Cuando Bailey Brown se despierta desorientada en un hospital, no recuerda nada. Su memoria está en blanco y no reconoce ni siquiera a su marido, Logan Abbott, con quien lleva casada poco más de tres meses tras un noviazgo fugaz... Quizá no sea tiempo suficiente para conocer a alguien y casarse, pero aún así, ella sabe que lo ama. Y aunque se siente confundida, no duda en irse con él cuando le dan el alta. Logan la lleva a su granja de caballos en Louisiana, una magnífica finca arbolada, pero su sueño de ser felices para siempre se empieza a desvanecer. Una trágica historia familiar de fondo, además de los rumores sobre la desaparición de su primera esposa, y de otras mujeres de la zona, empiezan a hacerle dudar de él… Cuando otra mujer desaparece y todas las pruebas apuntan a su marido, Bailey siente que su mundo se desmorona. ¿Creerá en los rumores y en los indicios que inculpan a su marido? ¿O apostará por el hombre que ama aunque apenas lo conozca?
Tres tipos de
personas habitan esta novela: las que tienen incontinencia verbal
(y están todo el rato: «ay, no te lo tenía que haber contado»; «No puedo
decirte más, pero ándate con ojo porque esto es muy peligroso»; «No sé por qué
me he ido de la lengua»), las que, siendo inocentes, se empeñan en parecer culpables
(y se niegan a hablar con la policía o, teniendo una coartada real, se inventan una) y las que guardan secretos, pero
no cualquiera, sino tortuosos y trágicos. Vaya la que les ha caído a estos
personajes. Erica Spindler firma con La
primera esposa (Umbriel) una historia a medio camino entre la romántica
adulta y la novela negra rústica, en la que cualquiera podría ser el culpable y
que podría resumirse, más o menos, así: mujer es seducida por galán, se casan a
los tres días y, cuando se muda a finca, descubre que han desaparecido –o han
sido asesinadas- tres jovencitas con un único nexo en común: su marido. Y claro, ella, como humana, duda. Y nos
hace dudar a nosotros, aunque el lector juega con ventaja porque no puede
creerse que el asesino sea tan descarado y que la autora no se haya guardado un
giro al final de la novela. Eso sí, él tiene todas las papeletas para serlo.
Erica Spindler viene a demostrar que
con ella no va eso de El que mucho abarca
poco aprieta porque consigue dominar una historia rosa y negra, que combina
presente y pasado y en el que todos los personajes tienen una parte oscura,
oscurísima. Nada –ni nadie- parece salvarse en esta novela correctamente
desarrollada, pulcramente escrita. La autora maneja la intriga y hace gala de
eso: de estirarla todo lo que puede, de dejar que se cuele por todos los
resquicios. No hablaré de los personajes y de la empatía que el lector puede
sentir por ellos porque el panorama en la aldea es tan tenso que todos sacan su
peor cara, aunque nadie supera a la hermana del protagonista, Raine, que es capaz de contestar con un «que te
zurzan» a cualquiera que le diga buenos días. Vamos, una amargada.
A otro nivel –a uno más emocional-
podemos hablar de un concepto que está presente en toda la novela y que no es
otro que la confianza entre dos personas que conviven bajo el mismo techo. Él
parece un mentiroso compulsivo (o al menos, un ocultador nato) y además, algo torpe
porque al final van saliendo todas sus contrariedades, todos sus engaños, pero ella lo ama
tanto –eso lo dice la autora- que lo quiere creer: "necesito salvarlo", dice. Ay,
qué peligro tiene eso, cuando una persona enamorada quiere convertirse en redentora de la otra. Entre los dos personajes se habla siempre de la
confianza, de la necesaria sinceridad para sostener a una pareja, de empezar a decir la verdad de una vez por todas.
La
primera esposa cumple con su propósito principal, que es la de enredarnos
los pensamientos, la de meternos en un fangal de sospechosos, la de pensar que qué pobre es la protagonista
por casarse con un hombre tan poco claro y mudarse a una aldea con una tasa tan
alta de asesinatos. La intriga está, y el amor y los asesinatos, y ese plus
que funciona tan bien y que es la amnesia (y que nos puede recordar, por citar
sólo un ejemplo, a La chica del tren)
porque el personaje que tiene la clave para resolver el misterio no recuerda nada de nada. Hay asesinatos, hay
dudas y hay sexo. Y en el aire queda esa
pregunta: ¿es el amor siempre tan complicado? Porque vaya tela.
No me había fijado en este libro, pero la verdad es que no pinta nada mal. No descarto leerlo.
ResponderEliminarUn beso
No termina de llamarme pero gracias por la reseña.
ResponderEliminarUn beso
Pues tiene buena pinta la había visto por ahí pero no había reparado en ella.
ResponderEliminarBesos
No termina de convencerme esta vez así que lo dejo pasar.
ResponderEliminarBesotes!!!
No tiene mala pinta pero por ahora no creo que lo lea. Puede que mas adelante.
ResponderEliminarSaludos
No es un libro que me llame especialmente, pero no lo descarto de momento
ResponderEliminaraunque primero a aligerar la lista de pendientes
un besote
Hola, desde que lo vi que me llamó mucho, es el tipo de historia que mezcla suspense y romance que a mi tanto me gustan. La verdad que no me importaría darle una oportunidad, pena que ahora esté pasando por un momento que no me apetece este género. Y contestando a tu pregunta... sí, siempre es complicado.
ResponderEliminarBesos:)