martes, 21 de febrero de 2017

Filmish


Este libro es un viaje apasionante por la historia del cine en siete capítulos temáticos. Un original ensayo gráfico que sirve para iluminar las ideas que se esconden detrás de nuestras películas favoritas. El alter ego dibujado del autor, Edward Ross, nos presenta en cada capítulo un tema particular -como el cuerpo, la arquitectura, el lenguaje- y examina para ello una muestra ecléctica de hitos cinematográficos, de Ciudadano Kane a La jungla de cristal, del Viaje a la luna a Inception, y más allá. Ningún aspecto escapa a su lúcido análisis: la censura, el diseño de decorados, la raza y la hegemonía, la propaganda, la sexualidad, etc.

¿Sabíais que, casi hasta mediados de siglo, los papeles de negro en el cine lo hacían blancos maquillados? ¿Sabíais que, en los años 80 y 90, las mujeres independientes y ambiciosas de las películas estaban todas locas, como un binomio inseparable? ¿Sabíais que después de las bombas de Hiroshima y Nagasaki se hicieron multitud de películas con monstruos gigantescos que ponían en peligro la continuidad de la Humanidad? Sí, el cine no sólo documenta la realidad, también crea mundos y consolida los patrones que los gobiernos nos quieren imponer. Éste podría ser el eje que vertebra la novela gráfica de Edward Ross y que, bajo el título de Filmish (Reservoir Books), hace un repaso por el más de un siglo de cine, pero no para marcarnos los hitos –que también- sino para decir de qué forma las películas son también un medio para garantizar el orden moral, ideológico y político de nuestra sociedad. Así como lo oyen. Éste, señores, es el poder del séptimo arte.
            No encuentro forma más adecuada de hablar de cine que a través de imágenes, de fotogramas, como hacen en Filmish. El autor crea un narrador que podría ser él mismo para mostrarnos los otros rincones del cine, ésos que no se basan en las cifras de recaudación o de espectadores, ésos que nadie nos enseña nunca. Hablemos de la política, de la moral, del papel de las minorías o hasta de la relación del cine con la tecnología. No estamos, pues, ante un libro más de la Historia del Cine, sino ante una interpretación de la Historia del Cine, una guía para entender si las películas se nutren de la realidad o es la realidad la que se afianza a través de las películas. Y eso se agradece porque el señor Ross nos da herramientas para entender, para valorar y para juzgar lo que estamos viendo. Yo sigo con las curiosidades que me han dejado con la boca abierta: ¿Sabíais que las cintas del oeste estaban destinadas a que los americanos entendieran su historia: los buenos contra los malos, los vaqueros contra los indios? ¿Sabíais que el Pentágono da una cantidad de dinero a las películas que dejen en buen lugar al ejército o que después del estreno de Top Gun, la cinta protagonizada por Tom Cruise, los alistamientos se incrementaron un 500%? ¿Sabíais que en El libro de la Selva de 1964, el personaje del mono estaba doblado con acento afroamericano y que provocó manifestaciones por todo el país, sobre todo después de cantar Quiero ser un hombre?
            Desde luego, Edwar Ross tiene la habilidad de ser un buen profesor y un excelente comunicador porque es capaz de mostrarnos una visión filosófica y sociológica del cine: fíjense, durante mucho tiempo, el cine ha perpetuado una visión masculina, blanca y heterosexual. Ése era el canon. Todo lo que se saliera de ahí quedaba marginado. Las mujeres tenido que luchar por convertirse en algo más que la recompensa de los protagonistas. Igual les ha pasado a otras minorías, como negros u homosexuales, a los que el cine, durante mucho tiempo, sólo les daba papeles sin importancia y peligrosos. Los árabes han sido, durante décadas, los malos en casi todas las historias. Sin lugar a dudas, es este tema, el de las minorías, uno de los más interesantes de este libro, que recopila más de 500 fotogramas de las películas más famosas del último siglo.
            Dejen de ver el cine como espectadores pasivos y disfrútenlo, sí, pero sabiendo qué ven o qué le quieren contar. Filmish es un recorrido apasionante por la Historia del Cine haciendo otras paradas, hablando de otras cosas y con el objetivo de dejarnos claro que nada en las películas en casual o inocente y que nosotros tenemos la responsabilidad de ser consumidores inteligentes, críticos e independientes, porque el cine no es un ojo invisible y objetivo que capta la realidad sino que está lleno de ideología y de valores. Esta novela gráfica es valiente por su planteamiento y por su ejecución, y sobre todo, es una caja de sorpresas que, además, nos deja una lista larguísima de películas para ver tranquilamente y entender por qué el mundo, nuestro mundo, es como es.   

viernes, 17 de febrero de 2017

ENTREVISTA, Helena Nieto

1— ¿Quién es Helena Nieto?
Helena Nieto,  nació en Gijón (Asturias). Desde muy pequeña  sintió fascinación por la lectura y  los libros.
Asegura que siempre ha tenido mucha imaginación. De niña solía inventarse historias con personaje y diálogos, que pocas veces pasaba al papel, pero que tenía en la cabeza. A los catorce años escribió su primera novela que trataba sobre adolescentes y que nunca llegó a tener título.
Otra de sus  grandes pasiones es la música.  Trabajó durante años como profesora de guitarra. Le  gusta mucho el cine, cantar, nadar, viajar y  estar con la familia y los amigos. Le  gusta escribir  historias de sentimientos y relaciones humanas, porque cree que el amor, la amistad y las emociones son los ejes que mueven el mundo. Es una  persona muy familiar aunque de vez en cuando necesita  su espacio y sus  momentos de soledad. Piensa que si se  cree en los sueños, se pueden llegar a conseguir.


 2— Desde luego, el título me pareció un acierto. ¿De dónde surgió el tema de esta historia en la que tan importante es la música?
Hacía tiempo que rondaba en mi cabeza la idea de escribir algo relacionado con la música. Alejandro Fernández es mi cantante favorito y en uno de sus conciertos en directo, aquí en Asturias, mis amigas empezaron a decirme que tenía que escribir una novela basándome en el físico de Alejandro. Aunque no lo hice en ese momento, no descarté la idea.   Y ¿qué mejor que sus canciones para inspirar la historia de Alex y Edith? Así surgió “Entre Acordes”.

3— ¿Crees que es importante narrar en la romántica novelas problemas tan actuales como la custodia de los hijos?
Para mí es esencial. No me gusta las novelas chico conoce chica y nada más. Siempre busco una temática detrás de la historia de amor.  Además mis novelas son muy realistas, con personajes cercanos con los que uno se puede identificar y situaciones que nos pueden pasar a todos.
En mis otras novelas también tengo un tema de fondo aparte de la historia de amor de la pareja protagonista. 



 4— La música es importante dentro de la novela, ¿también lo es para ti? Esta es la música que has escuchado mientras escribías esta historia
Para mí la música es una pasión más. No podría vivir sin música. Estas canciones las he escuchado miles de veces, te puedo decir que las sé de memoria. Al escribir la novela cuando insertaba una canción, si solía escucharla antes, sobre todo para ver si me encajaba bien y reflejaba lo que quería decir.

5— ¿Cómo definiríais a tus personajes?
Son personajes muy actuales, humanos, con defectos y virtudes, Ni maravillosos ni malvados, ni superguapos, ni héroes  ni damiselas.

6— ¿Qué destacarías de Edith?
Edith es muy dulce, pero con carácter y personalidad. Es una chica de treinta años muy segura de lo que quiere, sensible y encantadora.

7— ¿Qué destacarías en Álex?Alex intenta ir de duro pero en el fondo es tierno, apasionado y todo un padrazo. Un personaje encantador.





8— Aunque son personajes secundarios, creo que tienen peso en la novela, ¿qué destacarías de Yoli, de Diego y de Samuel?

Yoli sería la “mala” de la historia. Creo que es egoísta, engreída y piensa que todo el mundo gira entorno a ella. Es la típica de “No quiero la pera, ni que otro la coma”. No soporta no ser el centro de atención. No es que no quiera a su hijo, es que primero es ella, y luego ella, y después ella…
Diego es un niño de siete años que tiene una relación de amor incondicional con su padre, al que adora, que se hace querer y ha gustado mucho a los lectores.
Samuel es el ex novio de Edith. Sigue enamorado de ella y resulta un personaje bastante pesado que no quiere aceptar la ruptura con Edith e intenta volver con ella como sea, por más desplantes que ella le haga.

 9— ¿Habrá segunda parte con la historia de Alba?
No. No me gusta hacer novelas con personajes de otras ya escritas. No me interesa sacar personajes de novelas y hacer una historia nueva. Para mí “Entre Acordes” tiene principio y final y no habrá secuelas con ningún personaje más.

10— ¿En qué proyectos estás metida ahora?
Con una novela en mente pero de la que apenas he escrito nada por motivos personales que me lo han impedido, pero quiero retomarla próximamente. Es una novela diferente a lo que he escrito hasta ahora.

11— ¿Alguna manía a la hora de escribir?
Solo necesito silencio y estar sola en la habitación que utilizo para escribir.

12— Qué motivos darías a los lectores para que lean Entre acordes.
Creo que es una novela muy amena, fácil de leer y que encierra una historia de amor, de pasión con sensibilidad y personajes encantadores. Con un tema muy actual como es la custodia de los hijos. Y si te gusta la música con más razón. Y si en especial te gusta “Alejandro Fernández”, ya no hay excusa para no leerla.




Muchas gracias a ti.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Chicos y chicas


En este libro de relatos –el séptimo–, la voz narrativa de Soledad Puértolas se expresa en tercera persona y cobra el tono de las narraciones clásicas, cuando el narrador, por encima de todo, perseguía la magia, la seducción inherente a la narración, independientemente de lo que se contara. Ha alcanzado un matiz nuevo. Quizá de mayor serenidad, de mayor hondura. Sin que falte el humor, que recorre todos los relatos, y que en algunos de ellos hace que se acentúe nuestra sonrisa. Son relatos que tratan de encuentros, de desencuentros, de reencuentros. De chicos y chicas. De parejas que se separan, de traiciones, envidias e ilusiones, de mitos de adolescencia, de ideales de juventud, de las perplejidades de la madurez, del extrañamiento de la vida. Hay hijas que veneran a sus madres, madres que desconfían de sus hijas o de sus yernos, hay perros que se encaraman a las novias de sus dueños, hay horas arrancadas a la vida oficial, de todos conocida, horas secretas. Y horas que, aun estando a la vista de todos, nadie ve. Sólo la voz que narra, que escoge ese momento y lo detiene.


Los escritores grandes lo saben. No hace falta recurrir a un terremoto, a una muerte o a uno de esos amores monumentales para tener una trama con peso. La mayoría de las veces, la vida se cuela en las grietas, se define en los hechos cotidianos, se nutre de los detalles, de los guiños y de las cosas que nunca ocurren. Algo así nos enseña la académica Soledad Puértolas en su reciente colección de relatos, Chicos y chicas (Anagrama), que con este genérico título nos presenta un catálogo de gente corriente, a la que no le pasa nada peculiar, pero que representan toda una concepción del mundo. La escritora zaragozana se mancha las manos y nos muestra las grandezas (y las miserias) del ser humano a través de hechos en apariencia banales, de pequeñas historias en las que dinamita, como en mucha de la narrativa moderna, esa estructura de presentación-nudo-desenlace, y apuesta por escenas, flashes, finales abiertos.
            Algo parece unificar, como un esqueleto, todos los relatos de este libro: lo ideal frente a lo cotidiano, lo bonito frente a lo imperfecto. Y es en esta lucha eterna en la que se sitúan los personajes: atrapados en una vida que parece elegir por ellos, pero que sueñan con Dios sabe qué. Son ciudadanos en la cuneta, a las afueras de su felicidad. Quédense, por ejemplo, con esa mujer que, durante unos días de descanso en una cabaña, vuelve al hogar sin decirle nada al marido, con ese catedrático que se vuelca con una jovencita doctoranda, en esa chica fea que se casa con un joven guapo y que se lo consiente todo. Soledad Puértolas se confirma aquí como una experta en los abismos cotidianos, en mostrar ese momento en el que la vida está a punto de ser maravillosa, justo ante los ojos, pero inalcanzable. No pasen por alto el relato -quizás el mejor- en el que un profesor les pide a sus alumnos analizar un cuadro de El Greco y uno hace una redacción titulada: lo que no se ve. Aquí está la llave que abre todo el valor de esta obra como conjunto.
            Soledad Puértolas no tiene que demostrar nada con Chicos y chicas. Se desenvuelve con soltura en ese estilo sobrio tan suyo que tiende a la elipsis y a los silencios, en el que todo fluye con una nostálgica calma. Condensa el tiempo con una precisión de sastre y, en contra de lo que ha decidido en otras ocasiones, apuesta por un narrador en tercera persona para subrayar la distancia, para multiplicar la frialdad. Además, le pone voz a eso que los humanos queremos olvidar, a esas infelicidades que nos acompañan como sombras o como jaquecas, a esa sensación de que la vida siempre va por su cuenta, por mucho que nos empeñemos en cabrearnos o en cantarle las cuarenta. Y parece inagotable su interés en las relaciones, en las largas o las esporádicas, en las sanas o las tóxicas, en cualquiera que retrate cómo nos conectamos los seres humanos, cómo somos crueles los unos con los otros. Soledad Puértolas tiene el don de la inquietud, de contagiarnos esa zozobra que a veces no es más que un zumbido interior.
            Chicos y chicas sois vosotros y soy yo, somos todos, somos la gente que hace cola para subir al autobús, que se desespera bajo un paraguas en un día de lluvia o que se decepcionan de un amigo, de una madre o de un hijo. Soledad Puértolas homenajea a los que creemos que la vida por venir será mucho más maravillosa de lo que es ahora, y nos mira con compasión, con ternura y, sobre todo, con esa visión de las personas inteligentes que saben contar qué pasa cuando no pasa nada. Y ahí, en los silencios, en esa gente que calla, está la grandeza, el impacto de esta colección de relatos.