Hola a todos. Hoy os traigo la reseña de una novela que me ha
gustado desde la primera a la última página. Se trata de Las
ventajas de ser un marginado, de Stephen
Chobosky y publicada por Alfaguara.
Charlie es un chico de
quince años un poco especial. Tras el suicidio de su mejor amigo decide contar
en forma de cartas las experiencias de su primer año en el instituto. Charlie
tiene miedo a lo que está por venir, a no tener amigos, a no saber qué hacer en
cada momento. Es un buen estudiante, y
Bill, su profesor de lengua, le recomienda clásicos de la literatura americana,
que devora con pasión. Además de la literatura le gusta la música, con la que puede expresar muchas veces lo que
siente.
Al poco de llegar al
instituto conoce a Sam (una chica de la que se enamora) a Patrick. Gracias a
ellos empieza su camino hacia la madurez. Conoce las drogas, el sexo, el
desamor, aunque lo más importante es que aprende con cada nueva experiencia.
Si tuviera que definir esta novela
sería como maravillosa. Y es
curioso, que siendo una historia que tiene más de veinte años, sea tan actual.
Esto es lo que pasa cuando una novela es buena, que se convierte en un clásico
y que envejece muy bien.
Lo bueno de Las ventajas
de ser un marginado es que el autor narra el primer año de instituto de un
chaval que aún no ha cumplido los dieciséis años, aunque lo que le ocurre a
Charlie no es tan diferente de lo que podría ocurrirle a un chico en esta época
que vivimos.
Charlie tiene miedo de lo que le depara el futuro, pero es el
mismo miedo que hemos sentido todos en esta época de la vida. No obstante, Charlie pasa esta etapa
abierto a experiencias, con los ojos abiertos, ya
que muy pronto entiende que es la única manera que tiene de alcanzar la
madurez.
En este viaje hacia la madurez se encontrará con Sam y con
Patrick, dos personajes muy importantes en este año decisivo para Charlie.
Gracias a ellos descubre la verdadera amistad, aunque también descubre la
tristeza, el amor y el desamor.
Como he comentado antes,
Charlie es un personaje muy especial, que si bien al
principio te choca esa manera ver el mundo tan inocente y enternecedora,
muy pronto empatizas con él y te conviertes en algo más que un espectador de su
vida. Sufres, ríes y te emocionas con todo lo que le pasa a Charlie. Hay
momentos que son tristes, pero hay otros muchos que son divertidos.
Y si Charlie es especial también lo son Sam y Patrick. La construcción de los personajes es el mayor
acierto de esta gran novela, desde la familia de Charlie hasta los amigos que
va conociendo en este primer curso de instituto.
Por más que haya buscado algún elemento que no me haya gustado
de la novela no lo he encontrado. Quizás
la portada no es del todo muy llamativa, pero la historia es tan bonita que
pasarás por alto este pequeñísimo detalle.
¿Qué más decir? Tenéis que leerla.
