SINOPSIS: Si alguien decidiera crear una lista de crímenes idiotas, un secuestro exprés en una isla solo figuraría después de un atraco a una comisaría o a un banco de semen, de ahí que constituya sin duda la fechoría más absurda del mundo. Y eso es precisamente lo que deciden llevar a cabo Lola, el Marqués, el Flipao y el Salvaje en un plan infalible que además es muy sencillo de ejecutar, al menos sobre el papel.El Marqués y Lola son dos estafadores de poca monta que se conforman con engañar a turistas a las puertas de los hoteles. Pero esto cambia el día en el que El zurdo les propone un secuestro que no puede fallar. Para llevar a cabo esta empresa, El Marqués y Lola implican a algunos colegas. Paco, el Salvaje, el Flipao, el Margarito lo acompañarán en este rocambolesco viaje hacia ninguna parte. Es así como se aventuran a secuestrar a la hija de un pez gordo de Gran Canaria. Todo parecía fácil sobre el papel. Era el plan perfecto para que cada uno pudiera pasar un tiempo sin tener que dar un buen palo. Sin embargo, pronto se darán cuenta de que su plan hace aguas por todas partes y el secuestro se convierte en una chapuza.
Pero Gran Canaria es una isla rodeada de agua por todas partes menos por una, que se llama Isidro Padrón, un hampón disfrazado de empresario que a su vez despacha con un ruso que no tiene nombre, y si lo tiene nadie lo dice, por lo que pueda pasar. Desbaratar el plan de cuatro malhechores de pacotilla entra dentro de lo factible. Para él es cosa fácil, aunque también en teoría.Lo que todos ignoran es que en apenas veinticuatro horas ninguno de ellos será como es ahora porque habrán abierto la puerta del infierno.
El comienzo de la novela me recordó a El crepúsculo de los dioses, porque el lector sabe que ha muerto
gente, siete para ser más exactos, pero no sabe quiénes han sido. A lo largo de
la trama contaremos con los dedos de las manos quienes van muriendo y vas
contando quienes quedan en el juego.
Empecemos por el principio. Esta historia se ubica en un lugar
en el autor que se siente muy cómodo. Ya no solo porque sitúe esta novela en
Gran Canaria, una ciudad que conoce, sino más bien por ese trasfondo que
advierte el lector en los diálogos de los personajes o en el ambiente en el que
se mueven. El autor tiene la habilidad de crear personajes muy reales,
creíbles, sórdidos, con sus miserias, y dentro de un marco que es un fiel
reflejo de ellos mismos. Estos personajes no son más que unos pobres diablos
que buscan dar un buen palo para dejar de trapichear durante un tiempo.
Me sorprende, al igual que he observado en otros autores de
novela negra, cómo Alexis muestra una sociedad corrupta, y cómo esa ciudad tan
brillante que sale en los catálogos de las agencias de viajes, no se
corresponde con la realidad. Gran Canaria no es un maravilloso lugar, esta
ciudad está tan podrida como esa basura que advertimos a medida que vamos
avanzando en la trama. Porque no solo el autor cuenta cómo un plan perfecto se
puede ir a la mierda en cuestión de segundos, sino que también el lector observa
que hay conciencia de denunciar todos los abusos y tropelías que hacen los
políticos de turno en la isla. Y es que, por mucho que se empeñen los de
arriba, los políticos honestos no existen, y si existen, tienen que estar bien
escondidos debajo de una piedra. A veces, leyendo este tipo de novelas, me da
la sensación de que los políticos no son más que un reflejo de la sociedad, y
que por tanto, no son ellos quienes tienen que cambiar, el cambio se debe
producir desde abajo.
En fin, solo puedo recomendar esta novela si os gustan las
historias bien narradas. Sus diálogos están muy bien trabajados y ágiles. Sabe
elegir las palabras adecuadas para impactar al lector como certeros puñetazos. Las flores no sangran es una novela que tardarás en olvidar.
