miércoles, 8 de noviembre de 2017

El futuro tiene tu nombre, Brenna Watson


SINOPSIS: ¿Y si tu marido fuese tu peor enemigo? ¿Y si ni siquiera su muerte te librara de él?
Cuando el barón Hamilton fallece de forma inesperada, su viuda, la joven Marian Fillmore, cree que por fin se verá libre de un esposo abusivo y maltratador. Sin embargo, las condiciones que establece en su testamento la obligan a permanecer atada a un lugar al que odia y a su cuñada, tan cruel y déspota como su hermano.
La llegada del hijo del barón, procedente de América, será la única luz de esperanza en el porvenir de Marian. Solo él será capaz de cambiar su destino y el de las personas a las que ama, aunque el precio a pagar será demasiado alto.

El futuro tiene tu nombre es la primera novela de Brenna Watson, no sé si la primera que ha escrito, pero sí la primera que ha publicado. Reconozco que leo muy poca Regencia, y cuando descubro una siempre suelo sorprenderme porque me bastante como para no leer más.

Esta es una novela que parte de una idea que me ha parecido original. La protagonista es víctima de maltrato, no solo por parte de un marido que la desprecia, sino también lo es por parte de la hermana de su marido. Incluso cuando el marido muere, una cláusula en el testamento la obliga a estar atada a la cuñada. Sin embargo, el hijo del barón, Derek, parece diferente. La impresión que Derek se ha llevado de Marian es muy buena, y lo mismo ocurre de ella hacia él.

La autora comienza esta novela sin contemplaciones, mostrando a la protagonista que es víctima de maltrato, no solo físico sino también psicológico. Nos muestra que en las clases pudientes también existía este problema y que una “buena educación” no hace mejores personas.

Marian es una mujer que no ha podido decidir nunca nada, no es dueña ni de sí misma. Su padre la “vendió” al mejor postor, un barón que la humilla día tras día. Lo mismo le pasa con la cuñada, una mujer amargada que paga su frustración con Marian. Todo parece cambiar cuando Derek conoce la situación que su padre ha dejado a la mujer con la que ha compartido lecho marital. Los problemas no terminan cuando Derek decide actuar, Marian también tiene que lidiar con los convencionalismos de la clase social a la que pertenece, unas normas muy rígidas, y como siempre será la mujer la que saldrá perdiendo.

La historia de amor entre Marian y Derek se va cociendo a fuego lento, aunque la atracción entre ellos se palpa desde que se conocen. Mientras que Marian tiene claro sus sentimientos, Derek no quiere saber nada de compromisos porque le aterra parecerse a su padre, pues también sufrió su desprecio desde que era pequeño.

De los personajes secundarios, me quedo con los dos niños de esta historia. Tengo debilidad por los más pequeños. Creo que el papel de ellos es importante porque Derek se sentirá como en familia, un sentimiento que perdió al morir su madre.

Sí que es cierto que el tema del maltrato lo toca por encima, pero es un detalle que no me molesta porque en estas novelas lo que me gusta saborear es la historia romántica.

El futuro tiene tu nombre es una historia entretenida y ágil. La autora ha sabido combinar un tema tan peliagudo como el maltrato con una trama que en momentos resultaba dulce. Si os gusta este tipo de novela, echadle un vistazo.

  

martes, 7 de noviembre de 2017

Toda una vida


A principios del siglo XX, llega a una pequeña aldea perdida en los Alpes el pequeño Andreas Egger, tras ser abandonado por su madre con apenas cuatro años. El niño crece sometido a la férrea disciplina de su tío, y su horizonte se agota en la cadena de enormes montañas que rodean el valle. Así, entre esas cimas de nieves perpetuas y esas paredes rocosas de fiereza salvaje que en su juventud laceraron su corazón con gélida impiedad, la vida de Andreas discurre entre la rudeza del entorno y una forzosa adaptación a los cambios que impone el progreso. Y aunque la construcción del teleférico y la irrupción del turismo de masas, con el consiguiente aluvión de excursionistas y esquiadores, desfiguran el microcosmos mudando las costumbres ancestrales, al final de sus días el octogenario Andreas permanece fiel a su naturaleza, contemplando una puesta de sol o bebiendo leche recién ordeñada con el mismo arrobo con que cincuenta años antes observaba embobado a la única mujer que le fue dado amar.


Estaréis conmigo en que estamos perdiendo la costumbre de mirar y admirar la Naturaleza. Sí, el campo, los ríos y los árboles están aquí, forman parte de lo que nos rodea, pero nos hemos quedado sin tiempo para prestarles atención. Y todos decimos en algún momento de estrés: ¡Cuánto necesitaría perderme en mitad de un bosque y olvidarme de todo! Y de repente, irrumpe en las librerías, como una planta rara y exótica, un libro que ahonda precisamente en eso, en la relación del hombre con la Naturaleza: un cara a cara sin artilugios y sin artificialidades, una conversación preciosa y profunda entre el ser humano y su entorno, sobre el pulso que se echan continuamente. Se miran a los ojos, se retan, se comprenden y, al final, se respetan. Hablamos de Toda una vida, una de las últimas apuestas de la editorial Salamandra, escrita por Robert Seethaler y en la que se nos narra la historia de un hombre solitario, Andreas Egger, que no termina de entenderse con sus semejantes, pero que está íntimamente conectado a su entorno: al frío invierno, a la letal nieve, al viento y a las rocas. A la cara más cruel de lo que le rodea.
            Hay algo descorazonador en la vida de este protagonista. Es quizás esa indefensión del ser humano frente a algo más poderoso y más antiguo que él: la Naturaleza. Conocemos a un niño huérfano que termina viviendo con un tío que lo pone a trabajar y que lo deja cojo de una paliza. Que crece trabajando en el establo, pero que aprende a leer hasta que huye y se independiza. Que se casa después con una mujer que se queda embarazada y… y bueno, no quiero contar más, pero termina enrolándose en una compañía que construye un teleférico y pasa ocho años prisionero en Rusia. Y todo ello con dos constantes en la narración: el frío polar y la soledad enorme. Y el ser humano, debatiéndose entre una y otra, sobreviviendo como puede, avanzando a pesar de los pesares, en esta fábula que acaba convertida en una reflexión sobre la supervivencia, sobre el camino de la vida, sobre esa soledad perfecta, íntima. Porque si algo cuenta este libro es el viaje iniciático de un hombre que no pasará a la Historia, de alguien que camina por la nieve y sólo deja sus huellas, y por poco tiempo.
            Toda una vida es tan relajante como contemplar un paisaje atardecido. Tiene esa belleza callada de los colores, esa capacidad de dejarnos sin palabras de las cosas que son más grandes que nosotros. Robert Seethaler cuenta sin prisas y describe sin despistarse. Todo en su prosa es exacto y conciso, todo se debe a la Naturaleza y a la verdad. El ritmo, aunque tranquilo, fluye, avanza, se desliza. Y el personaje, y ése es uno de los grandes aciertos de la novela, comulga con su entorno, llegan a entenderse de una forma muy profunda con la Tierra. Las descripciones exteriores e interiores, la conexión entre lo visible y lo invisible, entre lo que pasa dentro y lo que pasa fuera dota la historia de una especial sensibilidad, de algo –un no sé qué- primitivo. Y todo, con un punto de partida maravilloso: la inocencia del personaje, su resignación ante todo, esa decisión noble de no enfurecerse ante los traspiés, sino aceptarlos.
            Toda una vida se ancla en lo importante de la vida, se arrodilla ante la Naturaleza, único Dios para el protagonista, y defiende la pequeñez del ser humano. Ahí tenemos lo bello y lo sublime, y también lo cruel. Y ambas conviven en el paisaje, igual que conviven en el alma del hombre. Así, tenemos una fábula preciosa sobre nosotros y nuestras soledades, sobre nuestro paso por el mundo y, cómo no, sobre nuestra rendición ante la Naturaleza. Ya lo decía al principio de esta reseña, esta historia es una planta exótica, una rara avis, un paisaje peculiar. Un libro extrañamente bello. 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Entrevista a Elena Montagud

1— ¿Quién es Elena Montagud?
Elena Montagud es una chica de 30 años que trabaja como profesora de español para extranjeros en Valencia y que también intenta escribir todo lo que puede con el poco tiempo libre que le queda. Me encanta la música y el cine, y también seguir series. Adoro los animales y tengo un perrete al que quiero con locura. Como ves, una persona muy normal.

2— En la presentación que hiciste en Valencia comentaste que sacaste esta historia de un relato. ¿Cómo consigues sacar de un relato una trilogía y que todo esté bien hilado? Por mi parte pienso que no le sobran páginas.
En realidad, el relato se me hizo muy corto y desde el principio sabía que había más, que necesitaba explorar en la historia de esos personajes. Aun así, no lo hice hasta que mi editora me lo propuso y la verdad es que se lo agradezco porque a día de hoy es la historia con la que más he sentido. Creo que he conseguido hacer tres libros porque son los personajes a los que mejor he conocido y porque tocaba temas que requerían de una gran profundización.

3— ¿De dónde surge esta historia de Bullying? ¿Qué hay detrás de todo el trabajo de investigación?
Surge desde el máximo respeto que siento hacia este tema y también la preocupación como docente. Muchas veces he visto cómo se metían con chicos y chicas muy jóvenes y siempre me ha dolido muchísimo. Así que detrás se encuentra el deseo de intentar hacer recapacitar o hacer ver que debemos movilizarnos para que poco a poco vaya desapareciendo un problema social que ha estado ahí siempre, aunque ahora esté a flor de piel. Pero no, el bullying ha existido siempre, siempre ha habido acosadores y acosados y todo ello yo creo que viene de un problema en la educación y de la falta de empatía.

4—¿Qué escritores son tus referentes?
Me encantan Julio Cortázar, Stephen King, el poeta Luis Rosales, Gillian Flynn… en realidad leo de todo.

 5— ¿Cómo definirías a tus personajes?
Mi editora me dijo que lo que caracteriza a todos ellos es que tienen una gran carga psicológica, es decir, que son imperfectos y muy humanos como los propios lectores. Y es lo que más me gusta. Alguna vez he intentado hacer a algún personaje más sencillo y no me sale. Pero es que yo disfruto con esas personalidades que tienen conflictos interiores.

6— ¿Qué destacarías en Blanca?
Aunque haya que leer todo el libro para ver su evolución, sin duda me quedo con su fortaleza. Le costó encontrarse, pero lo hizo, y aprendió muchísimo.

7— ¿Qué destacarías en Adrián?
Es un personaje que guarda un amor inmenso. Hacia su madre, hacia Blanca… que son las dos mujeres de su vida. Al igual que a Blanca, le cuesta un poquito y comete bastantes errores… ¿pero no se trata la vida de aprender a base de caídas?

8— Aunque son personajes secundarios, creo que tienen peso en la novela, ¿qué destacarías de Begoña y de Javi?
Ambos me encantan. Begoña es una de esas personas excepcionales que dotan de color a tu vida. Es optimista, dicharachera y siempre tiene una palabra de ánimo. Además, también es muy fuerte.
Javi es un chico bastante alocado que a lo largo de la novela también va evolucionando. Pero sin duda, lo que me parece importante en él, es el amor que siente hacia su hermana Blanca y hacia sus padres. La familia para él es un pilar básico.

8— ¿En qué proyectos estáis metidos ahora?
Hace meses, desde que terminé la trilogía Corazón, que no dispongo de demasiado tiempo para escribir. Intento hacerlo cuando puedo… Voy poquito a poco porque después de muchas horas trabajando dando clase la cabeza la tengo un poco atolondrada, jeje… Pero vamos, voy sin pausa pero sin prisa. Es una historia complicada que requiere de su trabajo de investigación y también de creación de personajes y de trama y subtramas. Hay mucho amor, por supuesto. Amor de muchos tipos… Hacia aquellos que no son tus padres de sangre, pero te han cuidado siempre. Amor de amigos, amor por aquello que te apasiona, amor de ese que te hace temblar las piernas… También hay una parte triste, como en la trilogía Corazón, y personajes con mucha carga y dolor a sus espaldas.  La tengo muy clavada ahí dentro y, al igual que con Blanca y Adrián, los personajes me tienen enganchada… ¡Ojalá pueda ver la luz!

9— ¿Alguna manía a la hora de escribir?
Cuando voy en el tren o escribo en lugares públicos no me importa el ruido. En cambio, en casa necesito completo silencio… Es un poco contradictorio. Nunca puedo escribir por la noche, no sé si porque ya estoy demasiado cansada o qué. Y siempre lo hago con el youtube o el Spotify abierto para escuchar música mientras escribo.

10— La música es un tema muy importante en estas novelas. ¿Qué papel juega?Es una parte esencial porque con la música puedes encontrarte. Además, en esta historia todavía más porque Adrián desde su adolescencia punk e incluso antes, quiere ser un músico y al final lo consigue. Entonces era lógico y esperable que hubiera muchísima música entre sus páginas. Por otra parte, como he dicho antes, para mí la música es esencial y la necesito en mi vida. Por ello, para mis personajes también lo es. Al fin y al cabo, en tu día a día escuchas canciones. A veces en la radio mientras conduces, o cuando vas en el tren, o en la calle y pasa un coche…

 11— Qué motivos darías a los lectores para que se adentren en esta historia con un mensaje tan esperanzador.
Pues te dejo las palabras de una bloguera porque prefiero que sean los lectores los que hablen de ella: “Esta historia guarda sentimientos de personas que han sufrido bullying, familias reales con problemas reales, personas que luchan por superar etapas., obstáculos que te va poniendo la vida, reconoces al amor verdadero…” (El fieltro de Roma).

Desde aquí te doy las gracias por responder a mis preguntas. Te deseo mucha suerte con tus próximos proyectos.


¡Muchísimas gracias a ti por esta entrevista maravillosa!