jueves, 4 de agosto de 2016

Un hombre bueno


Esta colección de relatos sobre el amor, el deseo y la soledad tienen un punto de vista transgresor y están tratados desde una visión cosmopolita por una de las voces más originales de la narrativa corta de Argentina. Una escritora que sorprende en el panorama de la literatura argentina… Una gran observadora y traductora de los estados de ánimo de sus personajes; los examina a fondo con una feroz ironía, pero sin perder la delicadeza.»

Se publican pocos libros de relatos. Se leen pocos libros de relatos. Y se habla poco de los libros de relatos. Parece como si leer cuentos nos (me) diera pereza: eso de estar continuamente entrando en una historia para despedirse pocas páginas después. Sí, es eso: a veces me convenzo de que no tengo tiempo para leer relatos, de que no es el momento adecuado. Sin embargo, este verano he querido salir de mi zona de confort y me he leído una recopilación de cuentos firmados por María Fasce, escritora y directora editorial de Alfaguara, que además ha sido galardonada con el Premio Iberoamericano Cortes de Cádiz justo por esta obra. Un hombre bueno lo forman catorce historias-estampas en las que la autora tantea ese terreno intermedio, fronterizo quizás, entre la vida y la literatura, porque en las dos importan los detalles, los silencios y las palabras: nos presenta un vía-crucis de escenas aparentemente cotidianas para hablarnos de algo más grande, de esas sensaciones que palpitan bajo los gestos más rutinarios, y en las que encontramos la melancolía, las ilusiones –no demasiado duraderas-, las ansias de querer y ser querido, las decepciones y las expectativas. Y como en la vida, sus cuentos tienen finales difusos, dejando claro que el silencio que les sigue es también parte de la historia.
            La pluma de María Fasce parece inofensiva: su forma de narrar es suave y casi inocente, sin grandes alardes estilísticos, anclándose a lo sencillo, a lo sonoro. Lo suyo parece la transcripción de la palabra escuchada. Y así, como una observadora profesional, habla, una y otra vez, de los grandes temas del ser humano: el deseo, el rechazo, la supervivencia. Y también la literatura. Sí, es curioso pero en todos los relatos se asoma el escritor, el personaje que pare historias y construye mundos imaginarios, en un intento por mezclar dos universos: el literario y el real. Y al final parece que los dos están armados de lo mismo: de la palabra, de las historias. Todo lo que conocemos se traduce en historias. Tienen estos relatos un regusto amargo o nostálgico, como una pena leve parecida a una brisa.
            Y si hay que resaltar algo de esta recopilación es el gusto por lo pequeño, por esos dolores chicos que se vuelven grandes, y ese acierto a la hora de abordar las relaciones entre las personas: las expectativas que volcamos en los demás, los miedos que nos enmudecen, las palabras que nos guardamos. En los cuentos hay referencias frecuentes a escritores, a libros, a versos: otra vez ese puente entre los dos mundos. Los titulados La torre y La cabellera me han gustado especialmente por ese tino para dejar intuir un universo entero a través de pocas pinceladas.
            Un hombre bueno es la particular mirada de María Fasce sobre el mundo: una mirada que se posa y después, vuela hacia otro punto. En estos cuentos está el afán por entender a las personas y la forma en las que nos relacionamos, en las que nos comunicamos, y es aquí cuando salen las debilidades y los quebrantos humanos. La vida se nutre de esos momentos aparentemente banales. Anímense con estas historias pequeñas, que se leen de una sentada, para comprobar lo complicado que es escribir corto y breve. Y la autora sale victoriosa. Y no se asusten, los cuentos son más luminosos que la portada.  

PS: La edición es muy cuidada, a pesar de un par de errores ortográficos. 

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