Hola a todos. En esta nueva temporada también vamos a hacer una sección de reseñas express.
Hoy os traemos Largo Haiku para un viaje, de Susy Calcina Nagai y publicada por Algón Editores.
Lujo, aristocracia, guerra, pasión, hambre, amor, soledad, se unen en este relato de la vida de una mujer extraordinaria. Jaruko, o Anna Rosso, nos invita con la historia de su pasado a una travesía tan apasionante como conmovedora. Un viaje al pasado, recorriendo ciudades como Nagasaki, Shangai, Los Ángeles o Siracusa, ante el horizonte infinito de tres océanos y dos mares, viviendo los contrastes y penalidades en tres continentes, hasta el puerto de la Guaira en Venezuela, que será la puerta de entrada a un destino definitivo. Ese final de una vida en Barquisimeto, la ciudad venezolana de los crepúsculos.
Esta novela nos narra la vida de la familia de Jaruko, cómo salió de Japón y qué le llevó a cambiar su nombre por el de Anna. Jaruko se nos muestra como una mujer de temperamento fuerte, culta y sensible al arte. Su carácter japonés pesa mucho sobre ella. Antonio, en cambio, es un hombre más apegado a la familia y a la religión. Como buen italiano del sur, ama la cocina y las tradiciones. Su deseo es tener una mujer que cocine tan bien como su madre.
Desde el momento en el que Jaruko-Anna se casa con Antonio, observamos que el amor entre ellos no es fácil, ya no solo por una cuestión idiomática, sino también por las diferencias culturales.
La primera parte de la novela transcurre en China, donde el matrimonio tiene cinco hijas. En estos años, la pareja conoce la buena vida gracias al éxito empresarial de Antonio, como también sufre los estragos de la guerra y la miseria. En este caso, me parece mucho más atractiva esta parte, además, desde mi punto de vista, está mejor escrita.
En la segunda parte, conocemos todas las peripecias que tienen que afrontar Antonio y Anna hasta que la vida los vuelve a juntar de nuevo en Venezuela.
La autora mantiene un buen ritmo durante toda la trama y hace un buen retrato de todos los personajes, sobre todo de Jaruko-Anna. Desde luego, es una historia apasionante, una de esas historias que podríamos ver perfectamente en una sala de cine. Creo que se podría guionizar y sacar una buena película de esta novela.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que la autora ha pasado parte de su vida en Venezuela y eso se nota en la narración por la utilización de localismos. No es molesto, pero resulta llamativo para lectores poco habituados a leer a autores sudamericanos.
Con la colaboración de Algón Editores
Con la colaboración de Algón Editores
