


Cuántas noches soñé con ser como Arwen, pero por más que miraba en el espejo mis orejas no se volvían puntiagudas y mis ojos no adquirían las cualidades de los elfos. Así que me tuve que conformar con soñar con Aragorn día y noche.
Puede que Tolkien le diera un poco de misterio a la figura de Trancos en un primer momento, pero os puedo asegurar que con la primera descripción me cautivó:
De pronto Frodo notó que un hombre de rostro extraño, curtido por la intemperie, sentado en la sombra cerca de la pared, escuchaba también con atención la charla de los hobbits. (…) y a pesar del calor que había en el cuarto llevaba una capucha que le ensombrecía la cara; sin embargo, se le alcanzaba a ver el brillo de los ojos, mientras observaba a los hobbits.
(…)
Frodo se acercó y el hombre se sacó la capucha descubriendo una hirsuta cabellera oscura con mechones canosos y un par de ojos grises y perspicaces en una cara pálida y severa.
-Me llaman Trancos –dijo con voz grave-. Me complace conocerlo, señor… Sotomonte, si el viejo Mantecona ha oído bien el nombre de usted.
Y la narración no hacía más que confirmar mis sospechas de que Aragorn era el candidato ideal para soñar con él. Tras perder a Gandalf en el combate con el Balrog de Moria, Aragorn pasó a ser el líder de la Comunidad. En la batalla final, en la Guerra del Anillo, Aragorn desempeñó un papel funadmental en la derrota del ejército de Saruman en Cuernavilla. Mandó a los Muertos de Sagrario y capturó la flota de Pelargir. Su llegada con nuevos aliados a la Batalla de los Campos de Pelennor salvó a Gondor, y se puso al mando del Ejército del Oeste ante la Puerta Negra de Mordor.

Estas escenas me emocionaron tanto que ha sido la única novela que he releído una vez que la terminé. Por más que busqué en otras historias pasaron muchos libros antes de encontrar a un nuevo candidato. Y vosotros, ¿también os habéis leído El señor de los anillos? ¿Qué os parece Aragorn?



