
¿Para qué sirve cuidarse si nuestros cuerpos no son de fiar? Ehrenreich desmonta todas las manías que guían nuestros intentos por vivir una vida más larga y saludable, desde la importancia de las revisiones médicas preventivas hasta los conceptos de bienestar y mindfulness, desde las dietas de moda hasta la cultura del fitness. Las células tienen la costumbre de envejecer o volverse cancerígenas, demostrando una y otra vez que nuestros cuerpos tienden a tomar sus propias decisiones, y no siempre las toman a nuestro favor.Nos estamos matando para vivir más tiempo, pero no mejor. Con el cáustico sentido del humor que la caracteriza, Ehrenreich nos ofrece una alternativa: vivir bien, incluso con alegría, aceptando nuestra propia mortalidad.
Parece algo innato al ser humano: la incansable
búsqueda de la inmortalidad. El hombre (o mujer) moderno busca robarle años a
la muerte con nuevos trucos: la buena alimentación, el deporte regular, los
pensamientos alegres. O lo que es lo mismo: comiendo poco, machacándose mucho y
sonriendo siempre. Y así, nos vamos sintiendo un poco más eternos. Toda esta
tendencia tiene una parte muy retorcida (y no lo digo yo): si alguien muere con
menos de setenta años, los demás piensan que él se lo ha podido buscar, que
seguramente haya sido culpa suya porque no siguió las normas para garantizarse
una vida más larga. El tabaco, el alcohol, la mala comida o el estrés. Y
fíjense, ésta es una de las premisas sobre las que se construye Causas naturales, cómo nos matamos por vivir más, un ensayo de la estimulante y siempre polémica Barbara
Ehrenreich, que llega publicado por la exquisita editorial Turner y que viene a
plantarnos ante nuestras narices esta obsesión por ganarle la batalla al
tiempo. Sus reflexiones no tienen desperdicio.
Algunos
recordarán a la autora por su libro Sonríe
o muere, en el que le ponía los puntos sobre las íes al pensamiento
positivo, a esa alegría forzada y diaria que todos teníamos que sentir y que
exhibir para tener una vida plena. Sí, Ehrenreich se desmarcó de esa tendencia global
porque se había cansado de pertenecer a una sociedad en la que había que estar
alegre a todas horas, en la que la tristeza parecía una decisión personal, el
síntoma de un fracasado, de alguien que no iba a llegar a nada. Ahora vuelve
para zarandear con las dos manos el panorama médico. Esta mujer, que dejó de
hacerse chequeos rutinarios como forma de rebelión ante la industria
farmacéutica y el capitalismo médico, intenta poner un poco de cordura en esta
obsesión contemporánea por la juventud, la salud, el cuerpo. A la autora le
sorprende que cuando alguien pobre muere joven los demás siempre preguntan: “¿Bebía?
¿Fumaba?”. Dice que lo que hacen es culpabilizarlo, responsabilizarlo de no
haber conseguido que su vida fuera más larga.
El
mensaje que subyace en el texto durante todo el ensayo es que muchos de
nosotros nos hemos olvidado de vivir mientras nos obsesionamos con alargar
nuestras vidas. Hay gente, recuerda Enhenreich, que se priva de muchas cosas
satisfactorias sólo por asegurarse más tiempo de existencia. La autora, que confiesa,
por ejemplo, que come pan con mantequilla cada mañana, lo cuenta todo con un
halo de ironía, pero sin olvidar la parte científica, los datos. Las
evidencias. Su estilo es serio y claro, contundente, como sus propuestas. Y
sobre todo, lo expone todo con una lucidez indiscutible. En un mundo tan
cambiante como el nuestro, dice ella, el ser humano necesita sentir el control sobre
algo y ha elegido su propio cuerpo, por eso se obsesiona por él. Y todo esto
viene porque no asumimos nuestra mortalidad, no hablamos de lo único seguro de
la vida: la muerte.
Si hay algo que le agradeceré siempre a cualquier interlocutor
(ya sea un escritor, un panadero o un pasajero de cualquier autobús) es que sea
estimulante, que me saque de mi zona de confort y que me proponga nuevos retos,
nuevos debates intelectuales. Barbara Enhenreich lo hace con Causas naturales, un ensayo valiente y
novedoso, un bofetón a nuestra obsesiva preocupación por vivir más, aunque no
sea mejor. Y no se calla nada: aquí están sus opiniones sobre el yoga, el reiki
o el mindfulness, sobre las cremas antiarrugas o sobre los gimnasios, porque,
como lanza la autora, ¿esto es sólo una ideología o hemos caído en una trampa
del capitalismo y somos víctimas de un negocio globalizado, el de intentar
mantenernos siempre jóvenes y sanos? Lean, piensen y después tomen sus propias
decisiones.
Creo que lo voy a dejar pasar, no me termina de llamar la atencion,
ResponderEliminarSaludos