miércoles, 3 de junio de 2015

Premio Herralde de Novela 2015 (España)

Género:  Novela
Premio:  18.000 € y edición 
Abierto a:  sin restricciones
Entidad convocante:  Editorial Anagrama
País de la entidad convocante: España
Fecha de cierre:  15:06:2015

BASES
BASES 2015

1. Podrán concurrir a este concurso, de carácter anual, todos los escritores, cualquiera que sea su nacionalidad, que presenten una novela inédita en lengua castellana. Un requisito indispensable es que la novela no esté presentada a ningún otro premio y que el autor tenga la libre disposición de todos los derechos de explotación sobre la obra en cualquier forma y en sus diferentes modalidades.

2. Los originales deberán presentarse en folios mecanografiados a doble espacio y por una sola cara. Deberá enviarse un original impreso, encuadernado o cosido, a Editorial Anagrama, calle Pedró de la Creu, 58, 08034 Barcelona, España y una copia digital en cualquier soporte electrónico a anagrama@anagrama-ed.es.

3. El autor de la obra ganadora percibirá, en el acto de la firma del contrato, cuya duración será de 15 años, la cantidad de 18.000 euros en concepto de anticipos de derechos de autor, que se estipula en el 10% del precio de venta del libro.
Para las sucesivas reimpresiones de la obra, el autor también percibirá el 10% sobre el precio de venta de los ejemplares vendidos. En el caso de una edición de bolsillo, el autor recibirá el 6% sobre el precio de venta de los ejemplares vendidos y recibirá un 25% sobre los ingresos netos del editor para las ediciones digitales.

4.El autor de la novela ganadora cede a Editorial Anagrama el derecho exclusivo de explotación de su novela en cualquier forma y en todas sus modalidades, para todo el mundo. Quedan también reservados en exclusiva a la editorial convocante los derechos de traducción para la edición en todos los idiomas, por los que el autor recibirá un 80% de las cantidades percibidas por la editorial.

5. El Premio podrá ser declarado desierto.

6. Editorial Anagrama tendrá una opción preferente para la publicación de aquellas obras presentadas, y no premiadas, que considere de su interés.
 www.escritores.org
7. El original deberá remitirse con el nombre, apellidos y domicilio del autor, entre el 1 de abril y el 15 de junio del año 2015. Las obras, acompañadas de una breve nota biobibliográfica, pueden presentarse con seudónimo, siendo indispensable en este caso acompañar, en documento aparte, el nombre, apellidos y domicilio del autor.

8. El Premio se concederá el 2 de noviembre del año 2015.


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martes, 2 de junio de 2015

Las buenas intenciones


Desde la cárcel, Eric Kennedy escribe una larga carta a su esposa, Laura, en la que confiesa los motivos que lo condujeron a incumplir la ley. En pleno trámite de divorcio, Eric y Laura se hallaban en mitad de una tensa y desagradable pugna por la custodia de Meadow, su hija de seis años, cuando él decidió llevarse a la niña sin autorización para realizar un viaje por los lagos de Vermont. En su reveladora misiva, Eric no sólo repasa episodios clave de su vida con la intención de explicar y justificar su comportamiento, sino que también desgrana los momentos más felices de su paternidad. Así pues, detrás de sus defectos, emerge un padre afectuoso y entrañable que nos plantea una serie de preguntas de difícil respuesta.
 Todos dicen que la intención es lo que cuenta. O no. Los peores actos están a veces impulsados por las mejores intenciones. Uno quiere ser amable y termina siendo un capullo. Uno intenta decir las cosas con cariño y acaba hiriendo al otro. Uno quiere dar una sorpresa y termina dando un susto de muerte. En definitiva, las buenas intenciones no sirven para nada, sólo para justificarnos ante un mal resultado. Y sobre esto vamos a divagar hoy, sobre los dilemas morales, sobre la responsabilidad de nuestros actos y sobre los caminos –a menudo contrapuestos– que suelen tomar la ley y las emociones. El protagonista de esta historia, y no os estoy desvelando más de la cuenta, es un padre que, harto de no poder estar con su hija todo el tiempo que quisiera, decide llevársela –sin consentimiento de la madre– a un viaje improvisado y maravilloso por las montañas, y aquí arranca la historia, el conflicto y la aventura, todo empapado de un lirismo cotidiano, de esa belleza que palpita en las cosas comunes. Las buenas intenciones, escrito por Amity Gaige, y publicado por Salamandra, es una novela arrebatadora sobre aquellas personas que «prefieren tener la razón a ser felices.» (Pág. 58).
            La historia está basada en un caso real –eso que tanto le gusta a los americanos– y toma la peculiaridad de estar narrada por el propio protagonista, en primera persona: un padre trastornado, aún enamorado de su ex mujer y en plena búsqueda de su identidad, que, en un arrebato de desesperación, decide raptar temporalmente a su hija. Y esta voz, poderosa y certera, es la que va hilando esta historia que se parece a una confesión. No voy a convertir esta novela es un alegato ñoño sobre las virtudes de la paternidad porque no es el sitio y porque tampoco soy padre, y no quiero caer en lugares comunes. Además, la novela es mucho más, abre sus tentáculos y se convierte en una lúcida reflexión sobre lo que somos y en lo que nos convertimos, sobre la necesidad de encajar en el entorno a toda costa, sobre el desgaste del amor. “Porque al final, las grandes fuerzas en conflicto de nuestra existencia no son la vida y la muerte (…), sino más bien el amor y el tiempo. En la mayoría de los casos, el amor no sobrevive al paso del tiempo. Pero a veces sí. A veces tiene que sobrevivir», (pág. 24).
Las buenas intenciones es una novela que funciona a dos niveles: por una parte, parece una ‘road movie’, sustentada en la huída y en los paisajes; y por otra, una excavación psicológica y concienzuda del protagonista, aunque con una premisa: se aleja de los dramas innecesarios y de la cursilería barata. Toma tanta distancia con lo que está haciendo –infringiendo la ley- que no convierte la historia en un alegato triste y derrotista, en una narración temerosa. Además, Amity Gaige nos demuestra que es más fácil de lo que parece hacernos empatizar con un delincuente.   
            Analizando –y alabando– el estilo, les advierto de que no pasen por alto los silencios que, como un campo de minas, van ocultándose entre las páginas y explotando en los momentos menos pensados. Es el narrador-protagonista el que inserta estas pausas a conciencia para dotar de un nuevo significado las palabras, para darle una nueva dimensión a su historia. Para más inri, él está haciendo una investigación sobre los silencios, los tipos de silencios y cómo pueden interpretarse. Y es en este universo mudo en el que se expande la novela en el que los personajes adquieren su verdadera personalidad. Hay silencios en las relaciones, en la identidad que cada uno construye frente a los demás, en las confesiones sinceras y en el dolor. Leer, en esta ocasión, adquiere un nivel especial: hay que leer las palabras, interpretar los espacios en blanco.   
Agárrense a Las buenas intenciones, y sigan justificando así sus actos porque Amity Gaige, la autora, ha escrito una novela personal, muy carismática y que te arrastra como un remolino en alta mar. Por su protagonista –qué trastornado más embaucador–, por ese estilo cuidado y frágil, y por ese gran trabajo de campo sobre la locuacidad de los silencios es ésta una de mis mejores lecturas en lo que va de año, a pesar de ese pesimismo que transmite la historia. Y ahora, dediquen unos minutos a pensar: ¿las buenas intenciones excusan un pésimo resultado?
 

lunes, 1 de junio de 2015

Kamikazes por amor


Delphine nació en Francia, fruto de un amor adolescente de su madre, y vive desde los cuatro años en Madrid. Es excepcionalmente atractiva, inteligente y siempre va armada de respuestas ingeniosas y algo ácidas. A sus treinta y dos años, habla tres idiomas, tiene dos másteres en dirección de empresa y trabaja como parte del ejecutivo para la cadena de hoteles más importante de España. Adicta al trabajo y con un corazón de hierro, se escuda en su profesión para no enfrentarse a sus verdaderos temores. Una mañana, su jefe la cita en su despacho para pedirle que ayude a su hijo Alberto a recuperar a su exprometida. Delphine organiza un plan maquiavélico para conseguir su objetivo, y descubre su verdadera vocación: que ha nacido para enredar los corazones de todo el que la rodea. El destino, sin embargo, no es tan fácil de engañar, ¿o sí? Una comedia romántica que nos conducirá por psicodélicos y alocados planes para conquistar el amor. ¿Estás preparada para convertirte en una verdadera kamikaze?
 Ya lo decían los de Iberia: enamorarse es coger un avión que posiblemente despegue sin problemas, pero como haya retrasos  o miedos por parte de los pasajeros, se estrellará cual  Kamikaze. Disculpen los de Iberia esta licencia, la verdad es que no oí tal cosa por parte de la compañía de aviones, pero bien podrían utilizarla después de leer este libro, bueno, esperemos que no ya que ninguno querría un eslogan donde se mencione un accidente aéreo.
               Después de esta parida de cosecha propia, os vengo a hablar del nuevo libro de Connie Jett,  el símil entre las relaciones amorosas y el éxito en las relaciones, está muy bien conseguido, pero no encontraréis en Delfina, su protagonista, ninguna piloto de avión o avioneta. Lo que sí sabe pilotar muy bien es la cadena hotelera que  dirige, y ese es el punto de partida para una historia donde la protagonista pasará a ser una secundaria de su propia historia para volver a alzarse con el protagonismo final.
               No hay nada que me guste más que cuando a una protagonista se la presenta como un ser poderoso, seguro de si mismo y dominante. Esas cualidades hacen de Delfina lo que es: una mujer extremadamente atractiva y con un físico de infarto que comenzará la historia de una manera muy impactante. Como dato curioso que  he podido observar en la historia es que la autora no comienza con el conflicto como nos tiene acostumbrados, sino que  comienza presentando y perfilando al personaje.
               En cuanto a estructura Kamikazes es quizás la novela menos lineal y más intuitiva de la autora. Tiene un esquema muy arriesgado ya que desde el principio tendrá que ayudar al hijo de su jefe, Alberto. Éste, tras la ruptura con su prometida Sara, le propondrá una misión en la cual tendrá que recuperar en varios pasos a su infiel pareja. En esta misión y con los personajes secundarios que irá conociendo como: Sara, su secretaria, el argentino que la lleva loca, etc... Ella se irá dando cuenta de que el amor es más necesario de lo que ella pensaba y es imposible escapar de él, por muchas misiones arriesgadas que realice a lo largo de la historia.
               Es cierto que el estilo de Connie en esta novela ha mejorado, y desde luego es obvio que le gusta ahondar en los juegos de azar que nos regala el destino y que nos hacen tomar decisiones. No olvidemos que es una novela Chick Lit, por lo tanto encontraremos un nudo con fácil resolución, sin pretensiones de orquestar una gran trama, pero con un propósito claro: entretener.
Así que si queréis conocer a Delfina y sus secundarios y ver cómo se desarrolla una aventura donde su protagonista será  el resultado de su propio pasado, quizás debáis darle una oportunidad a esta novela, porque en ella encontraréis a una preciosa tunecina de ojos verde intensos que tendrá que descubrir que pese a en sus orígenes sus progenitores no tuvieron el final que esperaban, quizás ella sí que pueda forjar ese  ansiado futuro y poder confiar en la frase de “El amor siempre vence”.