Volvemos y hacemos un cameo por la literatura del diecinueve. Sí, también de vez en cuando me gusta introducirme en este tipo de libros. Por esta vez tomaré el papel de mi querido Daniel Blanco. Como él ya hizo uno por el álbum ilustrado, veo justo que yo haga un cameo por esta rica literatura. En la variedad está el gusto, o al menos eso dicen ¿no?Un joven ingeniero retenido por su trabajo en una pequeña localidad de Massachussets observa a un hombre lisiado y envejecido que recoge en la oficina de correos una revista y un sobre con medicamentos. Es invierno y el ambiente del pueblo es claustrofóbico. El aspecto educado del hombre, la edad que no corresponde a su físico, los misteriosos silencios y prevenciones que despierta su presencia en los demás, su vida casi aislada en una destartalada granja con dos mujeres, llevan a preguntarse al ingeniero por qué sigue viviendo en un sitio de donde, como dicen los lugareños, «casi todos los listos se marchan». Pero el hombre tiene un motivo para no haberse marchado, o para haberlo intentado y nunca conseguido: una historia en la que se mezclan la fatalidad del destino y todas las sutilezas del amor prohibido.
En
ocasiones es altamente recomendable dejar atrás momentáneamente la literatura
algo más comercial, para adentrarse en los grandes clásicos de los siglos que
nos precedieron. Edith Wharton demostró que era una mujer moderna y rebelde para
su época, criticando la estética victoriana que le tocó vivir y denunciando las
buenas maneras y actitudes de ese periodo. Ya sólo leyendo la nota de autora de
este libro, uno se da cuenta de que los miedos, aspiraciones y anhelos de los
escritores quizás, pudieran variar en
según qué aspectos, pero el trasfondo final era el mismo: la necesidad de
escribir como modo de subsistencia, el miedo a no saber elegir el tema
correcto, y las ideas sirena que iban
llegando en el proceso creativo que
podían alejar a su autor del eje final de la trama.
Queridos
lectores/as, ya sólo con esta nota de la autora supe que mi amor por ella sería
eterno. No sólo por un estilo que deja a las claras la complejidad, el mimo y
la delicadeza con la que la autora fue dibujando esta historia, sino por la
simplicidad con la que presenta ese armazón que supone la trama. Uno cuando
piensa en literatura decimonónica lo primero que le viene a la mente es
dificultad en su lectura, periodos oracionales largos, excesivas figuras
estilísticas etc… Pues no. Ella presenta la vida de un ingeniero que desde el
principio pasa por el texto como el personaje misterioso que le toca ser, y
gracias a una helada en casa del
protagonista, que en el momento en que comienza la historia es chofer, sabemos
en un diálogo con otro de los personajes todas las vivencias de este magnífico
protagonista.
La
estructura es altamente compleja, alterna las vivencias actuales con los
recuerdos del pasado. Imaginad la vida de un joven inteligente y emprendedor
que por avatares del destino tiene que vérselas constantemente con la fiel amiga desdicha. Un
padre que muere, una madre enfermiza y una cuidadora que pronto necesitará
cuidados. La parte más dulce viene con la llegada de Matthie, un ser dulce
y refrescante que le devolverá a Ethan las ganas de
ilusionarse. Hay un problema en esta relación, que a ojos de la sociedad es
técnicamente imposible.
Esta
es la historia y la vida de un personaje. Un ser que constantemente tiene que
luchar para sobrevivir, cuya desilusión por la vida hace que su corazón se vaya congelando como
los nevados bosques que tiene que observar cada día. Edith va más allá, plasma
los miedos y las inquietudes de un ser humano que ha perdido las ganas de
luchar por sus sueños, y lo hace de una manera magistral.
La autora te transporta por esos parajes. Eres
capaz de sentir la nieve, notar el frío
seco de un paraje nevado, el olor a leña recién cortada y el característico
olor de hojarasca quemándose.
Los
clásicos son clásicos por algo, y Ethan Frome es el reflejo de toda una vida
que podríamos vivir cualquiera de nosotros, ya que no se necesita la nieve para
enfriar un corazón desilusionado.
