
Si tu cumpleaños coincide con el Día de los Muertos, prepárate para una sorpresa mortal. Eso es lo que le ocurre a Román Casas, que sueñacon ser un prestigioso chef y pide un curso de cocina por su décimo aniversario. En su lugar recibe un ataúd negro con las instrucciones para activar a Escarlatina, una cocinera del siglo XIX y su inseparable Lady Horreur, una escalofriante araña con acento francés. Los tres nuevos amigos y el gato Dodot viajan abordo del mortibús hasta el inframundo, donde los muertos viven (bueno, es un decir) bajo el imperio de Amanito, un siniestro tirano. Así arranca una odisea de muerte donde no faltan ingredientes de aventura, misterio y mucho humor.
Hoy es el día perfecto para hablar de miedos y
de sustos. Este terror dulce que nos trae Halloween empapa también la
literatura. Los niños salen a la calle convertidos en vampiros, zombies y monstruos,
se habla de brujas, de muertos y de fantasmas, y nos llenamos la boca y los
oídos de historias oscuras. Es el miedo que gusta, con el que disfrutamos, que
nos eriza la piel. Hoy reseñamos Escarlatina, la cocinera cadáver, de la
editorial Anaya, escrito por Ledicia Costas e ilustrado por Víctor Rivas, y que
narra la historia de una cocinera que llega del Inframundo con una misión especial. Sí,
la muerte y la cocina pueden ser buenas aliadas, y de hecho, casan de maravilla en esta receta literaria. Este libro fue galardonado con
el premio Nacional de Literatura Juvenil en 2015, también con el premio merlín
de Literatura Infantil, con el Neira Vilas y muchos otros. Está recomendado a
partir de 11 años.
Román
quiere ser chef, no hay nada que le apasione más que cocinar, así que por su
cumpleaños –que es justo el Día de los Difuntos- recibe un ataúd con las
instrucciones para activar a Escarlatina, una cocinera del siglo XIX con unos
gustos muy peculiares, y a su araña parlanchina. Juntos, viajarán al Inframundo
para liberar a sus habitantes de un tirano sin piedad. Sí, en esta aventura
caben la acción, el misterio y hasta la cocina. Y sobre todo, cabe una forma
muy sensata y muy lúcida de abordar la muerte. Se habla de los familiares que
ya no están, se deja intuir el duelo y se dota de naturalidad esto tan difícil
de los difuntos. No se preocupen, que no me he puesto serio: me refiero a que,
detrás de todo ese bullicio de aventuras, de humor negro y de intriga, hay un
tema profundo que casi nunca se aborda en la literatura para los más pequeños, y que aquí se hace con una enorme delicadeza.
Ledicia
Costas sabe cómo escribir para los niños (y los adolescentes). Su estilo es
fresco y natural, a veces un poco irreverente, perfecto para conectar con el
público al que va dirigido. Sabe buscar la chispa no sólo con la prosa sino
también con la historia y con la ambientación. Hay escenas divertidísimas con el menú del Inframundo
o en la relación entre el vivo Román y la muerta Escarlatina. Además, cada
capítulo se acompaña de una receta para que los lectores puedan cocinar y
acompañar la lectura con el paladar. Es una lectura muy amena. Una mención especial merecen los dibujos
de Víctor Rivas: son realmente estimulantes, y de una calidad incuestionable.
(En serio, háganme caso: las ilustraciones tienen algo mágico). El conjunto es redondo. Texto e ilustración se complementan muy bien.
Escarlatina, la cocinera cadáver sacia a los lectores más
jóvenes en el gusto por las historias de miedo, de terror, por los zombies y su
mundo. Hay que tener mucha mano para abordar la muerte como lo hace Ledicia
Costas, con una sensibilidad especial, y con el humor (un poco irreverente) como arma principal. El
conjunto es una historia divertidísima sobre muertos vivientes que cocinan,
sobre platos que no seríamos capaces de comernos, sobre personajes disparatados,
locos, esperpénticos. Porque se eso se trata: de hablar de cosas importantes y de
potenciar la imaginación, de reírnos a carcajadas.
Este no me llama la atencion, lo voy a dejar pasar.
ResponderEliminarSaludos
Una bueno opción para estos días. Besos
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