martes, 11 de junio de 2019

Darwin viene a la ciudad


Las ciudades constituyen un ecosistema nuevo, diferente y acelerado. En ellas conviven multitud de especies, que deben buscar nuevas estrategias de supervivencia para adaptarse a un entorno siempre cambiante. Hay lagartos con patas adaptadas al asfalto. Las cotorras invaden los parques de París, mientras que los escarabajos australianos se sienten atraídos sexualmente por las botellas de cerveza. Más cerca, tenemos peces acostumbrados a la contaminación de los ríos, mariposas que cambian de color según la polución del ambiente y flores que diversifican la forma de sus semillas. La evolución ya no es cosa de entornos apartados, ni se produce a lo largo de los siglos: se está produciendo aquí y ahora, en los entornos urbanos, prácticamente ante nuestros ojos.



Acérquense, no se pierdan este espectáculo. Háganme caso, nunca han visto nada igual. La Naturaleza es inagotable en su capacidad de sorprendernos, de hacer algo parecido a la magia. Lo que les voy a contar va a cambiar –y para siempre- la forma en la que ustedes van a ver su entorno, su calle y su ciudad. Van a dejar de observar los paisajes con sus ojos de humanos. Todos hemos escuchado hablar de la evolución de las especies, de la selección natural, de todas esas transformaciones que tardan siglos en apreciarse en los seres vivos. Pues les adelanto que quizás no hagan falta siglos para verlas, que quizás vamos a ser testigos directos de esta revolución. Y el responsable no es otro que Menno Schilthuizen, importantísimo biólogo e investigador, autor del libro Darwin viene a la ciudad. Evolución de las especies urbanas, un ensayo publicado por la exquisita editorial Turner Noema que nos muestra –nos lo pone frente a las narices- cómo las ciudades están obligando a muchísimas especies a evolucionar para sobrevivir. Sí, así, como lo oyen. Muchas especies están experimentando cambios para adaptarse a las ciudades, para convivir con los humanos, para acostumbrarse al asfalto, al ruido, a los coches. ¿No se lo creen? Sigan leyendo. 
             El futuro a corto y medio plazo, supongo que ya lo intuyen, será de las megaurbes, donde se concentrarán hasta diez millones de habitantes. Estos espacios, donde hay más polución e incluso hasta doce grados más que en los campos circundantes, no sólo estarán poblados por seres humanos sino también por animales. ¿Nunca lo han pensado? ¿Cómo influyen las ciudades (y todo lo que conllevan) en la evolución de las especies? Por lo pronto, quédense con algunos ejemplos: pájaros que usan colillas de cigarros para hacer sus nidos, aves que, para comunicarse con sus iguales, han desarrollado un canto más agudo en medio del ruido del tráfico, perros de una determinada zona que ya miran a los dos lados antes de cruzar la carretera, plantas silvestres más variadas en las zonas con inquilinos más pudientes, escarabajos que copulan con botellas de cerveza porque las consideran irresistibles e incluso pájaros que han aprendido a esperar en los semáforos a que los coches paren para ponerle bajo las ruedas nueces y que así se las abran. No me digan que no se quedan con los ojos redondos, mudos de asombro. Y esto, señores, es sólo un adelanto de lo que las ciudades están provocando en el mundo animal y vegetal, una muestra de cómo no somos la única especie de va a colonizar las grandes urbes. 
              No hace falta recurrir a la ciencia-ficción cuando tenemos Darwin viene a la ciudad, un ensayo rigurosísimo pero accesible sobre un tema en el que pensamos muy poco: cómo los animales también se están adaptando a las ciudades. A nosotros, en varias generaciones, se nos desarrollará el pulgar para poder manejar mejor la pantalla del móvil y los lagartos tendrán las patas más fuertes o los pájaros los picos más largos para adaptarse al nuevo entorno. El cambio ya está en marcha y es imparable. Este libro es una clase magistral, una catarata de conocimiento. Y es que, no en vano, estamos en manos de uno de los mejores en este campo, el autor, que tiene la virtud de hacer este tema interesante, cercano, estimulante, incluso para lo que no somos expertos en la materia.
             Darwin viene a la ciudad para enseñarnos a mirar nuestro entorno con otros ojos, para que nos fascinemos con lo que hace el afán de supervivencia de los animales, su empeño por sobrevivir. Este ensayo está tan bien planteado que se lee como un cuento o como un libro fantástico, uno pasa las páginas con absoluta devoción porque nos habla de lo que pasa aquí y ahora, en nuestras ciudades. Y sepan algo, que los animales urbanos son más listos y están más abiertos a los cambios que los de su especie que viven en el campo. Léanlo, maravíllense y sientan esas ganas de salir a la calle y de mirar el cielo, los árboles, el suelo, porque la magia está ahí fuera, aunque Menno Schilthuizen nos haya mostrado un poco en este libro. Imprescindible 

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