martes, 3 de marzo de 2015

Para acabar con Eddy Bellegueule


"El rechazo que yo sentía por ser diferente era tan poderoso que condicionaba mi visión del mundo. Pero de lo que me interesa hablar es de la violencia, porque cuando llegamos a este mundo se nos etiqueta: eres marica, negro, judío, árabe, mujer, provinciano…”. Para acabar con Eddy Bellegueule es una novela autobiográfica que narra los sufrimientos de un niño amanerado en un pequeño pueblo del Norte de Francia que terminan, con sólo 16 años, con una huida definitiva con la que deja atrás su casa, a sus padres y a sus agresores. «Antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.»
 Hay lecturas de las que hay que reponerse, igual que de un susto monumental o de una aparatosa caída. Tres días después de haber terminado este libro, sigo oyendo cómo sangra la herida. En este proceso estoy ahora mismo: en el de rehabilitación, volviendo a la normalidad poco a poco, recuperando los sentidos del gusto y del tacto, después de leer –con muchísima pasión– este ejercicio autobiográfico de Édouard Louis llamado Para acabar con Eddy Bellegueule, que publica la editorial Salamandra y que construye, desde una extraordinaria lucidez, un crudo relato sobre la infancia y la homofobia. Édouard Louis es, o más bien era, Eddie Bellegueule, ese joven que, ya lejos de su familia, de su pueblo y de sus acosadores, cambió su identidad. El nombre, dice él en una entrevista, era algo que tenía que cambiar si quería ser feliz.
            «No tengo ningún buen recuerdo de mi niñez». Así, con un puñetazo en las costillas, arranca esta novela narrada desde el yo y perteneciente a ese género tan curioso de la literatura autoficcional donde el autor revisita su infancia y comparte los recuerdos que le quedan de su vida en esa pequeña localidad con más de un 13% de paro y donde el Frente Nacional –la ultraderecha– saca casi un 50% de votos. Y es en este escenario de pobreza económica y también cultural –«leer es de maricones», le recordaban continuamente– donde crece Eddy, entre las burlas, las vejaciones y las palizas de todos los que le rodean. «Deja de darte esos aires, Eddy. ¿Por qué haces esos aspavientos de loca? Pareces una putilla», le decía su padre, ese hombre al que el autor presenta metiendo gatitos recién nacidos en una bolsa de basura y estrellándola contra el suelo. La madre no se queda atrás en esa brutalidad tan primitiva: «La gente se ríe de ti a tus espaldas y yo la oigo, y además deberías ventilarte los sesos y salir con chicas». Y hay rencor en este libro, por supuesto, pero también dolor, y unas ansias inagotables de entender todo el sufrimiento.
            Llega Para acabar con Eddy Bellegueule a España precedido por la polémica en Francia, donde ya ha vendido más de 250.000 copias y ha convertido al autor, de 23 años, en una de las jóvenes promesas de la literatura nacional. La madre, que apareció por sorpresa en una de las charlas de su hijo, negó que los hechos descritos en el libro se ajustaran a la realidad y gritó: «Pero ¿qué te hemos hecho para que nos trates así?». El nuevo Edouard Louis sabe que una reconciliación con su familia es imposible y está convencido de que hay que mostrar la violencia con toda su dureza si se quiere cambiar. Y vaya si lo hace. Se sirve de una prosa limpia y sonora, donde ninguna página es en vano, para relatarnos algo horrible: la normalización del martirio, un niño que termina acostumbrándose a las burlas y a las palizas por sus modales afeminados. La respuesta entre los lectores ha sido inmediata: ha recibido miles de cartas en las que le cuentan que ellos han vivido exactamente lo mismo.
            Y es justo reconocerle al autor su valentía, esa obstinación por mostrarle al mundo sus vergüenzas, sus humillaciones diarias. La historia en sí pone los vellos de punta, pero ¡vaya con el talento de Edouard Louis! Este joven tiene un don, sólo hay que comprobar cómo combina un registro preciosista con otro más común, el de la calle, el de sus padres y sus vecinos, para enfrentar esos dos mundos, el suyo con el de su entorno. Os advierto de que la lectura es, a ratos, insoportable, siempre incómoda, porque es una historia que nos habla, al fin y al cabo, de la necesidad de amor, de sentirse aceptado y de la pertenencia a un grupo. Y eso es lo que intenta Eddy Bellegueule durante mucho tiempo: salir con chicas, emborracharse con sus pocos colegas, no gesticular demasiado… pero sus deseos van por otro sitio.
            Bienvenidos a la lectura del rubor, y no sólo porque conocemos de primera mano una infancia desgraciada, sino porque es la prueba de lo que hemos construido como sociedad. Para acabar con Eddy Bellegueule trabaja con la autoficción para construir uno de los retratos sobre la homofobia más veraces que he leído. Y no es un libro para gays sino para los que rechazan la violencia. Con un estilo maduro y tremendamente efectista, narra con extraordinaria cercanía una historia de dolor, con esa capacidad tan de Dickens o de Zola de hablarle a la realidad de tú a tú. La literatura cumple también esta función, la de recordarnos que todavía hay cosas por cambiar, la de hacer visibles las pequeñas grandes tragedias. La literatura siempre ha tenido el poder de liberar a través de las palabras.

lunes, 2 de marzo de 2015

Conociendo nuevos autores


SINOPSIS El futuro de cada uno depende en parte del pasado. Y eso Anna lo sabe mejor que nadie. Con veintisiete años recién cumplidos es despedida de un trabajo que no acaba de ser el sueño de su vida. Por si fuera poco, un año y medio después de la ruptura, todavía no ha conseguido olvidar a Diego, un periodista deportivo que parecía el novio perfecto… hasta que terminó enamorándose de la mujer equivocada: Olga, la caótica hermana mayor de Anna.
Pero su vida, que parece dar vueltas como un satélite, empieza a coger sentido cuando conoce a alguien que se encuentra igual de perdido que ella. Víctor, que en un principio no es más que un chico muy alto, es un jugador de baloncesto que se enfrenta a su último año como profesional debido a una lesión más grave de lo que pensaba, y que no sabe cuáles son los caminos que le deparará el destino cuando se enfrente al temido ¿Y ahora qué?
BIOGRAFÍA:

 Lara A. Serodio nació en Vigo en 1984 aunque reside en Barcelona, donde realizó estudios en la Escuela de Cine de Catalunya (ESCAC), graduándose en la especialidad de guion. Posee un Máster de literatura inglesa por la Universitat de Barcelona. Lleva más de diez años vinculada al campo de la escritura audiovisual, donde se ha movido tanto en cine como TV, habiendo colaborado con productoras punteras. En la actualidad combina labores de redactora y traductora freelance con su puesto a cargo del departamento de guion y  desarrollo de contenidos televisivos de una productora audiovisual.
Su relación con la narrativa de ficción empezó en el relato breve y la novela corta, campos en los cuales ha cosechado varios premios y que le procuraron las primeras publicaciones. Una vida M, una historia sobre el salto de la juventud a la madurez con el mundo del baloncesto de trasfondo, es su primera novela. 

PREGUNTAS:

¿Qué podemos encontrarnos en tu novela y a qué público va dirigida?
Una vida M es una historia sobre el salto de la juventud a la madurez, con un estilo muy cinematográfico que hace que sea como leer una película y con una narración fresca, divertida, a la par que realista y actual, repleta de situaciones hilarantes y encantadoras que entretienen y la hacen muy fácil de leer. Si bien es cierto que el público potencial es el que se podría ver reflejado en los personajes principales —jóvenes que se enfrentan a un salto de madurez, que evolucionan y crecen, que se encuentran en punto muerto, ante el temido ¿Y ahora qué vas a hacer con tu vida?—, lo cierto es que su actualidad y estilo de narrativa hacen que pueda despertar el interés de un rango de lectores más amplio, destacando entre ellos los amantes del deporte de prácticamente todas las edades.

¿Cómo se te ocurrió la idea de la trama?
Lo cierto es que el punto de partida se remite al año 2006, cuando la selección española de baloncesto ganó el Mundial en Japón. Ese fue el germen que me hizo plantearme cómo sería la vida de un jugador de baloncesto profesional y qué podría tener en común con una persona de veintipocos que se encuentra igualmente perdida. Como curiosidad, en su primera página el libro va dedicado a esos 12 jugadores de oro (y su entrenador).

¿Uno o dos adjetivos que definan a tus protagonistas?
Pues me permito coger las palabras de uno de ellos, Víctor, nuestro jugador de basket profesional, para responder a la pregunta:
“Descríbete en tres palabras.
“Constante”. Esa la escribió sin pensarlo. “Despreocupado” puso justo después. La tercera pensaba que sería la que inclinaría la balanza hacia el lado de un jugador en activo o un viejo de treinta y uno cuya lesión lo estaba casi retirando del deporte. Volviendo a apartar todo eso de la cabeza, escribió “Optimista”, no sin cierta ironía, y siguió leyendo el cuestionario”.

¿Qué crees que le falta a la literatura actual?
Apoyo, porque creo que calidad y variedad de escritores no le faltan. Respaldo de instituciones, que se le de la importancia que se merece y que el rol del escritor sea más y mejor arropado. En una industria donde agentes, editores, distribuidores y libreros viven gracias a la figura del escritor, que este no pueda vivir de su trabajo es toda una pena.

¿Cómo te ves dentro de unos años?
Me gustaría pensar que la experiencia, no solo en mi campo profesional (soy guionista), me llevará a poder no solo vivir de ello sin preocupaciones, sino que me permitirá poder moverme en nuevos campos, investigar, trabajar en terrenos que me interesan mucho y en los que de momento no he tenido la oportunidad de ahondar. Me gusta pensar que, sea como sea, pasen los años que pasen, me veré siempre escribiendo.

Si queréis aparecer en esta sección seguid estos pasos:

Necesito una imagen de la portada, y en formato word una sinopsis de la novela y una biografía del autor. También podéis contestar a unas simples preguntas para que sepamos algo más de vosotros:

―¿Qué podemos encontrarnos en tu novela y a qué público va dirigida?
―¿Cómo se te ocurrió la idea de la trama?
―¿Uno o dos adjetivos que definan a tus protagonistas?
―¿Qué crees que le falta a la literatura actual?
―¿Cómo te ves dentro de unos años?

Cuando tengáis todo el material, me lo podéis enviar a laventanadeloslibros1@gmail.com (Os recomiendo que reviséis las faltas porque sólo copio y pego lo que me enviáis).

Por favor, no me enviéis enlaces con vuestro material porque esto dificulta mi trabajo ni tampoco me sirven novelas que están a medio terminar en un blog. Una cuestión importante, tienes que ser seguidor del blog.

domingo, 1 de marzo de 2015

Bartleby, El escribiente


SINOPSIS: Wall Street, 1850. Un abogado trabaja con sus dos copistas, Turkey y Nippers, y el chico de los recados, Ginger Nut, de manera tranquila y rutinaria, cuando el incremento de trabajo le obliga a buscar ayuda adicional. En respuesta a su demanda, aparece una mañana un joven de figura pálidamente pulcra, lamentablemente decorosa e incurablemente desamparada... Es BARTLEBY.

El debate en torno a los clásicos y la necesidad o no de acercarlos a los nuevos lectores viene de antiguo y está lejos de resolverse.

¿Es conveniente conocerlos? ¿Es necesario? ¿Cómo hacer que los nuevos lectores se interesen por ellos? Muchas veces el lenguaje o la manera de escribir vigente en otro tiempo suponen una barrera difícil de franquear para lectores poco avezados. En mi caso, mi conocimiento de muchos autores clásicos es indirecto, vía adaptaciones o citas. Pero en general nunca me he arrepentido de haberles dado la oportunidad a los que he conocido. Más bien me arrepiento por los que no he incorporado aún a mi vida.

Herman Melville es uno de los autores más importantes de la literatura norteamericana del s. XIX y su inmortal Moby Dick, uno de los títulos fundamentales de la literatura universal.

Bartleby, el escribiente es un relato muy poco conocido en nuestro idioma, aunque su popularidad y, sobre todo, su influencia en el mundo anglosajón siguen siendo enormes.

Nos cuenta una historia aparentemente muy sencilla, casi una anécdota: cómo afecta a su entorno la extraña actitud de su protagonista. Ante el requerimiento de su jefe para que realice algunas tareas extra en la oficina responde con un lacónico: “preferiría no hacerlo” (I would prefer not to en el original). No se muestra reivindicativo, ni rebelde, ni desafiante. Y, precisamente, eso es lo que desconcierta más a sus compañeros. Y lo que hace que el jefe sienta más amenazada su autoridad.

Con gran maestría y en pocas páginas, el autor describe a los personajes y su rutina, nos hace formar parte de ese despacho y nos permite conocer a esas personas que lo habitan. Y de la misma manera nos hace sentir el desasosiego cuando la normalidad se ve alterada por la inexplicable actitud de Bartleby.

El autor no se molesta en explicar en ningún momento el por qué ni el origen de tan inexplicable conducta ya que lo que centra su interés es cómo afecta al resto de personajes. Un recurso que luego ha sido reproducido por muchos autores (¿alguien ha dicho Los pájaros de Hitchcock?).

Como decía al principio, la influencia de este relato ha sido enorme. Muchos autores coinciden en considerarlo precursor del existencialismo y de la literatura del absurdo. También se citan mucho las concomitancias con la obra de Franz Kafka (aunque en este caso se habla más de coincidencia que de influencia, ya que no se ha podido probar que el austríaco conociera la obra de Melville). Albert Camus, Witold Gombrowicz, Jorge Luis Borges o Samuel Becket sí que reconocieron su influencia. Incluso autores contemporáneos como Douglas Coupland o Stephen King han rendido homenajes o se han inspirado en Bartleby en algunas de sus obras.

Pero, aparte del valor intrínseco del texto, hay que destacar el estupendo trabajo que ha hecho Alianza Editorial con esta edición. Es un libro de gran formato, tapa dura y exquisitamente ilustrado. Un libro de coleccionista. Las ilustraciones de Stéphane Poulin son magníficas y ayudan a que nos sumerjamos en el ambiente que describe el texto.

También hay que destacar las notas al texto que proporcionan gran cantidad de información complementaria que ayudan a la mejor comprensión de ciertos pasajes del texto, por ejemplo los referidos a hechos históricos célebres en su época pero casi olvidados hoy.

Creo que este libro puede suponer una respuesta a una de las preguntas que planteaba al principio. Puede ser que este sea el camino para acercar textos clásicos a nuevos lectores de hoy. Ojalá encontremos en las librerías muchas muestras más de esta vía.

Pd: Esta reseña , aunque va firmada con mi nombre, la ha hecho Juanjo Grau.