martes, 20 de septiembre de 2016

El amor del revés


El amor del revés es la autobiografía sentimental de un muchacho que, al llegar a la adolescencia, descubre que su corazón está podrido por una enfermedad maligna: la homosexualidad: «En 1977, a los quince años de edad, cuando tuve la certeza definitiva de que era homosexual, me juré a mí mismo, aterrado, que nadie lo sabría nunca. Como la de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, fue una promesa solemne. En 2006, sin embargo, me casé con un hombre en una ceremonia civil ante ciento cincuenta invitados, entre los que estaban mis amigos de la infancia, mis compañeros de estudios, mis colegas de trabajo y toda mi familia. En esos veintinueve años que habían transcurrido entre una fecha y otra, yo había sufrido una metamorfosis inversa a la de Gregorio Samsa: había dejado de ser una cucaracha y me había ido convirtiendo poco a poco en un ser humano.»  
Tengo aún el libro entre las manos. Termino de leer atribulado, entre el rubor y el sofoco, después de verle las entrañas a Luisgé Martín, después de haber asistido a esa descarnada confesión erótico-sentimental que es El amor del revés, publicada por Anagrama, y en la que aborda su proceso de aceptación de la homosexualidad. Quizás no estamos acostumbrados a que nos hablen de las cosas importantes con tanta claridad, o a conocer los demonios del otro, sus tribulaciones y sus desvelos. Quizás aún nos pesan demasiado los complejos y las vergüenzas, o simplemente nos resultan infrecuentes estos ejercicios concienzudos de honestidad. Les reconozco que a veces, durante la lectura, apartaba la mirada, como si estuviera fisgoneando en su diario, como si me empeñara en escuchar una conversación privada en la mesa de al lado. Es el pudor que dan los asuntos graves de los otros, la tensión que produce acercarse a la intimidad ajena.
            En esto tan actual de las ficciones del yo, Luisgé Martín compone su propia identidad a través de un protagonista que se convence de su minusvalía a raíz del descubrimiento de su atracción por los hombres: se atrinchera en el silencio y se margina de la sociedad, se resiste a todas horas. El origen de todos los males, el inicio del caos. Es una autobiografía emocional a partir de la propia gestión de sus deseos. El libro, como revela la sinopsis, recorre desde los quince a los treinta y seis años aproximadamente; el trayecto que abarca su lenta transformación de atormentado a sereno, de sufridor a satisfecho, de cucaracha a hombre, en clara referencia a La metamorfosis, de Kafka. Y ahí, en esas páginas, está todo, nada parece ocultarse: sus pulsiones incontrolables, sus incendios invisibles, sus primeros escarceos, sus muchos rechazos y sus muchos enamoramientos; su bajada a los infiernos, sus locuras por amor, sus locuras por desamor, sus intentos por zafarse de la tentación, sus fugaces visiones de la felicidad y su búsqueda de la pareja. El autor hace con esta obra un ejercicio de exposición con el que, posiblemente, culmina esa aceptación de su homosexualidad. Fíjense: la literatura como parte del proceso vital, la narración como forma de congraciarse con su yo. La palabra escrita, en todos sitios, por todas partes, como herramienta para entender y ordenar la propia vida.
Tomando la premisa de Michel Leiris de que en el sexo se sustenta la personalidad, como una viga maestra del carácter, el autor hace un repaso a su historia íntima que también puede entenderse como un recorrido a vista de pájaro por una España que se despereza lentamente tras la Dictadura para abrirse a otro paisaje, a otras libertades. Luisgé Martin, ¡qué generoso!, nos permite visitar sus rincones más oscuros, abrir todos los cajones y hasta hurgar en su basura. Puede ser el morbo, la curiosidad o sólo las ganas de que acabe bien y de que el yo literario pregone su felicidad, pero El amor del revés se lee –o se puede leer- como una autobiografía, como novela de amor y de romances, como un libro de aventuras, como uno de superación. Todo cabe y todo se disfruta. Y además, por el camino conocemos también algunos de sus referentes literarios, como el libro Las horas, de Michael Cunningham, y esa carta de Virginia Woolf que todos los enamorados hemos soñado con escribir alguna vez –“Si alguien podía haberme salvado, ése eras tú”-, Muerte en Venecia, de Thomas Mann, o algún poema del lúcido Karmelo C. Iribarren. Y por supuesto, la onmipresente metamorfosis de Kafka.
La prosa de Luisgé Martín –bendecido desde siempre con el don de la musicalidad- se ancla en esa extraña región que hay entre la ternura y la dureza, entre lo bruto y lo dulce, entre lo salvaje y lo doméstico. Su estilo, estimulante, sagaz, me recuerda a las telas tornasoladas, porque parece siempre a punto de ser otra cosa, de mutar, de convertirse en algo móvil, como un pájaro al que se le ha dejado la jaula abierta. El autor, con una clara tendencia a lo poético y a la belleza, deja que escuchemos el pulso que late bajo la historia. Una vida, cualquier vida, parece más bonita si la cuenta Luisgé Martín.
         Leer El amor del revés ha sido casi un ejercicio físico. He sudado, me he ruborizado, se me ha desbocado el corazón. He terminado deliciosamente agotado, tendido en la cama –las manos bajo la nuca– pensando en el autor, sintiendo una extraña conexión, una comprensión silenciosa, lleno de preguntas. Quizás es que todos amamos parecido. La literatura, a veces, tiene este poder, el de desestabilizarte, el de provocarte un ligero vértigo o un bostezo dentro del pecho. No sé a qué se debe, sólo sé quién es el causante: Luisgé Martín. Y le doy las gracias, por la valentía, por la música y el talento, por comprometerse. Como pasa con los amores locos, uno podría dejarlo todo aparcado y, en esta ocasión, dedicarse sólo a leer. A leer El amor del revés.



3 comentarios:

  1. PUes no conocía este libro. Y desde luego tu reseña deja con ganas.
    Besotes!!!

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  2. Interesante...Lo apuntaré en la lista de pendientes.
    Besos!!

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  3. Interesante...Lo apuntaré en la lista de pendientes.
    Besos!!

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