
Páginas interminables se han escrito sobre la belleza, pero poca cosa hay por ahí sobre lo feo. Es decir, lo que a nosotros nos parece feo. Tenemos un gusto y es muy nuestro, incluso estamos orgullosos de él, pero ¿de dónde viene? He aquí una posible respuesta, un mapa de la fealdad a través de las épocas, las culturas y los continentes, y de cómo ha ido cambiando en la imaginación pública. De las bestias de la Antigüedad clásica a las gárgolas medievales, del monstruo de Mary Shelley a las exposiciones nazis del arte degenerado. El arte, la música e incluso los objetos de consumo masivo, como las muñecas feas de la década de 1980, esto y más está recogido en este libro bellamente ilustrado con ejemplos notorios de fealdad.
La fealdad es la nueva belleza. Lo feo, lo
raro, lo imperfecto está de moda, nos llama la atención, quizás por curiosidad,
por provocación o porque los cánones estéticos van cambiando con el paso del
tiempo. No hay más que fijarse, por ejemplo, en esa tendencia japonesa tan
original del kintsugi, que es la de
resaltar las heridas, las cicatrices y las roturas de un objeto con oro o el wabi-sabi, una tendencia también
japonesa que defiende el gusto por lo marchito, por lo que se considera “fuera
de lugar”, por lo rechazado. Pongámonos guapos o feos porque vamos a hablar de
modelos estéticos alternativos con Fealdad,
Una historia cultural, un potente ensayo escrito por Gretchen H. Henderson y que
trae a España la editorial Turner dentro de su colección Turner Noema –qué
publicaciones más exquisitas- para hacernos un curiosísimo recorrido por la
evolución de la fealdad, por los significados que ha ido adquiriendo en las diferentes
civilizaciones y por los ejemplos más potentes de la exaltación de lo no-bello
y nombro, por ejemplo, la exposición de arte degenerado que organizaron los nazis para
mostrar un anti-ejemplo. Y aquí también caben más figuras: el surrealismo,
mucha producción pictórica de Goya, el hombre elefante…
La fealdad está en los ojos del que mira,
dice en la contraportada del ensayo. Sí, porque es también el receptor el que
coloca las etiquetas y el que decide desafiar los cánones, provocar o,
simplemente, cuestionar las normas. Y porque somos nosotros, desde nuestra construcción y desde la sociedad en la que estamos,
los que decidimos qué es feo y por qué lo es. Es cierto que la autora firma un
ensayo lúcido, coherente sobre el tema de la fealdad para hablarnos de lo monstruoso, de lo que da miedo y también
de lo humano. La belleza ha estado siempre vinculada a la perfección, a lo
mitificado; y la fealdad se acerca más a esa
necesidad milenaria del ser humano de nombrar lo que no entendía, lo que le daba miedo. Este
libro es, sin lugar a dudas, un recorrido fascinante porque la autora sabe
enganchar, sabe llevar la teoría a la historia, sabe ejemplificar lo que
cuenta. Y tenemos, por ejemplo, los monstruos que decoran algunas iglesias, el
expresionismo alemán, el nacimiento del jazz o Frankestein, y encontramos
historias como la de la Primera Guerra Mundial, cuando empiezan a
crearse máscaras para tapar las terribles deformidades de la cara de los soldados, o el
trastorno de la fealdad imaginaria. No es un ensayo que se va por las nubes, es
un estudio riguroso, pero accesible, serio, pero con un aire cotidiano que lo
hace cercano.
Sí,
puede parecer incómodo hablar de fealdad y de feos, pero Henderson nos ayuda a
tener una nueva perspectiva estética del arte, de la vida, de nosotros mismos.
Lo feo siempre se ha relacionado con mostrar y con advertir, con lo que es temido. Y es lo que hace la autora
con este ensayo, mostrarnos y advertirnos, ponernos delante de situaciones y
obligarnos a reflexionar, a posicionarnos y a advertirnos de que nuestra
decisión es también fruto de lo que somos, de nuestra formación, de la época y
el lugar en el que hemos nacido. Y es lo maravilloso de este ensayo: la
capacidad de conversar con el lector a un nivel muy profundo y que se consigue
gracias a la prosa, libre, directa, sin mayores florituras.
Fealdad. Una historia cultural nos lleva hasta el meollo del asunto y nos hace plantearnos cómo redactamos nuestras leyes de lo
feo. Y sí, este libro es un libro bello, interesante,
absolutamente estimulante. Lo feo forma parte de nosotros, de lo que somos y de
lo que nos rodea, lo que nos hace humanos porque en todas las sociedades siempre hemos intentado nombrar
lo incómodo, lo anómalo, lo que daba miedo. Y quédense con esto: una época sin
fealdad sería una época sin progreso. A partir de esta lectura, nadie,
absolutamente nadie, despreciará con tanta ligereza lo feo.
Curioso este ensayo. Pero no creo que me anime. NO es lo que busco ahora mismo.
ResponderEliminarBesotes!!!