Las mentiras te rodean… Saber que existe un archipiélago de personas que siempre te dirán la verdad vale mucho… Quiero que formes parte de mi archipiélago de sinceridad…

»Saber que puedes confiar en la otra persona, que nunca te mentirá, que siempre te dirá la verdad cuando se lo pidas, no tiene precio… Te hace sentir fuerte, muy poderoso…
»Y es que la verdad mueve mundos… La verdad te hace sentir feliz…La verdad creo que es lo único que importa…»

El protagonista de esta historia, del que desde un principio no sabemos ni siquiera su nombre, tiene que hacerse cargo de su padre, un director de cine con el que hace muchos años que no habla. Nunca hubo buena comunicación con él. Cuando regresa a la casa familiar los recuerdos van apareciendo, y poco a poco vamos conociendo la vida de este hombre, la relación que ha tenido con sus otros tres hermanos y con su madre fallecida.

Esta novela se presenta como una historia de segundas oportunidades, que pretendidamente te emociona desde la primera página. Y digo pretendidamente porque la novela no me emocionó como yo esperaba.

Me gusta la historia que cuenta el autor, pero no cómo la aborda. He tenido la sensación, que durante toda la historia, se le daba mucha más importancia a las “frases reflexivas” que a la historia en sí.

El autor se hace valer de la primera persona para contar la historia, por lo que es más fácil identificarte con el protagonista. Sin embargo, en algunas ocasiones me ha costado sentirme identificada con los problemas de este hombre y con sus circunstancias. Ha pasado por encima de muchos momentos interesantes sin profundizar demasiado en ellos. Quizás, gran parte del problema que le he encontrado a la novela es el abuso de los puntos suspensivos. Es como si el autor subrayara continuamente dónde te tienes que emocionar, dónde tienes que pensar o en qué punto de la historia te tienes que identificar con el protagonista. En este caso prefiero ser yo quien saque las propias conclusiones.

El autor también tiene momentos para la ternura, sobre todo cuando habla de las hijas del protagonista, o cómo la enfermedad ha creado el vínculo especial que no existía entre el protagonista y su padre.

La novela se lee muy rápida y los capítulos son cortos, cosa que se agradece en este tipo de lecturas más reflexivas.

Conozco al autor por su faceta de guionista (Pulseras rojas) y además he leído una novela anterior que me gustó bastante. Con esta obra he sentido que muchas de las cosas que narraba las había oído-leído en otras creaciones suyas, por lo que no me ha sorprendido tanto. Y es una pena que esas frases que tanto me han gustado en otras obras no sean exclusivas de esta historia. 

Aun así, a pesar de no ser la mejor novela que he leído del autor, me ha gustado encontrarme con Brújulas que buscan sonrisas perdidas (un título que me encanta). 


Con la colaboración de Grijalbo