viernes, 31 de octubre de 2014

El misterio de Gramercy Park


La acaudalada familia Van Burnam regresa de un viaje al extranjero al mismo tiempo que aparece una mujer muerta en el salón de su casa. Un gran aparador ha caído sobre ella, desfigurándola por completo, y aunque la policía sospecha que la víctima es la esposa de uno de los hijos del señor Van Burnam, éste insiste en que no la reconoce. ¿Qué hacía la mujer en una mansión que permanecía cerrada? ¿De quién son las extrañas prendas que llevaba puestas? ¿Estaba muerta antes de caer sobre ella el aparador?... La señorita Butterworth, que vive en la casa contigua, se convertirá en detective aficionada y en testigo imprescindible de esta complicada investigación.

 Se ve desde la primera página. La protagonista de esta novela va a dar que hablar: es una solterona de mediana edad, adinerada y maniática que vive en la parte rica de Nueva York de finales del siglo XIX y que dice cosas como no todo el mundo es tan inteligente ni tan metódico como yo, lo cual es una lástima, o cuando se encuentra con una amiga fea, después de tenerla frente a mí, sólo podía darle gracias a la Providencia por las bendiciones recibidas. No es que me considere guapa, pero en contraste con esa mujer… Jajajaja. Dan ganas de quererla, ¿o no?: me sobresalté, porque no son muchos los abrazos que recibo o Él estaba acostumbrado a tratar con otras damas, no conmigo. Muy pocas veces –insisto, muy pocas veces- ocurre que uno se topa con un personaje tan irónico, tan deslenguado y tan carismático como la señorita Amelia Butterworth, verdadero motor y protagonista única de El misterio de Gramercy Park, una novela detectivesca escrita por Anna Katharine Green en 1897 –todo un bombazo en aquellos tiempos- y que ahora nos trae D’Época en una edición preciosa: pasta dura, papel de calidad, ilustraciones fantásticas y además, viene acompañada de postales y tarjetas. Y yo sigo a lo mío: me rindo a los pies de esta señorita que no tiene reparos en despreciar a los que la llaman anciana encantadora –en lo de encantadora no se equivocaba, dice-, cotilla y tremendamente cuidadora a su prestigio, que por supuesto debe quedar intacto.
            Anna Katharine Green, conocida como la Agatha Christie de la época victoriana, arma una novela detectivesca en toda regla: un rocambolesco asesinato, dos investigaciones en paralelo –la de la policía, que es la oficial, y la de la señorita Butterworth, que es la disparatada-, una narración en primera persona durante la que no tiene reparos en dirigirse al lector, y una resolución asombrosa, sin trampas ni finales sacados de la manga. Y se agradece que la autora juegue limpio y que trate al lector con respeto, quizás una de las bases innegociables de las historias de detectives. Eso sí, tenemos un estilo muy propio de la época, algo engolado –muchos adjetivos, hipérbatos-, y un ritmo pausado, que nos puede recordar a Jane Austen o a Emily Brontë. Aquí no hay prisas. Es una forma diferente de expresarse.
Tenemos en El misterio de Gramercy Park una novela que marca una época y en su autora, señores, a la madre de la novela de detectives, admirada por el gran Conan Doyle, y que sirve de modelo (e inspiración) para posteriores escritores del género. Es ella una de las primeras en crear unos personajes atípicos, peculiares y de ponerlos al frente de una investigación.
            Os podría dar muchas razones para leer esta novela –la trama, lo envolvente del ambiente victoriano, que te mantiene en vilo hasta la última página (esto es literal)-, pero sólo os voy a dar una: la señorita Amelia Butterworth. Todos quisiéramos una vecina así. Tan insolente, sin pelos en la lengua. Y además, es una novela con mensaje: si eres cotilla, como la protagonista, por lo menos que sirva para algo, para resolver un crimen, por ejemplo. Gracias, D’Época Editorial, por redescubrirnos a esta autora. ¡Ah, y cómo no, por esta edición impecable que parece de coleccionista!

 PS: ¿Sabéis qué es lo bueno? Que esta solterona es un personaje recurrente y aparecerá en dos libros posteriores de la autora.
PS: Amantes de lo victoriano, aquí tenéis un completísimo catálogo de prendas, costumbres y expresiones.
PS: Ah, y la señorita Butterworth es solterona porque lo ha elegido ella, no porque no hubiera tenido pretendientes. ¡Fijaos la valentía de la autora que, en esa época, crea un personaje femenino que reniega del matrimonio por voluntad propia! 


jueves, 30 de octubre de 2014

Destinos cautivos, Nieves Hidalgo


SINOPSIS: España, 1517. Razones de carácter social, marcadamente tradicionales, obligan a Elena Zúñiga a aceptar un matrimonio pactado con el hombre al que idealizó siendo una niña. No obstante, cuando llega el momento de la boda, el tiempo ha pasado y Elena se ha forjado una cierta autonomía personal que le hace rechazar la idea de convertirse en una marioneta en manos masculinas. Así se lo hará saber, la misma noche de bodas y con serena rotundidad, a su marido.
Diego Martín y Peñafiel, conde de Bellaste, es un gentil caballero y ha accedido a prestarse a la farsa de un enlace aparente, renunciando incluso a la posesión física. Sin embargo, no tiene intención de consentir que la situación se prolongue demasiado, y se ha propuesto conquistar a su propia esposa, tan altiva como él mismo.
Sus propósitos se ven frustrados con la llegada del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, regente de España en ausencia de Carlos I, que trae noticias alarmantes: la reina Juana de Castilla le ha pedido su ayuda tras descubrir un complot para acabar con la vida de su hijo Fernando. El cardenal solo conoce a un hombre capaz de impedir el magnicidio.
Elena Zúñiga, mujer orgullosa y de armas tomar, se ve obligada a casarse con Diego Martín y Pañafiel, conde Bellaste. La noche de bodas, Elena le deja muy claro a su marido que no va a compartir lecho con él. Diego fue su mejor amigo de la infancia y de su primera adolescencia, hasta que a él empiezan a interesarle las mujeres… y esas mujeres no son Elena. Sin embargo Diego está dispuesto a reconquistar a Elena y pondrá todo lo que está en su mano para que ella caiga rendida en sus brazos. Si ella es orgullosa, él también lo es.

Diego además es un hombre de honor y está comprometido con la corona. Es requerido Cisneros para cumplir una misión muy importante. Desde hace tiempo, el cardenal confía plenamente en Diego. Tiene que salvar al príncipe Fernando, hermano pequeño del rey Carlos I de traidores que conspiran contra la corona.  Es así como Diego tiene que hacer frente a dos problemas, por una parte tiene que hacer que Elena vuelva a enamorarse de él. Por otra tiene que salvar al príncipe Fernando. Emprende un viaje no exento de peligros desde Trujillo hasta Santander.

Gracias a una de las muchas novelas de esta autora volví a reconciliarme con la romántica adulta. Esta es una de las tantas cosas que tengo que agradecerle, no solo porque me descubrió que las novelas románticas que yo me leía en mi adolescencia eran muy diferentes a las que se publican hoy en día.

Destinos cautivos es una precuela de Amaneces cautivos, una de las primeras reseñas que hice en el blog. En esta novela la acción transcurre unos cuatro años antes de Amaneceres cautivos, y fue tanto el éxito que la autora tuvo con esta obra, que muchas lectoras le pidieron una historia de Elena y Diego.  

Si por algo se distingue a esta autora es por crear a mujeres con carácter y fuertes, de esas que no tienen miedo a callarse aunque esto les suponga un castigo. Elena Zúñiga es de esta clase de mujeres que tanto me gusta leer en las novelas de romántica adulta.  

Si me gusta Elena como mujer, más enamora Diego como personaje. Ambos hacen una pareja formidable y se atraen como dos imanes. Diego acepta que Elena no quiera consumar su matrimonio y espera lo que haga falta hasta que ocurra lo inevitable. Porque lo que es innegable es que tanto Elena como Diego se aman con locura, aunque su orgullo es mucho más fuerte. No obstante hay un refrán que me gusta mucho: tiran más dos tetas que dos carretas. Aquí es aplicable al cien por cien. Si Diego quiere reconquistar a Elena tiene que dejar de lado su orgullo.

Elena también tiene que poner de su parte y confiar de nuevo en su marido. Diego volverá a ser ese chico del que un día la enamoró y volverán a darse esa oportunidad de amarse como lo hicieron en el pasado.

Destinos cautivos es algo más que una obra romántica. La autora hace una recreación histórica de la situación de España de aquellos momentos tan convulsos. Hay pequeños detalles que la autora aporta a la trama que me parecen muy interesantes de conocer. Los protagonistas tienen que sortear una serie de peligros, como la inquisición, los alzamientos de un pueblo descontento o las conspiraciones contra el príncipe Fernando I.

En conclusión, Destinos cautivos es una historia que me ha gustado tanto como la que ya hiciera Amaneceres Cautivos. La prosa de esta autora me sigue enamorando.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Cuéntaselo a otra


Destrozada tras descubrir que su marido y novio desde la infancia le es infiel, Inés Santaolalla, se divorcia y decide darle un giro de ciento ochenta grados a su vida. Mientras su hermana y su madre piensan que está trabajando en una sucursal de su banco en Nueva York, ella, como su admirada heroína de la novela de Muriel Barbery, acepta el empleo de portera en un inmueble de la calle Lagasca en Madrid, una espeie de universo paralelo poblado de seres a cuál más extravagantes. Inés está convencida de que aquella oscura portería, además de ser un lugar inmejorable donde lamerse las heridas que aún supuran de su matrimonio, será el escenario perfecto para terminar la novela que lleva varios años escribiendo.Sin embargo, con lo que Inés no cuenta es con el propietario del 6º derecha, un atractivo doctor que hará todo lo que esté en su mano para que ella vuelva a confiar en los hombres y el amor.

Imaginad por un momento que el papel del portero de Aquí no hay quien viva fuera protagonizado por una mujer.  Es fácil ¿verdad? Bueno, pues la premisa de este libro es la siguiente: destrozada por la ruptura con su marido, decide dejar una vida de lujos para adentrarse en el interesante mundo de limpieza de escaleras, vaciado de cubos de basura y otros menesteres típicos de un portero de escalera. Quiere experimentar la vida que llevó su protagonista literaria favorita Muriel Barbery, quiere dedicarse a escribir y para ello debe dejar atrás todas las comodidades de su anterior vida, pero... ¿Quién dijo que su nueva etapa fuera fácil? Desde luego gracias a esta aventura descubrirá que una escalera puede ser el telón de fondo de una comedia cuyo inicio puede tener lugar tras la puerta de un agradable vecino.

Isabel Keats con su obra fue la encargada de amenizar nuestro pasado club de lectura. Tras leer esta  novela con un claro toque Chic Lit y otros géneros como la comedia, sólo puedo decir que el libro cumple con su misión: el divertimento asegurado. Sus diálogos son rápidos, las frases ocurrentes, el perfil de la protagonista queda muy bien cincelado. Tiene claro que quiere llevar una vida bohemia basada en su novela preferida, y lo lleva a cabo hasta el último detalle.

Si bien le he visto algún elemento recurrente y algo utilizado, por ejemplo: me ha chirriado bastante que el punto de inicio de esta historia fuera el romper con su vida acomodada donde es una mujer de éxito, y que por si fuera poco prefiera la vida de escalera a unas comodidades que harían que el personaje  afianzara  su autoestima. Queda muy comercial y novelesco, pero sinceramente me ha descolocado bastante.

Por contra esa premisa  con la que parte, es  suplida con un carácter muy marcado de la protagonista. Me gusta mucho cuando se le puede adivinar a un personaje sólo por sus intervenciones o sus descripciones, hasta el más mínimo "tic" o elemento identificable.

El plato fuerte de esta comedia romántica no cabe duda que son sus secundarios. Una amiga enamorada de un guapísimo médico italiano, un aspirante a amigo rastafari y porrero, una adolescente que empieza a descubrir lo delicado que resulta el amor, y el atractivo vecino del sexto que hará de las suyas con la protagonista de la historia.

A priori parece un argumento "cliché" y en algunos aspectos así es, pero ver como los secundarios se  relacionan  con la protagonista es sin duda el elemento más atrayente de esta novela.

No voy a negar que en ocasiones me he sentido como si estuviera en la serie La que se avecina con esa actriz venida a menos y con esa dosis de comicidad, o en la serie  Aquí no hay quien viva con esa jovencita que es aceptada por un grupo de adultos y la hacen partícipe de temas bastante adultos.

Lo que sí os diré es que Inés es la protagonista de su propia obra teatral, y que os divertirá mucho ese cambio de vestuario y escenografía  al que tendréis que enfrentaros tras leer sus páginas, porque lo que si os puedo asegurar es que Inés no es sólo Inés...