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domingo, 11 de abril de 2010

Aquellos chicos que nos hicieron soñar: Darcy

Darcy

Hola a todos. Tras una semana de intenso trabajo, hoy me toca descansar, leer y rescatar del olvido la sección de: Aquellos chicos que nos hicieron soñar. Hoy le toca el turno a Fitzwilliam Darcy, caballero inglés de 28 años y el protagonista masculino Orgullo y prejuicio, que tan buen sabor de boca me dejó Jane Austin (y eso que la versión que tengo es horrible. A Elisabeth, como todos los personajes se les ha traducido el nombre. Elisabeth es Isabel o Jane es Juana, por no hablar de las erratas y las faltas que tiene).

Conocí al señor Darcy el año pasado, y ya desde las primeras páginas advertí que, todas las referencias que se hacían hacia él en todos los blogs que leía sobre la novela, eran más que justificadas. En un principio se muestra como un hombre desagradable, orgulloso y distante, no sólo con Elizabeth Bennet (Lizzy), si no en general con todas aquellas señoritas que lo pretenden.


Sin embargo esto no es más que una pose, una máscara que se irá deshaciendo a lo largo de toda la novela. Y éste, es quizás, el mayor atractivo de Darcy. Es como el príncipe azul con el que muchas hemos soñado, un caballero que caerá rendido a los brazos de Lizzy y hará cualquier cosa para conseguir su amor.

Está claro que Darcy no sería el mismo sin Lizzy, pues ella es la horma de su zapato, una mujer que no está dispuesta a venderse al mejor postor. Lizzy es una mujer culta, sin pelos en la lengua, de indómito carácter, que prefiere quedarse soltera a casarse con su primo lejano para salvar la casa familiar. También es cierto que el señor Bennet es indulgente en esos aspectos con Lizzy, pues sabe mejor que nadie que ella no es como sus otras cuatro hijas.


Para poner en antecedentes, Darcy es un caballero que tiene una paga mensual de 10.000 libras al año, una cantidad más que sustancial en aquella época. Darcy llega a Netherfield Park con Charles Bingley, su mejor amigo. Charles organiza un baile y se enamora de Jane, la mayor de las Bennet, considerada como una mujer bella y sensible por todos quienes la conocen. En éste primer baile Darcy deja claro que no le interesa Lizzy. Su belleza y su lengua no son lo suficientemente atractivas para que Darcy les preste atención.

Lizzy ha escuchado las palabras de Darcy y enseguida le deja claro cuál es su postura. Aunque el destino suele ser caprichoso, y ya en ese primer encuentro surge cierto sentimiento de Darcy hacia Lizzy. Aún así el camino que llevará a Darcy a los brazos de Lizzy es largo, tortuoso, pero vale la pena.

Estaban a menos de veinte yardas, y su aparición fue tan repentina, que resultó imposible evitar que los viera. Los ojos de Elisabeth y de Darcy se encontraron al instante y sus rostros se cubrieron de intenso rubor. Él se paró en seco y durante un momento se quedó inmóvil por la sorpresa; se recobró enseguida y, adelantándose hacia los visitantes, habló a Elisabeth, si no en términos de perfecta compostura, al menos con absoluta cortesía…

Darcy se va mostrando como lo que es en realidad: dulce, comprensivo y para nada arrogante. Entonces, conforme vas conociéndolo, vas suspirando una y otra vez para que alguien así caiga en tu vida y traspase las páginas de esta maravillosa novela y te dedique unas palabras con las que consolarte.

Orgullo y prejuicio, Darcy y Elisabeth, es una gran novela que, sin duda, recomiendo leer a todo el mundo.

Próxima entrega: Kirtahs
Mañana una nueva reseña: Blanca como la nieve roja como la sangre